Veintiseis de septiembre (de 1984)
Tomé la decisión aquel verano, supongo que también por puro aburrimiento. Pero en el pueblo manchego perdido y dejado de la mano de dios donde me tocaba pasar el exilio de dos meses y medio que otros llamaban "vacaciones escolares"... no encontré dónde poder hacerlo ni quien se atreviera.
Es más: me aconsejaron que ni se me ocurriera... Claro que de haber encontrado quién y dónde, lo habría hecho: a determinadas edades no se tiene miedo. Y dan igual las posibles consecuencias adversas si se consigue lo que se quiere...
El caso es que no pudo ser. Así que, cuando volví a la "civilización", creo que ése era mi deseo/plan/proyecto inmediato...
Como ya comenté en algún post, me crié en la periferia de Madrid, en una de esas ciudades-dormitorio que proliferaron en los 60-70. Pueblos de labradores a los que les brotaron de pronto polígonos industriales y edificios de viviendas en altura, que podían ir de las 4 a las 15 plantas, dependiendo del municipio, el afán del ayuntamiento por mirar a otro lado y dar las licencias de obras a cosa hecha (esto es, con los edificios ya habitados... y sin mirar si éstos estaban tan juntos que las vecinas de aceras enfrentadas se podían pasar el perejil de terraza a terraza) y la próximidad a alguna base aerea, que hacia que en esa zona concreta no se pudiera edificar más allá de los 20 mts de altura... lo que derivaba en más edificios apiñados, éstos de cinco alturas... y, claro, sin ascensor. En aquellos días no había transporte interurbano más allá del que llevaba a la capital: ni metro, ni trenes de cercanías... y eso hacía que el municipio con el que lindaba el propio sonase tan lejano como Nueva York (ó más, que ésta al menos salía en la tele). Algunas amigas te decían lo de "yo estuve una vez en Móstoles, porque mi abuela vive allí"... y te sonaba exótico. Ó "éste es mi primo, que ha venido a verme: vive en Getafe"... y lo mirabas de pies a cabeza, como si viniera de un safari por Africa. Tampoco en esos días existían las tiendas de "Todo a cien" (el euro no era ni un proyecto de ciencia-ficción), no había moda para adolescentes (diría casi que es que el concepto "adolescencia" tampoco existía más allá de en alguna serie yanki, tipo "Con ocho basta"..., ó, bueno, en la sobrevalorada "Verano Azul"), ni discotecas para menores de 18 años... ni nada de nada. Se pasaba del parque infantil y el columpio que había que dejar de usar a los 11 años a esperar la mayoría de edad... cruzando ese espacio temporal como cada cual buenamente pudiera... Y reconozco que hacerlo en una ciudad-dormitorio de la periferia madrileña no era precisamente la mejor de las situaciones... y menos cuando se pertenecía (como casi todos nosotros, los que viviamos allí) a una familia tradicional y obrera... que no incluía en el presupuesto familiar el concepto "paga para los niños". Vamos, que no teníamos dinero. Tampoco nos faltaba nada básico... pero lo de ir al cine, por ejemplo, era una situación excepcional. Y lo de merendar en un búrger..., eso también era de peli yanki: donde yo me crié no había de eso...
Me estoy yendo del tema.
Aquel septiembre de 1984 tenía claro, clarísimo, qué quería hacer: cambiar de imagen.
Hablamos de mediados de los ochenta y en Madrid (sí: la mitificada movida y tal). Se llevaban los cardados, el pelo frito, las mediamelenitas con rizos, raya en medio y flequillo. Y no se llevaba... pues el pelo larguísimo, liso (más ó menos), en un tono monocorde...
Encima, yo estaba harta de escuchar, de unos tres, cuatro años a esa parte eso de "Uy... qué melena...¿te han dicho que tienes el pelo como ésa que canta..., sí, hombre, la folklórica esa que es novia del torero guapo..., sí, que seguro sabes quién digo...???"
Pues sí. Ésa. Porque por entonces, la susodicha era conocida, básicamente, por su preciosa melena. Además cantaba, y tal, pero lo "famoso" en ella era el pelo. Luego lo fue el novio, y todo el asunto de su boda con yeguas vírgenes y esas cosas tan de España profunda..., pero a finales de los 70', comienzos de los 80', lo "famoso" era su pelo. Una melenaza oscura hasta donde la espalda pierde su casto nombre (ergo: el trasero).
Y yo tenía el pelo muuuuy largo. Tanto, que cuando me lo cortaba... era para dejarlo a la altura de la cintura.
Y como los niños tienen todos mucho pelo, y muy bonito... pues la comparación era inevitable. Más aún cuando, como digo, una se cría en un barrio de inmigrantes llegados de un entorno rural desde otras provincias: extremeños, manchegos, andaluces, donde ya había una afición casi natural por lo "folklórico"... Y sólo había una cadena de televisión. Y las revistas del cuore eran atrevidas, pero contaban las historias con ese aire de "cuento de hadas" que tan bien se aceptaba entre sus lectoras....
En 1984 estaba harta de que me "comparasen", creyendo ser originales cada vez que lo hacían. Yo quería tener el pelo rizado. Hale. Y si para eso había que pasar por la peluquería..., bueno, ya encontraría el modo de ahorrar para poder ir.
Ese final de verano, comienzo de otoño, hicimos un descubrimiento crucial: la Academia de Peluquería del barrio. Un sitio donde, por otra parte, algunas de nuestras compañeras de primaria, ó sus hermanas mayores, habían ido tras acabar el colegio... buscando una forma de tener una profesión (a las peluquerías, de ayudante, se entraba con 15 años...). La Academia de Peluquería era la solución: cortaban, teñían, rizaban... y apenas cobraban nada: sólo el gasto de los productos empleados. Sólo. Si por entonces cortar el pelo costaba, qué sé yo, trescientas pelas..., allí por setenta y cinco te lo hacían. Una "permanente" en una peluqueria pasaba de las mil...., y en la Academia no llegaba a cuatrocientas. Y, si conseguir mil pesetas era algo inalcanzable... tener cuatrocientas resultaba considerablemente más fácil: bastaba con "sisar" algo de lo que se iba a gastar en material escolar, no comer pipas un par de fines de semana, sonsacar otras cien pesetas...
El caso es que conseguí el dinero. Creo que para aquella ocasión me lo dieron en casa (no tenían claro qué iba a hacerme... pero supongo que como a los 11, 12 años yo ya era considerada "adulta", pues no les preocupó demasiado. Además, la Academia era "del barrio" de toda la vida).
Aquel veintiseis de septiembre de mil novecientos ochenta y cuatro, sobre las seis de la tarde, yo estaba en la Academia de Peluquería, a ver si podían hacerme una "permanente". Pero..., supongo que cuando me vieron aparecer, con aquella melena... decidieron que no. Que aquella tarde, ni hablar. Porque no debía ser habitual que alguien con un pelo tan largo apareciera por allí....
Así que me entretuvieron un rato... y me dieron hora para el día siguiente.
Y, en el rato en que yo estaba allí...al torero guapo le cogió el toro. Y se murió. Y su señora esposa, la folklórica de la melena larga, de pronto pasó a ser viuda (claro).
Y cuando al día siguiente volví por la Academia a ver qué hacían con mi pelo... el tema de conversación no era otro, obviamente. Que si la cogida, que si qué pena, que si la viuda se quería suicidar, que si la prima del cuñado del vecino de una de las clientas sabía que estaba de nuevo embarazada, que qué pena, que no, que pena la de la familia de él, que si esos niños, que qué más daba, que quien se pone ante un toro ya sabe a lo que se expone, que...
Y que, con mi pelo, era imposible pasar a rizar nada... si no se cortaba antes. Que hacer un moldeado en un pelo tan largo era imposible. Así que, si me parecía bien que me cortasen un poco...
Claro que me parecía: !!!!!yo quería rizos!!!!
Y si a una peluquera le das permiso para que corte... pues hay que imaginarse qué pasará...
Y allí estuve: desde las diez de la mañana a las cinco de la tarde. Porque antes de llegar al momento "rizos"... me peinaron tooodas las alumnas (y todas entre el "qué pena" de la muerte del torero guapo, y el "qué pena ¿de veras te quieres cortar el pelo?"). Y cortarme fue casi una clase magistral... en Academia de barrio para futuras peluqueras de barrio, claro. Lo de los bigudís, el (apestoso) líquido revelador y todo lo demás fue más cotidiano: eso lo hacían más a menudo...
Pero, entre tanto "pelo p'a acá, pelo p'allá; ponte así a este lado que te hago un recogido..., no, mejor una coleta, ¿te lo quieres cortar, en serio?"... curiosamente nadie mencionó el pelo de "la otra". De la que acababa de dejar de ser conocida por la melena... para empezar a serlo como "Viuda de España". No me compararon con ella... por una vez.
Y ese fue el cambio de mi vida aquel 26 de septiembre de 1984: decidí cortarme el pelo. Y cuando a las cinco de la tarde del día 27 aparecí por casa, mientras el tema de conversación a nivel nacional era la muerte del torero... yo ya no me parecía a su reciente viuda: mi pelo era un amasijo de rizos a la altura de los hombros... que no sé aún como no provocaron un síncope familiar.
Así que esta es la historia: la folklórica y yo separamos nuestros caminos. Ella empezó a ser famosa por su viudedad, y no por su melena... y yo dejé de tener que escuchar lo de "¿No te han dicho nunca que tienes el pelo como...?"
Eso sí: tras ese corte entre en una disparatada dinámica años de moldeados-recorte de puntas-rizzi-corte de flequillo-moldeados... que duró años. Hasta descubrir que, con un poco de espuma y un difusor, mi pelo natural tiene los rizos naturales que a mí me gustan... Y, por cierto, no he vuelto a conseguir tener el pelo realmente largo. Qué cosas.
Y por la Academia fuí bastante, a cortarme-rizarme... hasta que mejoró mi situación económica. Y años más tarde, ya desempleada, volví por allí... pero para hacer otras cosas. Y recuperé ese olor a líquido revelador añejo en el ambiente... Pero ésa es otra historia. Y tiene que ver con otro aniversario: el que dentro de poco será el tercero, el de este blog.
Y la canción que suena..., en fin: es que me sigue poniendo los pelos de punta (vale, el vello) cada vez que al escucho, porque siempre he pensado que tiene una de las letras más hermosas que he escuchado en mi vida. Pero en esta versión, please, que es del autor..., no vaya a ser que sea cierto lo del gafe...





mixcelaneas dijo
Cada alumna... el pelo un poco más corto!!!
Ayyyy, que me dolió a mí que hayas "suicidado" así tu pelo.
Es de envidia, ya que a mí no me crece y tengo fino y poquito y siempre quise una melena!, jaja.
Besotesss, que tengas muy buen finde!!!
27 Septiembre 2009 | 12:37 AM