(Post de) Desahogo laboral
No, no me voy a quejar. Y menos como están las cosas, que ya lo sabemos todos...
Así que esto más bien viene a ser un post reflexivo, objetivo, ó subjetivo quizá, ó... ó ésa es la idea.
No me gusta mi nuevo trabajo. Ya digo que no me quiero quejar, que bastante es tener trabajo y más aún tras la cantidad de entrevistas absurdas por las que he pasado en los últimos tiempos. Pero..., ya digo: esto es una especie de reflexión particular y privada, sin más ni más.
No me gusta, básicamente porque no le encuentro el menor sentido a lo que hago. No sé... igual soy muy exigente (lo soy, sí, para según qué cosas) y porque lo mismo he tenido la mala suerte de que mis anteriores empleos (casi todos en la misma línea y el mismo sector) sí tenían una utilidad más allá que la de proporcionarme un sueldo. Así que encontrarme ahora dedicando seis horas diarias a algo que, ya digo, no tiene el menor sentido..., pues eso: razón de sobra para tener esa desagradable sensación de no estar agusto...
¿En qué consiste mi trabajo? Pues en algo que a decir verdad no es ni difícil, ni cansado... ni nada de nada más allá de aburrido. Algo que han hecho, seguro, cientos de personas en su vida laboral, siquiera por una temporada (son empleos casi de "quita y pón": entre lo que tienden las empresas a despedir al personal que lo desempeña y lo rápido que se suelen abandonar si se encuentra cualquier otra cosa, ya digo: lo raro en un par de años va a ser encontrarse un CV donde este tipo de empleo no aparezca en el apartado "Experiencia"). Se supone que soy "teleoperadora". Ya digo: se supone. Eso, y "mediadora de seguros". También se supone.
En la práctica, el tema viene a ser el siguiente: llego antes de las tres de la tarde. Ficho (por primera vez en mi vida !!ficho!!!) en un lector de tarjetas que hay abajo, y que falla de forma repetida: se pasa una, dos, cinco veces la tarjeta hasta que le da por dar por válida la operación. Eso, docenas de personas, por lo que se forma hasta cola. Se sube andando a un segundo que realmente tiene altura de cuarto (un tramo de escalones de 13, otro de descansillo con 3 más, otro tramo de 16: primera planta que ya tiene altura de segundo: basta que cualquiera cuente qué distancia en escalones separa un piso de otro en un edificio normal de viviendas para comprobar que serán 16 escalones. Pues eso: aquí a cada planta le separan 32). Hay ascensor, sí, pero está en proceso contínuo de avería-arreglo, por lo que a excepción del primer día (que me subió al primero:en el segundo no abrió las puertas y nos devolvió al bajo. Y luego paró en el primero: ya digo, dejé de intentarlo) y otro día de la pasada semana, en que descubrí que lo habían medio-arreglado, siquiera en el aspecto (pasó de tener un siniestro toque de montacargas setentero, a estar revestido en melamina imitando madera y con la botonadura nueva) pero que falló esa misma tarde y hasta hoy... pues eso, a olvidar la existencia del ascensor. Una vez en el lugar de trabajo propiamente dicho, se atraviesa entero (estamos ubicados, los de mi grupo, en uno de los extremos) viendo al pasar hileras e hileras de "puestos de trabajo" idénticos: mesas blancas medio separadas por mamparas de idéntico color, con su ordenador y su teléfono con cascos. Vamos: puesto de teleoperador, que es a lo que se dedica la empresa. Ya en el puesto que ese día se me designe (he visto que voy rotando... ya digo: hasta que decida que hasta aquí hemos llegado, que creo que sólo uno de los chicos y yo rotamos. Y a mí no me gusta cambiar de emplazamiento en el trabajo: una manía como cualquier otra), intento conectarme. Digo "intento" porque el aplicativo que han instalado para, en teoría, facilitarnos el trabajo... pues falla-falla-falla... Lo que supone intentar y reintentar una y otra vez conectarse. Introducir contraseñas (al principio las tenía "de serie", ahora, ignono el porqué del paripé, las tengo propias... como si lo que hiciera tuviese alguna importancia ó corriera el riesgo de ser "pirateado" por nadie...!!!!! ) hasta que por fin el sistema decide reconocerme...y me conecta. Y a partir de ahí... seis horas de rutina. En la pantalla aparece una ficha. El ordenador está marcando, él solito, los teléfonos que constan como propios de ese cliente. Yo recibo las llamadas a través de la diadema-casco propia de este tipo de empleo (menos mal que ya no se marca a mano ni hay que sostener el auricular). Salta la llamada, pregunto por el titular, no suele estar (que atienda la secretaria ó el servicio doméstico, con el "la señora no está", viene a ser habitual), anoto la incidencia y reprogramo la llamada para otra hora. A veces, sí, sí está la persona en cuestión (ventajas de los móviles) y entonces se le "recita" el motivo de la llamada. Intento de venderle un seguro, "en condiciones ventajosas, por ser usted cliente preferente de 'x' tarjeta". Obviamente, el cliente no está interesado en comprar nada más (ya tengo muchos seguros, y estoy rebajando gastos; ya no soy cliente de su tarjeta: la tenía porque me la daba la empresa y las han retirado; trabajo en seguros, señorita, y como puede comprender...., vienen a ser las excusas más habituales). Así que se anota la incidencia y el ordenador sigue marcando...
Ya digo: seis horas. Bueno, casi: en realidad tengo derecho a parar veinte minutos seguidos para comer (ó lo que me parezca: al entrar a las tres de la tarde, se supone que ya vengo "comida" de casa) y otras pausas hasta completar otros veinte minutos. Las otras pausas son, más bien, para que los fumadores le den al vicio. Así que como yo no fumo... pues ni me entero de esas pausas (ya digo: los fumadores se avisan entre ellos y salen corriendo. Literalmente: escaleras abajo, cigarrillo a toda prisa, ascenso asfixiándose por la escalera de subida, todo en cinco minutos). No podemos estar más de 4 personas fuera del puesto de trabajo a la vez. Y, como somos tantos, hasta para conseguir salir los 20 minutos mínimos de rigor me cuesta encontrar un momento en que no haya toda esa gente fuera...
Somos una docena, más ó menos. En mi campaña, digo (la nave tiene... no sé ¿quinientos puestos de teleoperador?). Sólo dos chicos: se vé que este tipo de campaña es básicamente femenina. Todas nos llamamos " Inés" (ya se sabe: nombre de guerra). Media docena son mujeres al borde de la edad de jubilación: ó se han reciclado tras años como ama de casa y están llevando a casa un sueldo que la crisis hace imprescindible, ó han trabajado en este sector desde hace años, con pausas, y lo que buscan realmente es tener los años necesarios cotizados para obtener la pensión de jubilación llegado el momento. El resto, son los dos chicos (jovencitos y estudiantes), una chica que a sus treinta años confesados aparenta diez menos (no solo en el físico: no sé, yo a su edad era mucho más adulta... aunque cada vez tengo más claro que yo he sido una excepción casi en todo), otra a la que calculo esa edad, y que se vé de forma clara que ya trabajó en esta campaña y ahora ha vuelto (el paro, ya se sabe) y otras de edad indeterminada, pero que me consta rondan los 40 años. ¿Relación? Con todos, correcta. Hasta ahí. Claramente ya tienen hechos sus grupitos, sus indirectas y sus mensajes codificados... y, francamente, ni me interesan ni creo que les interese mi participación en ellos.
Como digo: seis horas. Con la diadema-casco telefónico. Repitiendo una y otra vez lo mismo, y sabiendo que no van a querer comprarme nada (además, valoración personal: el producto es muy malo. Los productos: uno es un seguro de indemnizaciones por hospitalización que es caro y absurdo; otro, que empecé a intentar vender ayer, es un seguro por accidente aereo..., ya digo: el accidente más improbable del mundo). Y sintiendo que lo que hago no sirve absolutamente para nada...
En fin: empecé diciendo que este post no quiere decir absolutamente nada, y con lo mismo lo termino. Es..., eso, además de un post largo: un simple desahogo.







selenedenebulae dijo
Cómo me suena todo lo que dices. Seguramente ocurre lo mismo en todas las empresas de ese sector, que parecen cortadas por el mismo patrón. Entiendo que no te guste. En fin, tal y como está la cosa, al final nos toca aceptar trabajos que hace tiempo no aceptaríamos ni hartas de vino.
Muchos besos y ánimo.
28 Abril 2009 | 01:09 PM