(Semos) La élite del telemarketing.
Tal cual suena. Y ahora lo intento explicar. Incluido el palabro entre paréntesis.
Veamos: al parecer, el grupo/campaña en que trabajo somos eso, la élite del telemárketing. Primero, y principalmente, por la empresa (el cliente) para quien trabajamos: multinacional norteamericana que pone a nuestra disposición su selecta base de datos de clientes, con el fin de que les vendamos una serie de productos (seguros de diversa tipología) que ellos mismos comercializan. Por lo visto, durante años era algo relativamente fácil: lo compraban todo. Y por ello, pues tampoco el cliente pagaba comisiones a los vendedores: total, más que vender era despachar por teléfono. Y aquí entra el "privilegio": como con la crisis los potenciales compradores dejaron de ser tan facilones, se empezó a dar comisiones a los vendedores a partir de determinado número (inalcanzable en la actualidad) de pólizas vendidas. Y todo eso nos hace ser privilegiados.
Por lo visto, lo somos por más cosas: tenemos cinco minutos de descanso más de lo que marca el convenio (que son 50 minutos fraccionados en 20 de una vez y pausas de cinco). No tenemos que emplear obligatoriamente esas pausas si queremos ir al baño ó a buscar agua fresca, pudiendo escaparnos entre horas, no tenemos mediadocena de coordinadores dándonos la tabarra y haciéndonos el pertinente marcaje. Y, además, estamos parte de la jornada laboral solas: a las seis nuestra coordinadora se va (su turno es de mañana, intensiva) y hasta las nueve estamos, pues eso, a nuestro aire.
Somos la élite. Y, sin embargo...
Sin embargo, está claro que no, que el tema no funciona. Ó sí. Ó... El caso es que el jueves tocó "charla". Mejor dicho: apercibimiento de despido más ó menos general... en una especie de reunión/terapia de grupo de casi dos horas. Apercibimiento casi general: yo me quedaba al margen. Que es como estoy en todo este tema: al margen.
¿Que qué pasó para llegar a este extremo? Pues que las "puyitas" que antes se lanzaban, lo que yo llamaba "daguitas voladoras", pasaron a ser insultos a voces. Y no se llegó a las manos... no sé, creo que porque no dió tiempo. Que por falta de ganas no fue.
Y es que lo de "élite" está claro que es si el tema se analiza objetivamente, mirando privilegios y tal. Porque si el baremo radica en valorar al personal..., en fin: no me quiero imaginar lo que sería trabajar con lo más "tirao" del telemárketing", si éstas son la élite.
Que yo estoy al margen no es una actitud, ni algo que se me acabe de ocurrir, ni una forma de justificarme ó de ponerme estupenda. No: en la reunión la cosa casi empezó así (casi, porque lo primero fue la lectura del apartado "faltas leves, graves y muy graves" del convenio al que pertenecemos. Lectura efectuada por la coordinadora). Luego, ya dijo lo de "bruxana, contigo no va nada de lo que vamos a tratar aquí, ya lo sabes. Pero como la otra tarde también estabas presente, y estás en el grupo, he considerado que igual tenías algo que decir". Y, sí: claro que dije. Mi versión, cuanto menos.
La reunión fue... ¿cómo diría? Creo que la palabra es "surrealista", lo que pasa es que el término a veces se emplea gratuitamente, y ya no es tan gráfico. Pero, sí: surrealista. Porque ésa era mi sensación, la de estar metida dentro de un sueño absurdo. Que un grupo de personas adultas, todas mujeres (ya sólo somos eso, chicas), que supuestamente somos, lo dicho, "televendedoras de élite", tengan que ser reunidas por su coordinadora para que se digan todo lo que se tengan que decir, se insulten, se peguen si es necesario.... lo siento, seré muy rara y estaré muy mal acostumbrada, pero me resulta increible.
Así que allí estaba yo: en mi sillita (la sala donde nos juntaron es la que se emplea para dar los cursos específicos, hacer las entrevistas de trabajo..., así que es una sala/aula: con sus sillitas, sus mesitas, sus pc's individuales, su pizarra, su proyector...), mirándolas y escuchándolas... y sintiéndome Grissom en el CSI, en su faceta de entomólogo. Porque es así como me siento con respecto a ellas: como un observador de bichos más ó menos comunes, más ó menos peculiares, más ó menos ponzoñosos.
La élite del telemárketing, nada menos. Dedicando media hora a discutir, a voces, si i el término con que una definió a otra (también a voces, una semana antes) fue "tocapelotas" (como decía ahora la "insultante", insistiendo en que no fue un insulto... sino una forma de hablar) ó "porculera", como debatía la insultada, por mucho que la insultante reiterase que eso no había salido nunca de su boca. Ya digo: debate de nivel. A partir de ahí, empezaron a volar reproches, justificaciones, declaraciones de odio a muerte, juramentos por hijos y demás parientes, promesas de rectificar, confesiones de faltas al reglamento, nuevas declaraciones de no dirigirse la palabra (nuevas, porque eran entre quienes hasta ese momento casi se saludaban, qué menos)... Y suma y sigue. Y ya digo: casi dos horas.
Tras el florido y hermoso repertorio de insultos, aclaraciones (de ésas que no aclaran nada), repetición por parte de la coordinadora de qué se podía y qué no hacer... y qué consecuencias tendría seguir haciendo lo que estaba prohibido (el despido, vaya), me tocó a mí hablar. Como había prometido a la coordinadora: "no te preocupes, que pienso dar mi versión de los hechos. Imagino que es una ventaja poder seguir viendo las cosas desde fuera de la guerra".
Y, mi versión de los hechos... pues casi que lo dejamos para el siguiente post. Más que nada, porque este ya es demasiado largo.
Y... porque en realidad lo que y quien desencadenó los hechos que desembocaron en la reunión/charla/terapia de grupo... pues fuí yo. Y lo curioso es que me temo que nadie se ha dado cuenta...
(Ah: el insulto, definición ó lo que fuera fue "porculera", como también aclaré en mi versión de los acontecimientos. Y es la primera vez que lo escucho. Igual es que como no estoy habituada a tratar con la élite del telemárketing, pues no controlo su terminología técnica particular).







cafe-paris dijo
Lo ves es que nos quejamos por vicio, quién te iba a decir que hacías parte de la "elite del telemarketing". He tenido una semana de 56 horas pero los clientes están felices, soy parte de la "élite de los pringados del curro". "porculera" tiene masculino o siempre se dice de esa forma, más que nada para ponerme al día. Un beso de élite.
21 Junio 2009 | 01:47 PM