Cicatrices.
Todas las heridas dejan cicatriz. En ocasiones, la sutura es tan buena, la calidad de piel tan agradecida... que éstas son casi imperceptibles. Pero quien tuvo la herida sabe que estuvo justo ahí, aunque para los demás esa pequeña marca en la piel no sea apenas visible, ó sea una anécdota relatada un domingo aburrido, ó una imperfección que hace atractivo por su diferencia a quien la tiene.
Las cicatrices, a veces, van a más allá de la marca en la piel. Y es en esos momentos en que cambia el tiempo y duele esa herida que ya no está cuando volvemos a recordarla. Todos vivimos con cicatrices, en mayor ó menor medida, y eso también nos hace recordar que estamos vivos.
La sangre viaja bajo la piel, perfectamente canalizada, dentro de sus venas y sus arterias. En la sangre van, perfectamente situados, el oxígeno, los nutrientes, los deshechos. No los vemos, pero sabemos que están ahí: perfectamente ubicados dentro de la sangre que va dentro de las venas por dentro de nuestro cuerpo. Un gran circuito de venas y arterias, que tienen llegada y salida en el corazón, ese gran trasbordador.
Madrid es una ciudad enorme, que a ratos se hace pueblo y nos conocemos todos. Madrid está surcada por grandes caminos subterráneos. En esos caminos subterráneos, cruzan vagones llenos de gente. Gente que tiene su cometido particular para que Madrid siga funcionando: oficinistas, amas de casa, empleados de la construcción, prostitutas, ejecutivos, carteristas, niños que serán pronto adultos, ancianos ociosos que pasan la mañana dando vueltas en el circular, gente que va y viene, que desembarca en su estación, y hace un trasbordo, y sale a la superficie, y vuelve a bajar. En algunos tramos, esas vías no son subterráneas. Pero, las que se ven y las que no, están igualmente. Que algo no se vea no significa que no esté ahí...
El once es paralelo. Como las vías. Como la vida de algunas personas: nunca llegarán a encontrarse, aunque cada día hagan el mismo camino. Las vías son paralelas porque de otro modo no servirían para nada. Son paralelas porque así pueden llevar a sus destinos los trenes que por ellas circulan. También hay venas y arterias dentro de nuestro cuerpo que son así: paralelas en situación y en función. Unas llevan sangre limpia, otras arrastran sangre que se depurará en el hígado y llegará a tomar oxígeno al corazón. Ambas, venas y arterias, vías de ida y de vuelta, son igual de importantes. Como lo son las vidas paralelas de aquellos que nunca llegarán a conocerse, y que igual desempeñan trabajos complementarios...
La letra M tiene dentro un cruce de caminos. Son dos paralelas que, de pronto, se dejan caer desde su cima para encontrarse. Tal vez queriendo ser corazón, tal vez intercambiando información ó decidiendo truncar su futuro de línea paralela que nunca llegaría a encontrarse con esa otra que circula a su lado pero ajena a ella.
Si se rompe una vena, una arteria, podemos morir. Si se nos rompe el corazón, precisaremos de un especialista que lo suelde, le ponga un mecanismo que lo haga latir de nuevo. Pero no siempre es posible, no siempre da tiempo. Por las venas y arterias deben seguir circulando esos vagones llenos de nutrientes, de oxigeno y de deshechos: si salen de su ruta, no llegarán al destino, que es el corazón. Y si éste se rompe... no podrá acoger todo eso que llevan las venas...
Los trenes de cercanías de Madrid tienen el color rojo como color corporativo.
El corazón de todas las comunicaciones madrileñas es la Estación de Atocha. Allí, en algún momento, hemos estado todos. Algunos estuvieron en el momento equivocado. Y no llegó a tiempo su soldadura.
Un día, hace 5 años, muchas vidas paralelas que jamás se habrían encontrado vieron como sus vagones/venas estallaban... y eso les hizo coincidir. La desgracia igualó a quienes jamás hubieran soñado conocerse. Mundos paralelos independientes que coincidieron en el infierno repentino. Y en la solidaridad.
Madrid lleva subterráneas parte de sus comunicaciones. Y lleva casi invisibles algunas cicatrices. Pero que no se vean no significa que no sigan ahí. Y que no sangren, a veces. Y que hayan dejado de doler un sólo momento.

Hace hoy cinco años, todos fuimos madrileños, con independencia de nuestro origen. Y todos padecimos un atentado, aunque estuviéramos lejos de las bombas.
Hoy es Once de Marzo. 11-M. Veo pasar los trenes desde mi ventana. Mis cicatrices invisibles me avisan, para que no olvide. Estoy viva. Estamos vivos. Y Madrid también.






selenedenebulae dijo
Qué recuerdos tan horribles. Ayer estuve en Aocha, y vi el recuerdo a las víctimas. Sentí escalofríos. Ojalá esas vidas paralelas no hubieran enontrado un punto de unión ese día...
Muchos besos
11 Marzo 2009 | 01:49 PM