Añorar lo que no pasó. Desear lo que nunca pasará.
No quise mencionar el tema en su momento (esto es, ese día), pero esta semana pasada fue su cumpleaños.
Y no quise mencionarlo por..., bueno, quien sabe. Ó, sí, claro que lo sé. Por tantas cosas. Además de por falta material de tiempo y de ideas, ambas cosas a la vez, para hacer un post en condiciones.
Y, también y además, porque el otro día, en uno de esos pinchazos que a veces doy al mapa de visitas de mi blog (admito que no lo miro a diario), resulta que aparecia reflejado el municipio donde vive y trabaja. El sitio al que se fue cuando, eso, decidió irse. Una localidad no demasiado grande. Lo bastante pequeña como para que se conozca absolutamente todo el mundo, y, por descontado, todo el mundo le conozca a él. A él, que tan simpático, abierto, agradable... encantador, suele ser con quienes sólo le conocen de paso. Encantador de serpientes, cómo no.
Ya en otra ocasión ví una visita desde ese sitio. No sé. No sé a cuento de qué alguien que resida ahí puede llegar hasta aquí. Hasta mí. Y por eso también (y a la vez tampoco) evité el tema (y no hablé de su cumpleaños) ese día.
No, no creo (para nada) que quien me lee me relacione con él. Por supuesto, creo totalmente imposible que sea él quien me esté leyendo en silencio (es completamente imposible. De ser así, ya me habría montado una escenita, que la personalidad que le conozco no es, solo, la del ser adorable que aparece cuando quiere seducir... y no me refiero sólo al plano sexual). Ahora que tengo una foto más ó menos reconocible en "perfil" sé que estoy más desnuda frente a posibles personas que me conozcan en mi vida real. Y esta foto que tengo ahora la conoció él enmarcada en sitio visible en mi casa: lo estuvo una temporada. Aunque... también la anterior (sólo mis ojos) le habría sido reconocible. Si alguna persona en este mundo fuera capaz de reconocer como mía la mirada que era mi antiguo avatar..., es él. Seguro.
Igual también, inconscientemente, seleccioné esa imagen como distintivo de mi persona real en este mundo virtual que es lacoctelera. No sé. E igual por eso terminé por quitarla..., ó.... Ó no.
En fin. Esta semana fue su cumpleaños. Dentro de menos de tres meses hará seis años que no nos vemos. Que no le veo. Y, aunque conscientemente no piense en ello, sé que no pasa ni un solo día, ni uno solo, en que no le recuerde. Y que, aunque también sé que es algo ajeno a mi voluntad, también sé que muchas noches le echo de menos.
Curioso. Curioso que se pueda añorar algo que nunca se tuvo. Que le eche de menos algunas noches, ahora que sé que nunca volveré a verle, a tenerle, a besarle, a tocarle... cuando curiosamente nunca pasé una noche durmiendo a su lado.
Igual también es por eso. Porque a veces algunas relaciones han sido tan fuertes que es posible añorar lo que no tuvimos y desear lo que ya sabemos que nunca tendremos. Porque los sueños no siempre se cumplen. Porque hay sueños que derivan en pesadillas y es mejor no tentar a la suerte, a la mala suerte. Porque a estas alturas ya me he hecho a la idea y sé que nunca le llamaré, y que, si lo hago, no se pondrá al teléfono. Lo sé. Le conozco y me conozco, y las cosas son así. Pasarán muchos abriles y seguiré recordando que es su cumpleaños, que nunca pude pasarlo con él. Pero también seguiré estando segura de que él sabe que lo recuerdo. Porque lo sabe y porque sé que lo sabe. Pasarán muchos julios y cada día 29 recordaré que ha pasado un año más sin él, sin la luz de sus pestañas cuando me miraba casi a oscuras, sin el tacto de su piel que vive en la yema de mis dedos, sin todo lo que se llevó al irse y sin todo lo que empecé a perder en el momento en que le conocí y decidí tirarme a una piscina que ya sabía vacía. Que pasa otro año y he sobrevivido, y sobreviví a él, y a ratos recuerdo y quisiera no haberle conocido. Y sé que si el tiempo volviera atrás y me diese otra oportunidad..., no sé. Quizá, ahora que sé lo que es estar a su lado y dejar de estarlo, y volver, y terminar sin haber acabado nunca... preferiría no ir a aquella primera entrevista. No conocerle. Pero..., no estoy segura. Porque también me temo que volvería a intentarlo, quizá intentar que las cosas fuesen de otro modo. Y volvería a caer. Y volvería a equivocarme.
Y pasarían de nuevo los años. Y me encontraría de nuevo escribiendo algo que igual ahora mismo está leyendo alguien que le conoce... y que no sabe de quién estoy hablando.
Volvería a repetir los errores. Porque de lo único que, a estas alturas de la vida, estoy segura es de que mi relación con él fue un error...
... pero soy incapaz de arrepentirme de nada.



