Llamadas. Llamadas. Llamadas....
- Despertarme y/ó levantarme entre las 09:00 y las 10:00h de la mañana (sí, es posible levantarse sin estar despierta. A todos nos pasa de vez en cuando).
- Poner la cafetera. Abrir las ventanas que no lo hayan estado de noche, levantar las persianas (sin forzarlas, que cada día van peor).
- Desayunar: café con leche sin azúcar y (según días) cereales ó galletas. Integrales y con fibra. Dos cápsulas de l.carnintina. Al mismo tiempo, hojear el periódico, ya sea del día anterior, ya sea de días atrás (lo que dan de sí los suplementos dominincales!!!). No necesariamente el periódico ha de ser de pago, que por algo vivo en Madrid (seguimos teniendo 3 ó 4 gratuitos que entregan en el metro. Claro que yo los consigo, a veces, de quienes los van abandonando en vagones y asientos: el reparto termina a las 08:00h). Mientras, la radio de fondo me pone al día de sucesos y vanidades varias.
- Según las ganas y la hora que me haya levantado: arreglo un poco la casa, friego el tazón del desayuno y el vaso de la noche anterior, riego las plantas, hago la cama... Ó no hago nada: ya digo, según tiempo y ganas. Preparo un sandwich integral de lo que tenga en el frigo. Algunos dìas, una pieza de fruta. Lleno de agua la botella que llevaré todo el día casi encima.
- Ducha. Algún día, lavado de pelo (sino, me lo recojo para no mojármelo, que ya lo tengo largo y tarda en secarse). Lavado de cara con gel especial "pieles sensibles". Crema. Mucha crema. Bodymilk con aloe para el cuerpo e hidratante protectora solar en la cara. A esas alturas son más de las once, seguro. Me visto.
- Maquillaje, tambièn según tiempo y ganas. Mínimo, un toque de rimmell, que tengo las pestañas largas... pero como en todo el pelo, a mitad se me vuelven pelirrojas, y así no se lucen del todo. Algunos días, kholl negro. Alguno, carmín bien rojo. Según. Y según ganas y ánimos y ropa elegida, repetir pendientes/colgantes/pulseras/sortijas... ó conjuntar otras nuevas. No es nada fijo. Tampoco lo es qué hacer con el pelo: una pinza para recogerlo, una coleta media. Diademas no, que bastante voy a tener todo el día con el casco-auricular...
- A las doce menos cuarto me voy. No olvidar botella de agua y bolsa de plástico con la comida. Antes, toque de perfume. Últimamente, Eau de Rochas: un clásico. Si no me he pintado los labios, mientras llega el ascensor les doy bien de protector de marca de cosmética natural.
- Paseo a buen paso hasta la estación del tren. Viaje hasta Mendez-Álvaro. Trasbordo al metro. Trasbordo nuevamente tres estaciones más tarde. Dos más: destino. Cinco, ocho minutos andando hasta la sede de la empresa. Fichar antes de las 13:00h abajo. Subir andando esas dos plantas con escalones de cuatro pisos. Encender el pc. Ponerme el casco-diadema-auricular.
- Llamadas. Llamadas. Llamadas. Llamadas.
- Hasta las 15:15 h. Mini-pausa de 15 minutos. Algunos días me como la fruta. Otros, el sandwichs. Otros simplemente voy al aseo, relleno la botella de agua fresca (menos mal que el agua del grifo madrileña es estupenda), doy un paseo calle arriba, sin ir demasiado lejos. Da igual: son sólo 15 minutos.
- Llamadas. Llamadas. Llamadas. Llamadas. Algunos días, un cliente dice que sí: entonces, la rutina se rompe: se verifican sus datos, se lee el obligatorio texto legal que le vincula a la compra del seguro. Se anotan sus datos en una ficha, realmente un folio de papel reciclado donde anotaré las ventas del día: tipo de seguro, prima a pagar, nombre del cliente... Anoto con un símbolo la venta en la pizarra velleda, donde se anotan todas.
- A las 17:00h, pausa larga: media hora. Hasta las 17:30h. Si no he comido, aprovecho. Sino, paseo. A veces, acompañada. Lo que no pienso hacer es encerrarme en la sala de descanso del edificio: necesito aire y luz.
- Llamadas. Llamadas. Llamadas. Llamadas. Agua para refrescar la garganta. Si veo que los nervios ya me sobrepasan, escapada de un par de minutos: la excusa es rellenar la botella de agua. Llamadas. Llamadas. Llamadas.
- A las19:10h, última pausa: diez minutos. Apenas ir al aseo, llenar la botella, bajar a la calle y volver a subir. No da para más. Tampoco hay mucho sitio donde ir, la verdad.
- Llamadas. Llamadas. Llamadas. Hasta algún minuto antes de las 21.00h, en que desconecto el programa y voy procediendo a cerrar. En la hoja de control de ventas anoto cuántas han sido, cuantos clientes han dicho categóricamente no estar interesados (también llevo el control de éstos, con sus números de registro, en un cuaderno. Cuaderno que no nos facilita la empresa, que el año pasado, por la crisis, sólo tuvieron tropecientos billones de beneficios. El nuevo cuaderno que me he comprado tiene Hadas-Disney, el anterior tenía a Pucca).
- Algunos días, mientras se cierra el pc, voy al aseo. Relleno de agua la botella. Según. Recojo mis cosas. Ficho a la salida, abajo. Son algo más de las 21:00h.
- Paseo hasta la parada del bus. Espero que venga, a veces. A veces, estoy sola. Bus hasta Atocha. Alucino con ese cielo increible de Madrid, con la gente que hace fotos: siempre hay gente haciendo fotos en esa zona.
Tren hasta la ciudad-dormitorio donde vivo. No, no vuelvo en metro: tras ocho horas de encierro, necesito ver luz natural. Casi todo el recorrido del tren va por superficie. Incluso cruzo el río: me da pena verlo cada vez más estancado, más sucio... Me recuerda lo sucio que está todo, también, en la oficina de multinacional en que presto servicio para selectos clientes de otra multinacional. Un río sucio y estancado, por desidia, que es el único de una hermosa capital europea. Una oficina mugrienta donde trabaja la élite de las teleoperadoras... según ellos...., en fin.
- Llego a casa a más de las diez. Diez y media, la mayor parte de los días. Estoy cansada: cansa estar sentada tantas horas... Algunos días leo en el tren; otros, escucho música; los más, cierro los ojos y me dejo llevar. Ceno cualquier cosa, no siempre lo que debería. Pero es que a esas horas ya no me apetece cocinar nada. Veo la tele sin demasiado interés; a veces, entro en internet. Me desmaquillo, me doy la hidratante.
- No es fijo, pero me acuesto sobre las dos de la mañana. Algunos días me he quedado dormida antes de la una en el sofá...
Los viernes la rutina cambia: me levanto a las ocho, entro a las diez, las pausas son antes de la una y a las dos y media, tomo café en el bar de enfrente. Aparte de esto, nada nuevo: llamadas, llamadas, llamadas.... Y salgo a las 17:00h.
Un post aburrido ¿verdad? Pues esta es la apasionante vida laboral que me espera a partir del día uno de septiembre. Y, si es mortalmente monótono haberlo leído... imagínese el lector lo que es vivirlo. Y si alguno de estos hipóteticos lectores es hiperactivo, tiene un trabajo dinámico, un sueldo ajustado a las tareas que desempeña, una vida social acorde a su carácter... que intente imaginarse en la rutina descrita...
Si a mí me lo hubiesen planteado hace apenas año y medio, de veras, habría jurado que jamás de los jamases trabajaría en algo así. Pero es que ya lo dijo James Bond: "Nunca digas nunca jamás". Claro que como no llegué a decirlo... igual ésa es la clave para empezar a buscar el modo de huir. Y la fecha para empezar a planificar la huida..., pues el noveno mes de 2009 no me parece mala...








fenicia dijo
Entre llamada y llamada,recibe mi saludo Bruxi.
kisses
28 Agosto 2009 | 11:40 AM