Presente por pura ausencia
En diciembre de dos mil seis, decidí dejar de verle. La decisión no fue fácil pero sí unilateral. Esto es: la tomé por mi cuenta y sin pensar en él. Ó, mejor dicho, sabiendo que pensaría en él cada día...
Sé, y lo confirmé meses después (cuando volví a verle) que casi quedaba presupuesto que seguiríamos en contacto. Aunque el hecho de terminar mis cursos hacía "no imprescindible" mi presencia por allí (y él sabía que yo no vivía ni en el municipio, siquiera)... imagino que hay cosas que se dan por hechas. Y que yo seguiría pasando por allí, prosiguiendo la relación, de algún modo... era algo seguro.
No fue así.
Me costó. Me costó muchísimo. Aunque no fuese mi lugar de residencia, sí es el barrio donde viven (vivían) mis padres. Y yo iba por allí como mínimo una vez por semana, normalmente los jueves. Y raro era el jueves que, por hache ó por bé, no salía a comprar alguna cosa... Y los pies se diría que tiraban de mí, que hacían el camino hacia él. Y el sentido común decía que no, que basta. Y entonces buscaba alternativas, caminos que eran rodeos. Y, aun así... me sentía estúpida. Lo era, sin duda. Sobre todo cuando me sentía como una niña pequeña culpable, culpable de haber cruzado la calle que separaba el parque del escaparate de la tienda de muñecas. De haberla cruzado, aunque no había pasado nada ni la había visto nadie... pero sabiendo que estaba mal porque estaba prohibido...
Durante meses, ya digo, me sentí así.
Una parte de mí deseaba verle. Siquiera eso: verle sin ser vista. Otra parte de mí deseaba encontrárselo, pero, a la vez, tenía pánico a ese encuentro. Y..., a partir de ahí, todas las variables posibles en este tipo de sentimientos: miedo a verle con otra, miedo a no saber qué decir si se encontraba con él, miedo a que él me ignorase, miedo a no saber qué explicar si preguntaba qué hacía allí, ó qué no hacía, ó...
Volver a los 12 años, bien pasados los 30. Patético.
A los seis meses, más ó menos, volví a verle. Por circunstancias: tenía que empezar un nuevo curso y quería hacerlo habiendo recogido los diplomas de los anteriores (esos que por fechas coincidían con mi relación cotidiana con él). Al tener que volver al barrio, y en ese horario... cabía la posibilidad. Y cupo, y pasó, y nos encontramos...
Y tras los primeros segundos de tirantez, tras el primer saludo... ví que mis miedos eran infundados: todo seguía bien. Todo era como si el día anterior hubiéramos estado juntos. No tenía nada que temer...
Ó... sí. Claro que tenía que temer: todo era como fue. Sus ojos eran los mismos y era la misma forma de mirarme, tras esos primeros segundos de, casi, reproche...
Así que no regresé. A pesar de que él, veladamente, me dijera cuando y cómo estaba por allí. A pesar de pedirme el teléfono (nunca me llamó, dicho sea de paso). No volví.
Pero sí volví. A evitarle. A no pasar por su puerta. A desear verle pero no verle, y tener miedo de encontrarle pero querer encontrármelo...
A tener de nuevo 12 años. Esa edad en que fijamos un comportamiento... que nos perseguirá toda la vida.
Imagino que este año y medio, siquiera inconscientemente, nunca he dejado de acordarme de él. Cierto que fuí "relajando" el paso cerca de los sitios por donde podía verle. Más que nada, porque este último año he estado mucho tiempo por allí... y no era plan. Además, en el barrio lo que durante décadas fue una tienda de muebles, se convirtió hace unos meses en supermercado de conocida marca, a la que me gusta ir a comprar. Y una discoteca abandonada desde tiempos inmemoriables, y que también pertenecía a mi infancia/primera adolescencia, se transformó en el muelle de carga de dicho supermercado. Y la tienda de electrodomésticos mutó en frutería de calidad a la que me aficioné a ir. Y en la relojería "de siempre" empezaron a traer joyas en plata y piedras, por lo que el escaparate se convirtió en punto habitual de observación...
... Y en todo ese barrio, además, podía estar él. En cualquiera de esos mismos sitios de mi nueva rutina.
Pero, de algún modo, casi aprendí en qué horas era mejor ir para no encontrármelo. Seguí empeñada en evitarlo. En evitarle sobresaltos innecesarios a mi corazón. Seguí acordándome de su existencia... pero casi como uno se acuerda, sin necesidad de pensar en ello, dónde está el bache de la carretera, para esquivarlo. Por instinto.
Estoy casi segura de que a mediados de febrero me vió. Porque pasé por su lado (creo). Pero..., no sé. Igual no fue así. La verdad es que en ese momento no me quise dar cuenta...
Estas últimas semanas..., meses, desde el verano, pensé en él más a menudo de lo habitual. Una tarde me sorprendí yendo al barrio donde vive... y esquivando la zona donde sé que está su casa. No, no fuí a su barrio por él: era un tema de posible trabajo. Pero sí me chocó esa reacción casi instintiva: evitar que nos encontrásemos. Evitar lo que sí habría derivado en explicación... igual no creible, aunque sí cierta.
La verdad es que no dejó de estar en mi vida. Por ausencia, por omisión, por evitarle. Pero estaba.
Y, las últimas semanas..., lo dicho: me acordé de él quizá más de lo previsible. Imaginé que por simple asociación de fechas, de ideas. Dos años, justos, después... Supongo que de algún modo y en algún momento decidí que tenía que ir a verle. A saludarle. Tras dos años, si en algún momento por su parte hubo algún interés... es obvio que el paso del tiempo lo habría diluido. Es más: era posible que ni siquiera tuviese claro quién era yo... ó, si lo sabía (cómo iba a no saberlo, qué ideas peregrinas), dudase en porqué iba a saludarle.
En fin. En estos momentos, casi tengo claro que ese lazo extraño que me hacía sentirme tan próxima a él, a su "él" interior, en el fondo me estaba mandando señales. Por eso me acordaba de pronto y sin venir al caso.
Curiosos lazos interiores.
Y, nuevamente, el post ha tomado la dirección que le ha dado la gana. Así que el relato de mi encuentro quedará para el próximo...
(Ah: que no, que no ha "pasado nada". Que fue un encuentro muy light..., y, encima, como tengo que hablar/escribir casi en clave... pues peor).





fantasmita dijo
Pareces que en estos momentos lo quisieras tener a tu lado, no sé, a veces no tenemos las cosas claras y nos obcecamos.
También creo que en dos años ya están más que claras por tu parte.
Besos.
14 Diciembre 2008 | 04:48 PM