No-viviendo.
Sigo con poquísimo tiempo. No ya "libre", sino "en general".
Estoy haciéndome las once horas de jornada laboral diaria. Lo que, como ya medio-expliqué, ni me reporta más ingresos (más bien todo lo contrario: más horas significa más obligación de facturar seguros diariamente... y eso, con medio país de vacaciones, es poco menos que imposible. Mejor dicho, ya sería imposible llegar al mínimo exigido en una jornada normal... cuanto menos aumentar la obligación un 25% adicional), ni me aporta nada que no sea cansancio, cansancio y más cansancio.
Cuando suena el despertador a las ocho, ya llevo un ratito despierta, y otro entre sueños (algo absurdo: el miedo a quedarme dormida... cuando tengo programado el despertador, cuando nunca me hizo falta para despertar a mi hora... y cuando, si un día decido no hacer tres horas de más, sino dos, tampoco pasa nada). Antes de las nueve me voy camino al tren. Y hasta bien entrada la noche, ya sí, más cerca de las once que de las diez y media (no sé cómo me las apaño..., bueno, sí), no regreso. En definitiva: que no hago otra cosa que algo que se supone es "trabajar"... y que en la práctica no pasa de ser un modo de perder el tiempo a cambio de un sueldo que no llega ni a cubrir mis ya reducidos y reconducidos gastos.
Patético.
Quizá lo único positivo de todo esto sea que, de este modo, si finalmente termino por dejar inactivo el blog... pues apenas se notará. No será algo traumático (para mí, me refiero, que dejar de leerme no supondría nunca ningún trauma para nadie, en eso soy perfectamente realista). No tener tiempo de nada se traduce en no poder actualizar a diario (como ha sido práctica habitual durante meses), no poder responder comentarios, ni poder leer todo lo que me apetecería. Y de este modo, igual que he ido abandonando otras cosas (también en internet), pues lo dicho: nunca sería un trauma.
La otra parte positiva sigue siendo, como ya comenté en el post anterior, el espectáculo del cielo madrileño.
No creo que fuese la única (estoy segura de que no) que ayer (el lunes día 13) presenció una de las puestas de sol, casi a cámara lenta (más de una hora de espectáculo) más impresionantes de los últimos tiempos.
Las fotos ya son casi del final (cuando llegué a Atocha: el resto lo fuí viendo por el camino, desde el bus... y el comienzo me lo "perdí" porque tenía que hacer compras en el híper, cerca del trabajo). Aún así, y aunque ya faltan todos los verdes, los violetas, del comienzo..., creo que puede uno hacerse a la idea de qué fue...
Menos mal, ya digo, que me sigue quedando el gustazo del cielo madrileño.





Selene dijo
Puff, que me vas a contar al nivel laboral, igual si que te has perdido algunas cosas pero te aseguro que no representa ningún trauma, jajajja. Un cielo impresionante, diría que inquietante. Un beso guapa.
15 Julio 2009 | 01:43 AM