No-vivir.
Pues más ó menos en eso me temo que va a consistir mi mes de julio..., a ver si me consigo explicar para que se entienda algo:
Empecé a trabajar en la empresa en que estoy en abril, el veintiuno de abril. Como me dejaron claro desde el primer momento: era algo temporal. En principio, entraba como "refuerzo de campaña", para diez días (hasta finales de mes). Si llegado ese momento seguía habiendo trabajo de sobra... se prorrogaría el tema hasta completar el mes de prueba. Si pasaba el mes de prueba, la prórroga sería hasta finales de julio. Más que nada, porque en agosto iban a cerrar: cortaban la campaña hasta septiembre... y ya se vería.
Como en esos momentos estaba dispuesta a agarrarme al primer trabajo que me ofrecieran, acepté las condiciones. Mejor diez días que nada. Mejor sólo un mes que estar en casa haciendo tiempo y mandando currículum que ni leían. Bien si se prorrogaba otros dos meses y algo. Lo que fuera, vaya.
Pasados los diez días, no me dijeron que me fuese. Pasado el mes, me confirmaron que había pasado la prueba. A finales de mayo me propusieron ampliar la jornada (de seis horas a ocho) y dije que sí: ya el sueldo de ocho horas es una miseria..., pero lo del de seis es deprimente. Y tengo gastos: en mi casa no hay más sueldo que el mío. Así que, aunque a esas alturas tenía clarísimo que no me gustaba nada, pero que nada, el trabajo y que las seis horas se me hacían eternas... pues amplié jornada.
Muchas mañanas, por no decir todas, estoy a punto de tirar la toalla. Me cuesta un mundo ir a trabajar. No porque no me guste trabajar (sonará raro... pero es que como he sido adicta al trabajo, pues no me cuesta), sino porque no me gusta este trabajo en concreto. No me aporta nada: es monótono, alineante, el ambiente es pésimo, el lugar de trabajo es horroroso. No aprendo nada. No hay la menor posibilidad de promoción. Y el sueldo... el sueldo es de simple supervivencia. Muchas veces, en el metro, me decido: en cuanto llegue les digo que se acabó. Que me voy a casa, que no puedo más. ¿Que hay que avisar con quince días de antelación? Pues nada: me voy al médico y pido la baja. Ó cualquier otra cosa que, seguro, se me ocurre. Pero... luego llego, ficho, enciendo el pc... Y son las 13:00h. Y pensar en las 21:00, que es mi horario de salida... me produce una angustia que tengo que quitarme a toda prisa. Y los minutos pasan lentos entre llamada y llamada.
Y el trabajo no me aporta nada. Nada, más allá de unos míseros ingresos. Pero... sé que no hay otra cosa. Las noticias financieras me lo recuerdan a cada rato en que les presto atención: sube el paro. No hay nada para elegir. Y entonces me repito que no sea tonta. Que, al fin y al cabo, es trabajo. Que a finales de mes me pagan por ello. Que estoy bajo techo y sentada, y puedo beber agua e ir al baño. Que ni siquiera me supone un esfuerzo intelectual (me hace gracia escuchar a hienas y arpías diciendo que se estresan..., estrés les daba yo a algunas). Que si lo dejo, seguro que lo que encuentre (si encuentro algo) será similar. Y entonces... más vale lo malo conocido. Y aguanto un nuevo día, otra semana, otro mes...
Como decía: mi contrato se terminaba el treinta y uno de julio, porque la empresa interrumpía campaña. En esa fecha, me liquidarían las vacaciones que me correspondieran, con el sueldo, y punto. Mi plan, obviamente, sería buscar algo ya mismo... porque no tengo derecho a subsidio de desempleo y necesito trabajar. Si no lo encontraba en agosto y me volvían a llamar de aquí en septiembre... pues seguramente regresaría (qué remedio: como repito, necesito trabajar). Pero las cosas estaban claras: esto se terminaba a finales de julio, principios de agosto. Punto.
Ya... parecía muy fácil.
De las cinco personas que entramos en abril, sólo quedo yo. Una de las chicas se fue al día siguiente (dijo que le habían propuesto un contrato de un mes con más sueldo. Considerando que vivía justo enfrente y que el supuesto nuevo empleo estaba en la otra punta de la ciudad... me temo que simplemente, cuando vió en qué iba a consistir esto, se lo pensó mejor y huyó). Otro chico estuvo unos diez días: claramente, no era lo suyo (el deportivo descapotable con que venía a trabajar resultaba un tanto incongruente, para qué engañarnos). Un día no apareció... y luego supimos que había venido a primera hora para notificar que no seguía más. La otra chica, la mentirosa compulsiva de quien ya hablé, simplemente no pasó la prueba: le notificaron el despido por telegrama, cuando supuestamente estaba enferma (a decir verdad, creo que nadie se creía ya sus enfermedades). Y el chico que sí pasó la prueba conmigo... también hace diez días decidió dejarlo. La excusa que adujo es que estaba de exámenes en la universidad. En realidad, simplemente cada vez le costaba más venir a trabajar. Como a mí. Lo que pasa es que si se tienen 25 años, se vive en casa paterna..., pues es más fácil plantearse que se pueda renunciar al sueldo. Ó que con el percibido en ese mes y medio trabajado ya dé para las salidas veraniegas, y punto final. Así que me quedé sola.
Sola y con fecha de "fin de contrato". Repito: parecía tan fácil...
El jueves, la coordinadora nos dijo (a otra chica, la llamaremos Lily, que ya había trabajado con ellos el pasado año, y que se reenganchó justo un día antes que yo) y a mí que tenía que hablar con nosotras de las vacaciones. ¿Vacaciones? ¿Qué vacaciones, si el contrato se terminaba antes?
El viernes salimos de dudas.
Sí: había dos opciones. Una era ésa: despedirnos. Fin de campaña, liquidación de parte proporcional de paga extra, de vacaciones... y a casa. Y si el septiembre queríamos, y seguramente la empresa nos necesitase, nos volverían a llamar. Pero ésa no era la única opción: había otra. La de mandarnos de vacaciones, como al resto de la plantilla, todo el mes de agosto. Pero... como solo habíamos trabajado tres meses, pues....
Pues eso: que nos correspondía como una semana nada más. Lo que suponía un problema, porque la campaña no iba a estar funcionando. Así que la coordinadora se puso a darle vueltas... y dió con una solución: echar horas. Muchas. Por un lado, calculaba qué vacaciones nos corresponderian si trabajabamos hasta finales de año con ellos. Y, como aún así no "cubríamos"... pues solucionar el tema trabajando de más esos días que no nos correspondían.
Traduciendo: para no despedirnos, teníamos que trabajar este mes de julio... sólo 11 horas diarias. De las diez de la mañana (hora en que oficialmente empieza la campaña: una de la teleoperadoras empieza todos los días a esa hora y se va a las seis de la tarde) a las nueve de la noche. Hale: ahí queda eso.
La otra opción es despedirnos. No hay más.
Y.... y yo qué sé. Planteé todas las hipótesis posibles. Que si era realmente factible que me volvieran a llamar si optaba por el despido (hay muchas opciones, me dijo: están contentos conmigo). Que qué pasaría si era yo quien a finales de julio, a pesar de haber echado ésas horas, me iba (pues que me descontarían de la liquidación de las vacaciones los días que se correspondieran a vacaciones hasta finales de año, claro). Que qué pasaría si en el transcurso de lo que queda de año, encuentro otro trabajo (idem: se me descontará del sueldo lo que se corresponda a vacaciones disfrutadas indebidamente). Y lo mismo, claro, si de aquí a finales de año decidieran despedirme ó se terminase la campaña.
No quise darle una respuesta definitiva. Quedó más ó menos en el aire el que "sí, trabajaré esas horas"..., pero...
Pero no lo sé. Porque es plantearme salir de casa a poco más de las ocho y media de la mañana para volver a las diez y pico de la noche. Pasar once horas diarias en un sitio que no me gusta, haciendo un trabajo que no me aporta nada, en un ambiente criminalmente desagradable. Y todo para conseguir unos días de descanso que no necesito (estoy acostumbrada a trabajar en agosto. Y, obviamente, no tengo presupuesto para vacaciones, tal y como anda el tema).
Once horas diaria de trabajo en pleno julio en Madrid. Y a cambio del "sueldazo" de poco más de ochocientos euros...
Mejor no le doy más vueltas... porque me dan ganas de echarme a llorar. Y no, no es una figura retórica...
Asco de crisis. Asco de desempleo. Asco de algunos trabajos. Y asco de multinaciones, que siempre huí de ellas aun no conociendo cómo funcionaban.






erika-blog dijo
Esto va un poco en función de la necesidad...
Si dejas este trabajo te arriesgas a encontrate otra vez sumida en el desespero del desempleo y de la búsqueda infructuosa de trabajo, además sin un sueldo fijo. Y lo más probable, si encontraras otro, es que no se alejara mucho del "maravilloso ambiente, maravilloso horario y maravilloso sueldo" que te ofrecen en este. Resumiendo, más de lo mismo. Aunque también cabe la posibilidad de que encontraras un trabajo mejor, complicado pero no imposible y hay que valorarlo también.
La otra opción es sufrir esas 11 horas (que me parece tremenda jornada laboral) mentalizarte en ese tiempo de vacaciones durante el mes de agosto para reponer fuerzas, no dejar de buscar algo mejor de todos modos y si no sale, por lo menos podrás continuar allí con una nómina a fin de mes (por poco que sea).
Ninguna posibilidad me agrada bruxana, no te voy a mentir, pero visto lo visto (a pesar de que a mi no me ha tocado sufrirlo y no sé lo qué es pasar allí tantas horas) yo me quedaría.
Ya nos contarás qué decides y ánimo!!
Un beso guapa!!
28 Junio 2009 | 07:16 PM