Subir cuestas, bajar pendientes
Durante años, creí que sólo me pasaba a mí. Luego he ido descubriendo y constatando que es algo casi general, por lo que debe tratarse de una de esas bromas de "programación neurológica"...
Cuando en sueños (de los reales, de los que se tienen durmiendo) se tiene prisa, ó se huye de alguien, ó, por lo que sea, se debe correr... es complicadísimo. En mi caso, sé que voy como arrastrándome, como si en vez de desplazarme en terreno más ó menos horizontal, se tratase de escalar por una montaña ó subir una carretera con un grado de inclinación disparatado. Por lo que voy agarrándome a cosas, tirando de mi propio peso... Curiosamente, ese tipo de sueños me parecen tan reales en ese momento... que luego, ya despierta e incluso "lejos" de ese momento en que tuve el sueño, casi tengo conciencia real de que hubo un tiempo ó una ocasión en que tuve que desplazarme de un lugar a otro haciendo un esfuerzo físico ímprobo...
Me he criado en un municipio que de por sí está en alto con respecto a su entorno. Y, para ser aún más redundante, en lo más alto de ese municipio. Por lo que al salir de casa, siempre se iba cuesta abajo. Y al regresar... pues eso, cuesta arriba. Mi vida hasta casi bien entrada la edad adulta fue un contínuo bajar pendientes y subir cuestas, con el añadido que las cuestas solían ser "con carga": si una iba al mercado, es obvio que se va "de vacío" y se vuelve con peso. E igual cuando se va a trabajar: se sale más ó menos descansado, y se regresa con cualquier cosa menos ganas de subir tremenda cuesta... Cuestión ardua en pleno verano y trabajando en "horario partido": eso te tener que subir a patita doscientos metros, a las tres de la tarde de pleno mes de julio madrileño, con dos hermosas hileras de coches bien apiñaditos en batería, sus chapas refulgiendo..., pues eso mismo. Durante años. En invierno el tema varía, y se trata de asfalto helado a las diez de la noche...
Quizá "lo bueno" de todo esto es que, en caso de pérdida repentina de memoria, bastará con mirar si se está bajando ó subiendo para tener conciencia de si se iba ó se regresaba. Eso, y que basta con ir subiendo hasta que no queden más que pendientes se mire por dónde se mire para tener claro que se ha llegado a casa...
Anteayer, de pronto, y por unos minutos... se me juntaron las dos cosas. La sensación de sueño, de irrealidad, al notar que estaba tirando de mí misma, al atravesar la plaza (en obras, off course) del ayuntamiento. Y la constatación de que no, que simplemente estaba escalando una pendiente tremenda, arrastrando mi cansancio de seis horas esperando un alta hospitalaria (no mía) que a las once y por teléfono se me comunicó como "inminente" y que no se produjo hasta las cinco y media de la tarde, el cansancio de los últimos días, de estar a las seis de la mañana despierta y esforzarme para "hacer tiempo" hasta al menos las ocho, la tensión de reprimir lágrimas, gestos negativos, estar alerta para captar pequeños detalles, la silla tremendamente dura, el olor a desinfectante...
Por un momento, ya digo, creí que estaba soñando. E hice eso tan absurdo que es una frase hecha: me "pellizqué". Más bien, me clavé las uñas, y sentí que me dolía. Así que seguí subiendo. Arrastrando la bolsa del equipaje hospitalario, deseando poder ser aún más rápida, temiendo que llegase antes que yo el equipo de oxígeno hospitalario y no hubiese aún nadie en casa...
En el punto más alto del municipio hay lo que en su día fue el "depósito de aguas" municipal. Al lado mismo, he vivido siempre y viven mis padres. Todo el centro del municipio es peatonal en la actualidad. El portal tiene entrada por una de las vías principales, con sus nosecuántas líneas de bus (lo que hace seguro que jamás se cerrará al tráfico).
Al girar ante el depósito, me cruzó por delante la ambulancia.
Saliendo desde la puerta del hospital, la ambulancia y yo tardamos exactamente el mismo tiempo en llegar. Ella, subiendo no sé ni por dónde. Yo, atravesando cuesta arriba, entre obras municipales, adoquines mal puestos, humedad de cuatro gotas de lluvia, sensación de irrealidad... el kilómetro y algo que debe separarnos del hospital...
Igual en ese momento acababa de batir algún tipo de record de "ascenso de cuesta urbana".
Pero, como digo, la sensación de estar soñando era tan grande... que, francamente, me pareció todo normal. Llegar al tiempo que la ambulancia fue el "misión cumplida".
Y solo al día siguiente, tras reposar y repasar un poco lo que fue el disparate completo del día (la historia de las medicinas me da para otro post. Que hasta podría ser tremendamente divertido si el asunto tuviera maldita la gracia), cuando reparé en que eso, tardar lo mismo que la ambulancia, es objetivamente imposible...









fenicia dijo
Muy interesante post guapa vampiresa,de cuestas,que aqui como en San Francisco abundan,ademas en mis sueños
kisses
9 Octubre 2008 | 12:18 PM