(Re)aprendiendo a poner tiritas.
Pues más ó menos así me siento hoy (tras la clase/pre-contrato laboral de hoy, me refiero): como seguro se sentiría un neurocirujano al que se empeñasen en enseñar a poner tiritas.
Igual la comparación es un poco bestia, un tanto pedante, un mucho vanidosa. Pero creo que deja clara la idea. Creo, vamos, que la realidad me está empezando a hacer dudar y a cuestionarme cosas que tenía como muy definidas...
Como he dicho varias veces, pienso aceptar el trabajo porque necesito trabajar. Mucho, lo necesito mucho. Mi situación económica empieza a acercarse peligrosamente a lo desesperado. Por más currículum que mando, no obtengo apenas respuestas ( y las pocas que obtengo..., en fin). Mi sector profesional poco menos que está muerto y enterrado (y me temo pasará tiempo, mucho, antes de que resucite ó alguien lo clone en plan Parque Jurásico). Vamos, que algo tengo que hacer. También para reanimarme en el plano meramente personal, ó mental. Voy a aceptar si finalmente me contratan, porque decir que no sería un riesgo suicida: quién sabe cuando me volverían a ofrecer algo... Y, sobre todo, porque lo que podrían ofrecerme sería algo similar, si no peor. Para eso, más vale lo malo conocido...
Y porque las cosas están como están, el índice de desempleados es totalmente alarmante y en mi profesión es complicado encontrar un puesto es por lo que aceptaré. Que sino... de qué...!!!
No seré yo quien diga que el empleo en sí sea poco digno: para nada. Ni que sea excesivamente difícil ó demasiado fácil. Ni, seguramente, que esté mal pagado... teniendo en cuenta que todo esto está sujeto a un convenio laboral específico (el de telemárketing). Tampoco que me esté encontrando con gente desagradable: como dije, la "formadora" es una chica simpática, también fue agradable la persona que me entrevistó (y más si la comparo con otras experiencias), e incluso la que será mi "superior directa" parece tratable. El lugar concreto de trabajo será un mega-edificio dedicado íntegramente a este tipo de tareas (por lo visto, salvo la planta 13... todo el resto pertenece a la misma empresa dedicada al telemárketing. Y lo de la planta 13..., bueno, es que la empresa es originariamente estadounidense. Y ya se sabe lo que son para según qué supersticiones). Y tampoco le veo pegas al edificio en sí: es un mamotreto acristalado, con media docena de ascensores. Tiene bastante luz natural, por tanto. Está a dos minutos reales de la estación de tren, junto a un megacentro comercial, y cerca de un nuevo barrio en que, seguro, hay de todo (esto sí que me sorprendió: estaba acostumbrada a que donde hoy está el barrio de nueva construcción, durante años, hubiera un inmenso descampado, con el Planetario de Madrid al fondo. Curioso ejemplo gráfico de cómo y cuánto se ha podido construir en Madrid en los últimos 4, 5 años, que es lo que llevo no yendo tan a menudo por ahí).
¿Entonces....????
Entonces, lo que empezaba por comentar. Que no es el sitio, ni el trabajo en sí, ni la empresa.
Que soy yo.
Seguro que un trabajo como éste, si me hubiera pillado con 20 años y sin experiencia laboral (bueno, con 20 años yo ya tenía una empresa a mi cargo..., pero, vamos, la edad elegida es para que sea fácil entenderlo), me habría parecido maravilloso. Ya digo que hasta el entorno es bonito (a ver si no llueve y me llevo la cámara de fotos). Pero no tengo 20 años. Y si tengo experiencia laboral de años. Y, peor: mi vida laboral ha sido muy estable: siempre en un mismo sector. Por lo que, como decía ayer, me siento como un pulpo en un garaje. Y, tras el cursillo de hoy... como seguro se sentiría un primer actor de teatro clásico si, de pronto y tras unos meses sin encabezar cartel, se encontrase con una propuesta laboral... donde se empeñasen en explicarle, como toma de contacto, que lo que se dice en el escenario lo escribió antes alguien y lo hizo con frases encabezadas por el nombre el personaje que las dice. Algo que seguro para quien no conociera cómo está escrita una obra de teatro será una novedad, ó no, pero que para el supuesto primer actor... es de perogrullo, vaya.
Y lo mismo le pasaría a quien, tras llevar años pintando frescos en capillas y viviendas de lujo, haciendo retratos por encargo que igual un día terminarán en importantes pinacotecas... se encontrara, tras un año sabático y viendo que no le ofrecen esos encargos que antes constituían su rutina... teniendo que hacer un curso previo a un examen donde le preguntarán qué es un oleo y de qué está hecho, ó viendo cómo alguien se empeñaba en que dibujase una manzana en una cesta, una casita con humo en espiral saliendo por la chimenea, ó algo aún más naïf.
Pues así me siento yo. Entendiendo que todo lo que me están diciendo claro que tiene utilidad, que hasta puede ser imprescindible para quien vaya a desempeñar el trabajo para el que seguramente me contraten... pero no entendiendo a cuento de qué me lo están dando a mí concretamente. Ó, no, tampoco es así: lo que no entiendo es qué hago yo ahí, escuchando este curso...
Me siento completamente, pero total y completamente, fuera de lugar. Viendo y escuchando cómo los demás candidatos tienen un currículum de ésos que parecen una colcha de packtwoord:tres meses en tal campaña a través de cual empresa de telemárketing, veinte días en la promoción de la tarjeta equis en un stand en la estación del tren, seis meses como encuestadora de calle, cuarenta y cinco días en el departamento de bajas y quince en el de recobros de tal empresa, pero trabajando tres horas a la semana para ésa otra de telefonía móvil...
Y así, a cachitos, nunca superando el año, completar una vida laboral de tres, diez, ocho, quince años. Vendedoras de thermomix a tiempo parcial, azafatas de estanco, encuestadoras, comerciales junior para tal aseguradora. Currículums vítae estupendos para el puesto al que optan. Currículums vitae que se diría son intercambiables de uno a otra candidatos, de lo similares que son todos.
Y yo que hasta ahora consideraba casi una mancha en el mío el haber estado apenas dos meses en una conocidísima empresa de mi sector, de la que salí huyendo antes de que llegase algún cliente maltratado a destrozar la oficina donde me habían mandado mientras me encontraban un sillón de directora para cualquier otra delegación. Dos meses. Y ahora veo que en el sector del telemárketing ese periodo es de lo más normal.
Ya digo: el problema soy yo. Que igual pensé que no iba a tener que volver a poner tiritas.
Ó, al menos, que no se me pasó por la cabeza que tuviesen que explicarme nunca cómo se ponían. Porque, realmente, y como es natural, nunca dejé de ponerlas.




kilifa dijo
Bueno, no es lo mejor, pero es de las pocas cosas que hay Brux. No te comas más el coco y consigue ese puesto, que lo necesitas.
y si hay que volver a poner tiritas, pues se ponen..
Además está la cosa que ahí vas a poder desempeñar tu trabajo ( de momento) como uno más, sin hacer más sin ser pagado, como estás acostumbrada a hacer.
Haz tu jornada, y disfruta de tu tiempo libre. Investiga que tienes cerca, y saca bonitas fotos, despues nos las enseñas.
Y ya te digo, no empieces con mala gana. intenta ser optimista mientras estás ahí y ya vendran cosas mejores..
Y que tu experiencia te sirva para algo, porque seguro que te sirve...
besitos preciosa.
6 Febrero 2009 | 08:33 AM