Me gusta mi trabajo. El que no tengo.
Casi la peor situación que puede tener una al estar desempleada (bueno, ya a estas alturas, parada), es que, encima, tenga clarísimo lo mucho que le gusta su trabajo...
Y eso me pasa, además, a mí. Además del caos, del desánimo, de la situación económica, de ver que pasan los días y lo único que cambia es la hora en que se pone el sol y el descenso del saldo de las cuentas bancarias. Además de que lo único que se acumulan son kilos y estrafalarias entrevistas laborales. Además de todo eso y de lo que todos los que estamos en esa situación ya sabemos...
Me gusta mi trabajo. Hablo en presente, sí, soy consciente de ello y de que hablar en presente de trabajo cuando se está en paro es un tanto contradictorio... Encima, todo el que me ha conocido trabajando en él sabe que soy extraordinariamente buena en lo mío...
Me gusta a pesar de todas sus pegas. Del horario imposible que supone salir de casa a las nueve y no saber a qué hora de la noche se volverá. De tener que estrujar el mediodía si se tiene"libre", y priorizar: comer algo, ir a casa, hacer la compra, ir a la peluquería ó al dentista... Todo no, todo no es posible... A pesar de que el único día libre es el domingo (eso, si una se "planta" y dice que hasta ahí: que el domingo tiene que ocurrir algo muy, muy vital para ir a la oficina...), de que las vacaciones vienen a ser dos ó tres días seguidos dos ó tres veces en verano, y pegada al móvil (bendito y maldito móvil. Bendito porque en su ausencia por no estar inventado eran horas esperando, a veces, llamadas en el fijo... Al menos con el móvil esos pocos días de vacaciones se pueden hacer en la calle y en horas normales. Y maldito... porque es imposible esconderse: al final, siempre se está localizable). A pesar de que se termina, casi, perteneciendo a una especie de logia: llega un punto en que sólo se trata con personas del mismo sector ó similares. Por lo que no es raro acabar emparejado con gente que se dedica a lo mismo... y que, en ocasiones, antes de dedicarse a ello decidió casarse con otra persona... a la que apenas vé.
A ratos, me digo eso de que qué más da: puedo trabajar en cualquier otra cosa (y, de hecho, creo que terminará siendo así). Y si es en el mismo sector, probablemente sea en otro municipio, con otro ambiente, otras personas/referencia... Que, casi, es lo mejor: cambiar de aires. Aunque eso suponga mandar a hacer puñetas todo lo que dice en mi currículum que he hecho, y que, gran parte, sólo tiene razón de ser si sigo en el mismo sector profesional y, casi, en el mismo entorno de trabajo...
Veo que el fin lógico va a ser ése, y ya está.
Y... Y de pronto, tengo que hacer alguna gestión de tipo personal, ó relacionada con mi trabajo (es difícil de explicar) y eso me vuelve a recordar cual es mi sitio natural. Y vuelvo a acordarme de cuánto, pese a todo, me gusta mi puñetero trabajo.
Y de repente, como me ha pasado hace un rato, tengo que ir a mi sucursal de Banco a algo que no puedo hacer en cualquier otra (recoger un talonario. Sí, me lo podrían enviar a otra: para eso, sólo hay que llamar y decirle al Director ó a su segundo de abordo que lo mandasen por valija a tal otra sucursal). Y, en un gesto tan nimio, me doy cuenta de que llevo meses, muchos, sin ir por allí para no pensar, para no recordar. Para no recordar ni que me recuerden quién soy...
Porque, aunque no pensaba hacerlo (era entrar, incluso no protestando si me pitaban los sistemas de seguridad y tenía que dejar el bolso en consigna: no lo suelo hacer. Si me pitan..., pitaban, llamaba por el móvil y me abrían. Entrar, hacer e irme), aunque he ido en chandal, con deportivas, sin maquillar ni más cuidado en el pelo que una diadema... porque la idea era entrar, como he dicho, guardar cola para que me atendieran en caja, como una clienta más, e irme... al final, no he podido evitarlo...
Y tras recoger el talonario (que llevaba allí... meses y meses, esperándome), me he dicho "venga, por cortesía siquiera: te asomas al despacho y le saludas con un gesto. No vaya a haberte visto y..."
Y claro que me he asomado. Al despacho del director del Banco. Que (!!!!qué raro en él...!!!) estaba hablando por teléfono. Y ya... ya no he podido evitar esperar a que acabase (me ha hecho gracia la mirada de perplejidad de su subdirector, al verme apoyada en el quicio de la puerta mirando a su jefe hablar por teléfono, con una sonrisa), y saludarnos con dos besos, y ponerle al día rápidamente de la realidad de mi presente, y hablar un rato... cosas profesionales con toques de asuntos personales, muy personales y ciertamente cómplices. De personas que hablan el mismo idioma...
Y recordar, con eso, que me gusta mi trabajo. Que él tampoco entiende porqué no estoy trabajando (bueno, claro que lo entiende. Los dos tenemos claro cómo están las cosas). Y recordar que desde hace muchos, muchos años, yo no guardo cola en el Banco, porque no tengo necesidad: me atiende cualquier empleado mientras yo hablo con el Director ó espero en cualquier sitio sentada. Que a mí me abren las puertas de seguridad aunque fuese cargada de armas (no es el caso). Que una cosa eran las comisiones y gastos "oficiales" y otra las mias personales... extensibles a quien yo considerase merecerlas en un momento dado (mi familia, básicamente). Que hace mucho tiempo que los directores sucesivos de los Bancos con que he trabajado me saludan con dos besos. Que si tengo que esperarles porque no están, lo hago en su despacho...
Y es en estos momentos cuando me enfado conmigo misma y con la actual situación. Y con haber dejado pasar las oportunidades de los últimos años, sacrificándome a mí misma por otras personas y sus necesidades. Y vuelvo a recordar cómo y cuanto me gusta mi trabajo... y qué bien me sienta poder hablar con personas que, en algunos temas, hablan el mismo idioma que yo...
(Por cierto, y como toque de frivolidad: el director de mi Banco es un pedazo señor de alrededor de sesenta años, con un estilazo, una mirada inteligente de larguísimas pestañas, una estatura y una voz... impresionantes. A quien le sientan los trajes "clásicos" como no he visto a nadie que le sienten. Con mucha clase, en definitiva. Y, encima, y a pesar de la "mala fama" de su profesión y su puesto, es una bellísima persona. Cierro el toque de frivolidad).
Me ha gustado verle. Y según él, también verme a mí. Sé que es cierto. Tras... doce, catorce años conociéndole, sé que lo dice de veras.
Como empezaba: sí, hay algo casi peor que estar simplemente "en paro"... y es saber que se está hecha y fabricada a base de muchos años de experiencia para determinado trabajo...y saber, además, que probablemente nunca volverá a poder trabajar en eso que tanto le gusta.










theo dijo
Hace un año, este director de banco, preocupado por sus clientes y no por conseguir los 'objetivos' de endilgar hipotecas, fondos de inversión y tarjetas de crédito habría sido prejubilado inmisericordemente; ahora, es tratado por cualquier entidad casi como un héroe. Mi tío tiene 50 años y desde que empezó la crisis está ascendiendo como la espuma en su banco... sencillamente, sigue haciendo las cosas como las hacía antes, cuando lo tenían marginado por pedir algo más que un cartós de choco crispies como aval para conceder una hipoteca...
Besos y muchísimo ánimo: el sol acaba saliendo siempre.
16 Octubre 2008 | 04:31 PM