V3. Segunda parte
Continúo con ánimos de terminar (el post anterior y el relato, me refiero).
Si algún defecto no tengo, y eso que me reconozco muchos, es el egoismo. Egoismo con respecto a mis cosas y su empleo. Eso de "esto es mío" tan propio de los niños, que se agarran al juguete y no se lo quitas ni con aceite, nunca fue conmigo. Entre otras cosas, porque no me lo podía permitir: me llevo dos años y algo con mi hermano y cuando a "El Niño" se le encaprichaba algo (y por sistema, quería todo lo que me veía coger a mí) había que dárselo para que no llorase haciendo charco... Así que me quedó eso como educación básica: las cosas se comparten. En realidad, la mayor parte de mis regalos de cría iban en esa línea: cosas de escritorio que luego se empleaban en casa (máquina de escribir, grapadoras, rotuladores, cosas de ese tipo), así que no tenía el sentido de posesión. Nunca lo tuve.
(Eso sí, me quedó una adicción por el material de oficina que raya lo patológico: acumulo para que no se me acabe ó me lo quite alguien. Patología, sin duda).
En mi ambiente laboral somos pelín endogámicos. Esto es: nos relacionamos básicamente entre nosotros. Por lo que nivel de ingresos, tipo de empleo, lugares donde coincidimos... son muy similares. Por esa misma razón, el hecho de tener móvil (lo retomo del anterior post) es algo común, con idéntica utilidad y al mismo tiempo, más ó menos. Antes buscábamos cabinas ó llamábamos desde el despacho; luego nos compramos un móvil y recibíamos llamadas en éste ó las efectuábamos. Y..., no sé, igual es una rareza. Pero nunca fuí de "proteger" con celo la contraseña del mío si lo tenía apagado para que no llamase otro, ni se me ocurrió prohibir a nadie que necesitase hacer una llamada ó enviar un sms su empleo. Aunque ese alguien fuese un conocido circunstancial. Si veo que la persona con quien estoy, de pronto, se ha quedado sin batería ó sin saldo, y se pone a buscar una cabina... para mí lo normal es tenderle el móvil con un "llama desde aquí... si quieres". Como digo, es algo circunstancial, y perfectamente lógico. Al menos para mí lo es. Como lo es que el móvil en sí sea algo de "capricho"... pero también de necesidad. Los primeros móviles de mis hermanos fueron regalo mío (por entonces, aún carísimos), y los dos que han tenido mis padres. Pero insisto: como algo normal.
En mis trabajos "normales" (los de mi sector, me refiero) nunca llevé al extremo el asunto "gastos de oficina pagados por mí". No sé, si hacía falta un paquete de folios (ó dos), el recambio de las agendas ó útiles de limpieza... se compraban y punto. Normalmente se me abonaban, pero tampoco estaba al tanto para pedirlo. Claro, por esa regla de 3 en mi época trabajando con "M" estuve meses comprando el periódico de anuncios gratuitos donde nos anunciábamos (pagando) y no creo que me reembolsase ni una cuarta parte (yo, como era tonta, no se lo pedía... y él, en fin, "M" y los gastos...). Su hermana llegó a decirme que mejor comprase yo las cosas cuando se acababan "a ver si a tí te las paga, que conmigo, con eso de ser familia... se le olvidan". Conmigo también se le olvidaron muchas: no era familia, pero era lo que era a ratitos... El caso es que siempre fuí así, y soy así. Cuando cerramos la oficina (no la de "M", sino en la empresa en que pasé un tercio de mi vida) estuve días trayéndome cosas a casa... de las muchas que había comprado. Y es que cuando se une mi adicción al material de escritorio con mi tendencia a "que no falte de nada en la oficina" el asunto deriva en docenas de bolis, reglas de todo tipo, grapadoras varias, folios de colores, ceniceros de diseño (cuando aún se fumaba), y muchas cosas. Hasta los sucesivos equipos de música eran míos... Bueno, el coche "de empresa" era mi Twingo... y lo sigue conduciendo mi antiguo jefe. Hay que imaginar mi "egoismo" al respecto.
Así que cuando, a los dos ó tres días de empezar a trabajar en este sitio donde trabajo ahora, a una de las chicas (de las pocas con quien tengo trato) se le quedó sin saldo el móvil, y me ví acompañándola a lo que creí era "buscar un sitio donde recargar la tarjeta" y que terminó siendo una cabina, para devolver una llamada que le pareció inesperada (y por tanto urgente) de su familia... para mí lo normal fue "pero no seas tonta: llama desde el mío". Aquella vez sí lo hizo desde la cabina.
Aquella vez.
La segunda fue un "sólo es un mensaje. Es que sigo sin saldo: mientras no cobremos..., a ver si mi novio me deja algo y lo recargo". Y, por descontado, envió el mensaje. Como digo, detalles que no dí la menor importancia.
Y ya desde el primer momento, mucho "cómo me gusta tu movil", "si un día te cansas de él, ya sabes", "es que me encanta: es el móvil que más me ha gustado desde siempre". Y siguiendo con el "es que no sé qué pasa: me duran un rato las recargas. A ver si mi chico cobra y me presta para recargar de nuevo..., ¿no te importa si le hago una llamada cortita para que me venga luego a buscar?"
Y no me importa. Juro que no. Claro que..., resulta que desde donde trabajamos se puede llamar. Para una urgencia, sí hay un teléfono que "emite" llamadas (y para lo que no son: que a partir de las seis, que se va la coordinadora, es un contínuo el empleo de ese aparato para todo tipo de conversaciones). Pero... para mi compañera, se vé que las llamadas a su novio ya tienen que hacerse desde el V3. Que le gusta mucho (como a otras personas, que es muy llamativo. Hoy en día es de lo más común y, a sus 3 años, está a punto de convertirse en "vintage", pero es chocante su color) . Y sigo asegurando que no, que no me importa. Que mi grado de "pobreza" de momento permite llegar hasta ahí...
Luego... son pequeños detalles. El "¿no te importa dejarme diez céntimos para el agua, que no tengo bastante?..., ay, no, déjame mejor cincuenta, que mañana te los doy. En cuanto llegue a casa, se los pido a mi madre y te lo devuelvo". Y claro que se los "presto". Como comentaba: mi mundo es otro. En "mi mundo" no llevamos por cuenta si alguien ha pagado los cafés ayer y los paga también hoy: mañana los pagará otro. Si se compra el periódico. es obvio que nadie lo toca antes que quien lo compró... pero no pasa nada si no es así. Además, nadie se lo va a llevar si no es suyo. Compartí con compañeras esmaltes de uñas, limas, artículos de adorno para el pelo. Si se compraban chuches, eran comunes. Pero en ambas direcciones: si bien a mí nunca hizo falta "pedirme" nada, yo sí suelo "pedir permiso" ó avisar. Que haya confianza no significa perder las formas.
Pero ya digo que mi ambiente natural es otro. Y la pasada semana ya pasamos del "¿me podrías dejar un momento...?que es solo un sms y de verdad, que en cuanto cobre....", a "voy a mandarle un mensaje a mi novio para que venga luego, que no me apetece ir en metro. Déjame el móvil", sin mayores excusas de si se tiene ó no saldo. Y, a todo esto, contando entremedias que su novio (empiezo a dudar que exista, la verdad) gana casi dosmil euros, que tienen (a ratos) dos pisos; luego solo uno, luego viven juntos, luego no: nunca se iría a vivir con él sin casarse; luego él vive en un piso de su familia y ella en otro que está solo a su nombre; luego lo pagan a medias, luego... El caso es que los últimos días el continuo ha sido un: "todavía no le han pagado. Y ya debemos la letra del piso de este mes. Y no sé què voy a hacer". Que soy consciente de cómo están las cosas en determinados sectores, que mi familia siempre trabajó en la construcciòn y que yo misma he pasado meses... dos, tres, hasta cuatro, esperando a cobrar. Pero... si se gana "X" y se sabe que hay determinados gastos al mes fijos, se organiza uno para ese posible retraso. Porque en este caso y en esa persona, resulta que los gastos son de quinientos euros a pagar entre ambos (si es que él existe, que ya digo), y si es el primer mes en que el tema de la fecha de cobro se "retrasa", pues...
El jueves, la penúltima llamada desde mi móvil. Lo casi habitual y desde la calle: "pues tendré que llamarle para decirle que al final salgo antes, que ya recuperaré esa hora. Dame el móvil, anda". Tal cual. Ignoro qué contó en el trabajo para irse antes... pero el caso es que se fue. Pero ahí no quedó la cosa. Porque bajando la escalera, me dice "Oye..., me da un poco de corte pedirtelo..., pero... ¿me podrías dejar cinco euros? Es que éste no ha cobrado todavía, y no tengo nada. Que te lo devuelvo el lunes, de verdad, que luego en casa se lo pido a mi madre si hace falta". Y yo, tonta de mí, pues lo normal: "si, si los tengo, ya sabes que te los presto. Si es para una urgencia, no tienes que explicarme nada". "Bueno, si ya suponía que tú... Si he estado a punto de llamarte a casa para decírtelo, que si me podías prestar algo de dinero. Cinco..., si tienes diez euros, pues mejor. Que en cuanto éste cobre, te los traigo".
Y luego vino la llamada (ó mensaje, ya no sé) desde mi móvil, que ya no me pide por favor (simple cortesía, digo), sino que es como si fuese suyo y yo se lo guardase. E insiste con lo del dinero (sé que llevo no cinco, sino al menos veinte euros encima. Pero no se lo digo: empiezo a mosquearme así, de pronto), "que de verdad te los devuelvo, que es porque no llevo nada encima". Y se me ocurre lo de "no te preocupes: ya digo que si los tengo claro que te los presto. Que a mí creo que no me va a hacer falta dinero de aquí a casa... y si me hace, ya llevo la tarjeta".
Craso error. En algo que para mí es de lo más normal. En mi mundo, digo.
"Ah... pues entonces claro que me lo puedes dejar. Luego vamos al Banco, que ahí abajo hay una sucursal y sacas más".
No sé porqué, pero de pronto me saltaron todas las alarmas. Y empecé a ver... ¿fantasmas? No sé. Pero sí me dí cuenta de que los pequeños "renuncios" en que había ido pillándola (casi todo relacionado con la economía, y que nunca había dado mayor importancia) me venían todos. Cosas tan simples y tan normales, en mi ambiente, como el haber vivido, toda la familia, en un chalet de grandes dimensiones hasta hacía poco... pero estar de repente viviendo en una vivienda social. Contar que se había trabajado en tal gran empresa... y (la coordinadora ha hecho comentario al respecto) de repente haber dejado de trabajar allí... sin que el actual comportamiento se corresponda a haber pasado por aquella "disciplina". Comentarios sueltos y contradictorios. No sé: seguramente, fantasmas...
Ya en la plataforma le dejé cinco euros. Y resulta..., resulta que no era "para una urgencia". "Es que como todavía éste no ha cobrado, pues nos íbamos a llevar sólo cien euros para el puente. Y si tú me dejas cinco, pues ya son ciento cinco".
Y es que el "salir antes" tampoco era por otra urgencia, sino porque se iban a pasar el puente a la playa. Hale: con un par.
Insisto: me da igual cómo se organice cada cual su economía. De veras. Pero... con lo suyo, no con lo de los demás. Y menos sin decir la verdad.
Y volvemos al móvil. A éste que tanto le gusta y que tanto lo repite. Porque ayer, a media tarde, se me acerca y dice que se va. "¿A donde?" . "A casa, que estoy mala." "Pues sí, para no estar bien..., mejor te vas". "Claro. Voy a llamar a mi novio y que me venga a buscar. Dame el móvil, anda".
A todo esto, ya digo que en la plataforma sí hay un teléfono desde el que se puede llamar a la calle. Aun así, como me pilló con los cascos puestos y emitiendo, le dejé el V3. Y me desentendí... unos minutos. Hasta que de nuevo me saltaron las alarmas. Ya digo: ¿sexto sentido???
Y cuando me volví, ya había recogido parte de sus cosas. El resto seguían desperdigadas por su mesa. Creo que comentaba a alguien que se iba. Y mi teléfono estaba allí, en medio. Sin la menor atención y sin, como suele ser normal y correcto, habérmelo devuelto tras la llamada urgente. Obviamente, me levanté, lo cogí y lo guardé. Punto.
Porque de pronto lo ví claro. Un casual olvido. Lo he metido entre mis cosas..., uy, que de verdad no me he dado cuenta. Eso... ó me voy con él. Y luego: Ah, no, yo lo dejé en la mesa, pues no sé qué ha pasado... Lo ví clarísimo, de veras. Porque le gusta mucho, demasiado. Y... me temo que cuando algo le gusta, no es de las personas que tienen reparo al respecto: igual está acostumbrada a que se lo regalen... ó a que se pierda.
Si cualquier persona de mi "entorno natural" se lleva algo que no es suyo, así, por casualidad, lo normal es que llame para decirlo, y, por descontado, que lo devuelva a la mayor brevedad. Lo mismo con el "préstamo" de dinero (en este caso, ya el jueves me quedó claro que nunca me lo devolverá. Qué más da..., de todo se aprende). Pero, como decía..., por lo que pueda pasar ayer ya me fuí sin cartera ni tarjetas. Y hoy...
Hoy, hace un ratito, se han confirmado mis sospechas. Porque sigo pensando que ayer, de casualidad y sin sabe cómo, se habría llevado mi teléfono (no es la primera vez que de repente vemos que se ha ido sin avisar ni despedirse. Claramente ayer se fue así). Y... qué curioso, que hace un rato me llama para que le diga yo a la coordinadora que está mala y no va a ir a trabajar en un par de días. Los mismos, justo, que nos quedan como periodo de prueba...
No quisiera ser desconfiada. Pero...
Ya digo: mi mundo es otro. Y como esta tarde no va..., pues sí, al final me llevo el V3. Pero como excepciòn. Prefiero estar ilocalizable dos ó tres días, si no hay otro remedio... a que lo esté mi teléfono para siempre. Y cómo me gustaría ser menos confiada, más egoista... ó no ver algunos temas tan claritos...





erika-blog dijo
Qué morro tiene esta tía no?... la verdad es que eso es lo primero que se me viene a la cabeza después de leerte hoy.
Yo nunca he sido una persona de compartir mucho, al menos con extraños o con simples conocidos, tampoco me llamaría a mi misma egoísta, sino más bien precavida ya que más de una vez me he encontrado con casos como el de esta chica.
Si es una emergéncia, por supuesto que soy la primera en colaborar, pero si veo la cosa dudosa, por ejemplo en el caso del móvil, siempre doy la excusa de que no tengo saldo (y eso que el mío es de contrato) y por el tema de prestar dinero, muy amigos tenemos que ser para que se me ocurra dejarlo, a parte de que generalmente no me sobra tampoco, pero es que cuando el dinero se mete por medio en las relaciones humanas de cualquier tipo, todo se tuerce.
Espero que haya suerte y que la compañera gorrona no supere el tiempo de prueba, sino te veo dejando el móvil en casa todo el año...
Un beso guapa!!
19 Mayo 2009 | 03:22 PM