Lavanda
De pequeña, no me gustaba el olor de la lavanda.
Es curioso. Ó no: la verdad es que muchos olores/sabores que se suponen "buenos" no gustan cuando somos críos (imagino que no tenemos totalmente desarrollado el sentido del gusto, ó del olfato. Y lo del gusto viene a ser normal. Es más, casi es un mecanismo de defensa. Por eso a los críos les gustan los hidratos, que son dulces y "engordan" y no las especias, por ejemplo, que podrían ser dañinas para el estómago en formación).
Pero vuelvo a la lavanda. Es curioso. Dicen que es el olor relajante por excelencia. Y que han hecho estudios que demuestran que es el olor que más atrae a los hombres. Igual la razón es la misma...
E igual por eso no me gustaba a mí: contradecía mi natural hiperactividad.
Ó tal vez el tema es mucho más prosaico: con 12 años me apuntaron a clases de natación. Tenía que dedicar a eso toda la tarde de los lunes. Encima, ni siquiera había gente de mi edad (todo eran niños pequeños). Y nos tenía que recoger un autocar, puesto que la piscina estaba a media hora larga, en otro municipio. El autobús solía oler mal, a autobús: combustible, críos mareados... La piscina apestaba a cloro. El gorro de natación a goma. Yo tenía el pelo larguísimo, y los domingos pasaba media hora peinándolo, para que me quedase impecable... El gorro, el cloro, el agua... me aplastaban el pelo y lo dejaban sin brillo. Y, aunque lo volviera a lavar, no tendría otra media hora larga para dejarlo brillante hasta el siguiente domingo... y el lunes tocaba natación...
Antes de salir el autocar, no sé porqué, mi madre nos echaba colonia.
La colonia, de ésa a granel, olía la lavanda.
Claramente, relacioné lo uno con lo otro y odié la lavanda durante años...
Aprendí a nadar, claro. Y también aprendí que mi aspecto llamaba mucho la atención entre el profesorado. Que cuando salía de la piscina por el lado "hondo" y regresaba al "bajito" para volver a cruzarla, las miradas en mí de los profesores y algunos padres que vigilaban a los niños pequeños desde el otro lado de la cristalera eran miradas... incómodas.
Tanto como el gorro horroroso de goma que me tapaba el pelo largo.
Aprender a nadar realmente nunca me sirvió de mucho. Ó sí, no estoy segura.
Tres años después me corté el pelo y nunca he vuelto a tenerlo como entonces.
En esos años, tuve muy claro mi poder como mujer. Al menos, lo que despertaba en la mirada de los hombres.
Y, la lavanda....
Ahora, cuando necesito descansar de veras, vaporizo sobre la almohada un spray con olor a lavanda. Y relaja, es cierto.
Posiblemente, hacerse adulta no es otra cosa que ir acumulando pequeños detalles de este tipo.









theo dijo
En cambio, la lavanda es uno de mis olores entrañables, como la magdalena de Proust... el olor del armario en que mi abuela guardaba los regalos de Reyes y cumpleaños, las fotos y los recuerdos agradables que desempolvaba cada seis meses...
Hace nueve meses, fui a comer a un restaurante con 1 estrella Michelin; el postre tenía gelatina de lavanda. Sonreí.
Besos!
6 Noviembre 2008 | 03:23 PM