La Coctelera

Diario de una vampiresa en paro

( ó "LA ESTRATEGIA DE SHEREZADE" )
El lema de mi vida debería ser "...con lo que tú podrías (ser-tener-hacer) si quisieras...!!!"

18 Octubre 2009

Lapsus

Los viernes, desde hace años, empiezo el periódico por la columna de la última página. Juan José Millás. Lo que nunca me esperé es que un viernes lo empezara viviendo algo que casi, casi, era como uno de sus geniales relatos en columna...

Cuando se hace mención a mi memoria (eso que siempre pensé que era de lo más normal, acordarse de todo con detalle, hasta que resultó que no, que lo mío era una rareza), suelo responder dos cosas: una, que es un defecto de fábrica (y es que lo siento así: acordarse de todo sin esfuerzo y en detalle no me parece una suerte, la verdad: hay cosas que es mejor olvidar cuanto antes); otra, que veremos qué gracia el día en que se me llene el disco duro... y no haya sitio para más conocimientos. Que a ver qué pasa ese día. Bueno. Pues me temo que está llegando ese momento...

Explico:
Desde hace meses, todos los días laborales sigo la misma rutina 
- A menos diez, más ó menos, salgo de casa.
-A la hora en punto, hora y cinco minutos, llego a la estación del tren.
-Sobre y diez, llega éste y me subo. Ocho estaciones.
-Más ó menos son y media cuando llego a la estación donde me bajo y hago trasbordo al metro, cruzando una estación bastante grande y concurrida, con salida hasta a un centro comercial y todo.
-Entro en el metro tras dos tramos de escalera mecánica. Cruzo andando todo el andén, puesto que sé que si me montó en el último vagón tardaré menos al hacer el siguiente trasbordo. A veces, el metro llega antes de que yo llegue a ese último vagón, cosa que tampoco tiene demasiada importancia. Cuatro estaciones.
-Si he conseguido montar en ese último vagón, es apenas salir, caminar dos ó tres metros hasta la escalera mecánica, ahora de subida, que me permitirá llegar al vestíbulo donde cambiaré de línea. Sino estoy en ese vagón, pues caminaré por el andén un trecho hasta llegar a la escalera mecánica y etc, etc.
-Ya en el vestíbulo, lo más cómodo es coger el ascensor que me bajará de golpe al andén donde haré el último tramo del viaje. La mencionada comodidad del ascensor no es por el uso del aparato en sí (en realidad, prefiero las escaleras. Y más subirlas que bajarlas: cosas del vértigo), sino porque la cabina aterriza justo frente a la cabecera del convoy. Lo que permite, por un lado, que si en ese momento está en la vía... el conductor espere esos dos segundos que permitirán coger ese metro, y no tener que esperar los tres, cuatro minutos a que llegue el siguiente (cuando se va con hora fija, esos tres minutos pueden ser determinantes). Y, por otro lado, que al llegar a la estación de destino (dos paradas), la salida esté justo frente a ese primer vagón, lo que evita tener que atravesar todo el vestíbulo superior, ó caminar por el andén hasta esa salida. Ó, en superficie, cruzar calles esperando semáforos.
-Ya en la calle, son cinco, seis minutos de paseo cuesta arriba hasta el centro de trabajo. Son casi en punto.
-Fichar, subir en ascensor..., eso que ya he contado otras veces.

Bien. La diferencia, la única diferencia, es que de lunes a jueves mis "menos diez, más ó menos" son las doce menos diez. Y la llegada-fichaje, a las trece horas, una de la tarde. Y los viernes, pues son las nueve menos diez, puesto que entro a las diez de la mañana. Eso hace también que sea el viernes el único día en que también tengo el tiempo más ó menos justo y programado: me despierto/levanto sobre las ocho (es el único día en que empleo el despertador. Y aunque cuando suena ya lleve unos minutos despierta y sé que eso será así... prefiero ponerlo. Por si acaso), aseo, café, hidratante, rimmel, llenar botellita de agua, perfume, sandwinch en su bolsa..., ya digo. Poco más.

Ayer (anteayer cuando esto se publique, seguro) fue viernes. Así que la rutina debía ser la diaria... con salida de casa a las nueve menos algo de la mañana. Como cada viernes y como fue cada día en el mes de julio (no olvidemos que ese mes hice once horas diarias de trabajo).
Así que..., aun ahora no tengo claro qué pasó. Qué falló.

En hora punta, el tren ya llega lleno. Pero como mi estación de partida es de las primeras de la línea, y, dos más allá, hay una cerca de una universidad..., bueno, la verdad es que raro es el día que no hago sentada la mayor parte del recorrido. Además los viernes consigo algún periódico gratuito de los que entregan en las estaciones a primera hora, lo que hace más entretenido el trayecto. Antes de llegar a la última estación, pasamos sobre el río (casi todo el trayecto es por superficie: cosas del tren en Madrid). Tengo la costumbre de mirarlo, a diario. Y ayer..., no sé, igual debí tomármelo como una señal. Pero ó no me dió tiempo, ó..., la verdad es que no sé porqué, pero cuando me quise dar cuenta acabábamos de pasarlo. Y no llegué a verlo. Claro que no se me ocurrió algo tan peregrino como que no estuviese en su sitio...
(Que sí, que estaba. Que por la noche lo ví, y estaba ahí. Y no creo que por la mañana se lo hubiesen llevado a ningún sitio ni que lo que vì de noche fuera una foto muy lograda. Que lo mismo, pero..., en fin, que no).

Trasbordo. El metro, ya lleno. Avisaban por megafonía del corte en otra línea. Lo que redunda en retrasos y apreturas en la mía, que es circular. Pero, más ó menos hasta la estación donde hago trasbordo, la cosa la recuerdo normal.
Llego. Salgo. Unos metros hasta la escalera mecánica... que resulta está averiada. Subo andando. No me gusta subir andando las escaleras mecánicas paradas. Opto por la escalera "manual", la de piedra de toda la vida. Las mecánica paradas, ya digo, me desagradan. Me dan la sensación de irse a poner en marcha de golpe. Además, la luz refleja en ellas y, como son de hierro, el reflejo es desagradable. Más aún para una fotofóbica como yo.
Vestíbulo. Ascensor. Horror: está parado. Hay unos chicos con mono azul ante las puertas abiertas. No me queda más remedio que bajar por las escaleras. En esta ocasión, mecánica y funcionando. Dos tramos. Llego al andén... y en ese momento llega también el convoy. Así que me monto. En el último vagón, en vez del primero. Lo que me hace saber desde ya que en la estación de destino deberé andar todo el andén hasta la salida que me deje cerca del lugar de trabajo. Nada: mejor eso que haber perdido el metro y tener que esperar cuatro minutos.

Como digo, son dos estaciones. Por megafonía, las van nombrando. "Próxima estación: Estrella". Lo escucho perfectamente. No voy prestando atención: son sólo dos. Igual estoy hojeando el periódico, no sé. "Próxima estación: Artilleros"

¿Artilleros? Vaya: además de la escalera mecánica y el ascensor, está averiado el sistema de megafonía. No me extraña porque la verdad es que falla mucho (pobres turistas, si se van guiando por éste). El convoy entra en la estación, mi estación de destino: Vinateros. Artilleros es la siguiente a ésta.
Pero..., no. Artilleros. La estación es la que han avisado. No, no ha fallado el sistema de megafonía... he fallado yo. De algún modo, me he saltado la estación..., y no sé cómo ni en qué momento. Es más, estoy segura de no haberla ni escuchado anunciar, ni haber visto el metro pararse, ni abrirse las puertas que tengo a mi lado, ni bajar gente, ni subir, ni... Pero estoy en la siguiente estación. Y por la reacción de la gente..., pues no parece que de veras haya habido ese fallo (sí, sé que puede parecer raro...  pero a veces el metro se "salta" estaciones. Claro que porque están en obras y lo sabemos desde que montamos en el convoy. Y en esos casos se pone transporte de buses alternativo y tal). Así que perpleja... salgo del metro, y planifico la salida: la verdad es que mi lugar de trabajo está equidistante de ambas estaciones. Si me quedo en Vinateros es porque así me "ahorro" esos dos minutos que tarda en llegar a la siguiente, porque la distancia es casi idéntica. Además, casi me alegra estar en la cola del convoy: estoy junto a una de las salidas que conduce a la calle en que queda próximo mi destino...

Tengo un sentido de la orientación casi animal. Felino, digamos: no me pierdo ni aún no conociendo los sitios. Y cuando he ido una sola vez a algún lugar, ya pueden pasar años... que con los ojos cerrados. Eso que dicen de que "las mujeres no entienden los mapas" no va conmigo. Bueno, igual que sepa dibujar planos a escala ayuda algo, ahora que caigo... En fin. El caso es que subo las escaleras (que la estación "desaparecida" y en la que estoy sean hermanas mellizas no ayuda mucho a eliminar mi desconcierto, ciertamente). Y salgo a la calle... que, evidentemente, me es desconocida como paisaje cotidiano. Resulta inquietante eso de salir de una estación que es calcadita a la que atravieso en la rutina diaria y que el exterior sea otro, la verdad...
Como a esas alturas son las diez de la mañana... pues acelero el paso. Mejor dicho: salgo de la boca de metro, me doy la vuelta (mi sentido de la orientación es claro: si en la anterior se sale "de  frente" y se sigue andando..., en ésta, que es gemela, pues se sale y se da la vuelta. Lógico... digo yo) y camino a buen paso.

Camino. Camino. Tiendas de barrio que empiezan a abrir. Bares que son tascas. Un par de franquicias: inmobiliaria, viajes. Árboles. Camino. Camino.
No me suena de nada lo que tengo enfrente. La calle sí es ésa, en la que debo estar. Pero... llevo un buen trecho andando y no, ya debería estar llegando... y es que el barrio me parece otro mundo. Otra ciudad.
Y veo el cartel: "nº del 179 al 201".... agggg..... Y de pronto, me asalta la duda: ¿no estaré soñando? Porque, veamos, primero (y sin pensar en lo del río, lo de no verlo, digo) me "salto" una estación de metro (mejor dicho: es que no me entero de que el tren haya pasado por ella, cosa totalmente inexpliacable).  Segundo, cuando sé, porque lo sé, que mi trabajo está a apenas 300 metros de esa siguiente estación... llevo un rato corriendo... y no sólo no veo edificios conocidos (que debería estar rodeada de ellos: los que mi lugar de trabajo tiene enfrente y veo por las ventanas del aseo cada día) sino que juraría que estoy casi en otra ciudad...como muy de los años 70'...

Dioses: de pronto, recuerdo la serie. En España se ha titulado "La chica de ayer". La del poli que de pronto se encuentra en los años 70'. Ay.... Mi reacción, no sé bien porqué (bueno, claro que lo sé: creo que estoy intentando encontrar una explicación lógica a todo esto) es sacar el bolso el móvil. Sí: tengo móvil. Ergo, no estoy en el pasado: son las diez y diez de la mañana. Y tampoco estoy soñando: no son las cuatro de la madrugada. Y llego tarde. Pero... como la sensación de irrealidad no me deja (que esté llegando el otoño a un sitio como Madrid, con esa luz que tiene esta ciudad, tampoco ayuda), pues saco el abono transportes... donde llevo metida la tarjeta magnética de la empresa, con la que ficho cada día. Sí: la tarjetita naranja y gris existe, ergo, no sé si estoy donde estoy, pero no estoy soñando y es cierto que trabajo ahí. Así que desisto del último trámite (que era sacar el dni, a ver si soy quien creo ser), y sin dejar de andar, intento averiguar qué demonios ha pasado...
Y veo la luz (bueno, la luz del conocimiento, y el cartel de "nº 205". Y me paro en seco. Y me doy media vuelta.
Y el Pirulí (Torrespaña, la mega-antena de TVE) aparece cual faro  en el horizonte, al fondo de la calle en cuanto he girado sobre mis pasos. Horror: !!! estoy yendo en dirección contraria!!!!
Así que me lanzo calle abajo..., eso sí, por la acera del otro lado de la calle, que cruzo casi sin mirar. Más que nada, para no tener que cruzar más arriba, que hay más tráfico que en esto que casi parece un pueblo. Bueno, lo mismo no es esa la razón de mi cruce: igual es para que los comerciantes, jardineros y demás de la zona no se den cuenta de que la loca que antes corría en una dirección ahora lo hace en dirección opuesta.


En fin: que es la primera vez que esto me pasa. Que sigo sin encontrar explicación al hecho, sobre todo, de no haber visto la estación donde, cada día y desde hace seis meses, me tengo que bajar. Que, ya digo: no es que me la saltase (que podría haber sido, que a todos nos ha pasado: un despiste y no nos da tiempo a bajar. Y en la siguiente nos damos la vuelta en el andén y punto), es que ni la ví, ni la escuché ni nada. Que no sé porqué luego en la calle me lié con las distancias y las orientaciones (sigo convencida de haber hecho toda la maniobra de orientación correctamente: es más, que volvería a hacer lo mismo.  Claro que me volvería a perder, ó algo similar).

Que..., lo dicho: que igual esto es un aviso: el disco duro de mi cerebro está a tope. Eso, ó que estoy empezando con síntomas de alzheimer. Cosa que, francamente, ya no me haría tanta gracia...

 

servido por bruxana 10 comentarios compártelo

10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

gritosdesesperados

gritosdesesperados dijo

jajajaja

perdona que me entre la risa guapa...es que me parece algo gracioso, y que habitualmente me pasa a mi.
Soy la persona mas despistada del planeta, me he saltado muchas veces la parada del autobus, o me he perdido por un sitio que creia conocer...
no le des mas importancia...a eso se le llama simplemente DESPISTE, date la oportunidad de despistarte alguna vez, de lo contrario es posible que te acabes colapsando...
Joer, que envidia me das con esa memoria prodijiosa...

besos linda.

Pd...no me admite las tildes hoy...

18 Octubre 2009 | 07:03 PM

bruxana

bruxana dijo

Hola guapa:))
No, si yo a mitad de la mañana ya andaba muerta de risa por los rincones según iba repasando la situación. Y no digamos tras la llamada del de la Nuclear (lo que cuento en el siguiente post)...
;)
Lo que ocurre es que es la primera vez (que yo recuerde) que me pasa algo tan absurdo. Que, ciertamente, lapsus tontos tengo de vez en cuando... pero en este caso sigo sin conseguir explicarme cómo me salté la parada del metro donde me tenía que bajar. Que, como cuento, no es que no me diera tiempo a salir... es que juro que no la ví, no escuché el aviso de la megafonía... y no, no iba leyendo, que podría ser justificación para haberseme ido "el santo al cielo". Lo del despiste/perdida de sentido de la orientación posterior, al salir del metro, ya casi es más explicable..., aunque sigo pendiente de volver voluntariamente a hacer el recorrido, a ver si me centro...
En fin: igual es que me empieza a fallar (por fin!!!!) la memoria...
;)

Un besazo, bruji guapa:))

18 Octubre 2009 | 11:50 PM

julianlennontorreslemus

julianlennontorreslemus dijo

Esas cosas pasan, pero vaya que se siente feo cuando le pasan a uno, fue un muy buen post con o sin intencion me ha hecho reir mucho, un beso.

19 Octubre 2009 | 02:05 AM

kilifa

kilifa dijo

pues perdona guapa...pero ahora ya sabes lo que se siente cuando la nena olvida algunas cosas, o se despista con facilidad....jaja
Ojala y yo tuviera la mitad de tu memoria...no creo que me supiera mal perder la orientacion un dia...jaja

mas besos

19 Octubre 2009 | 10:30 PM

regalices

regalices dijo

Vaya tenia la impresión de vivir una pesadilla, odio llegar tarde, odio perderme. Seguro que no era un sueño !!
Besos.

20 Octubre 2009 | 09:30 AM

lamandragora

lamandragora dijo

jajajajajaja la lectura ha sido larga por tanto detalle que das pero te prometo que ha sido muy util para imaginarme el desconcierto y la cara que tendrias y la verdad... sere mala pero no he podido parar de reir jajajaja.

Ea doña no me pierdo la cagó... esto me encanta jojojojojo

Vale, si, soy mala :P

20 Octubre 2009 | 01:44 PM

bruxana

bruxana dijo

Hola Julian:))
Pues ésa era también la intención: ya que a mí el repentino despiste me descolocó del todo... al menos, que relatarlo hiciera sonreir...
;)
Un besazo:))

22 Octubre 2009 | 12:38 AM

bruxana

bruxana dijo

Hola Kilifa:))
Uy... es que si el despiste fuera cotidiano.... no me extrañaría el "lapsus mental" que ha dado origen a este post. Y es que no recuerdo (¿no recuerdo???? ufff....) haber tenido una laguna de esta magnitud !!!nunca!!! Y espero que no se convierta en habitual... porque entonces sí que empezaría a mosquearme en serio...
:(

Un besazo. Y para la memoria... ¿rabitos de pasa?
;)
:))

22 Octubre 2009 | 12:41 AM

bruxana

bruxana dijo

Hola Regalices:))
Ay... !!creo que tú me entiendes!!!!
Y es que me pasa lo mismo: llevo muy mal lo de llegar tarde a los sitios a los que voy "con hora". Mejor dicho: si llego tarde por culpa mía (hoy mismo: tenía que hacer unos recados, he quedado con una amiga y, casi a propósito, he entrado una hora tarde), pues vale: ya miraré cómo lo recupero ó cómo lo arreglo. Pero, cuando se vá con tiempo que, de repente, empiece a fallar todo !!!qué mal lo llevo, aggg!!!!
;)
Y lo de perderme... es que no tengo costumbre. Que creo que la última vez fue hace como 20 años, en un municipio colindante al mío, qeu no sé cómo, me despisté en pleno centro... y ya digo: perdida como una imbécil. Pero, vamos, que con 12 años me perdí en plena sierra madrileña (en la Pedriza, en una excursión del cole) y como si tal cosa: ni se enteraron: aparecí como a las dos horas, más colorada que un cangrejo por el sol, tras haber subido y bajado pedrusco arriba y abajo... y sin problemas. Y considerando que es uno de los sitios más peligrosos para perderse (que hay montañeros cuyos cadáveres encuentran meses más tarde) pues lo dicho: como los gatos, tengo el sentido de la orientación muy desarrollado, supongo...
;)
Un beso grande:))

22 Octubre 2009 | 12:47 AM

bruxana

bruxana dijo

Ja, ja, ja...
Hola Mandrágora:))
Sí: eres maaalaaaa!!!!
;)
Pero lo peor (ó lo más divertido) debió ser verme subir corriendo calle arriba... para bajar corriendo calle abajo a los dos minutos, por la acera de enfrente. Vamos, teleoperadora de un servicio de élite con puesto de trabajo en la primera empresa del país. Ya...
;)
Un besazo:))

22 Octubre 2009 | 12:50 AM

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Sobre mí

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Diario de una vampiresa en paro

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He sido ex-vampiresa durante los últimos años. Lo que significa que vuelvo a entrar en el juego..., y quiero volver a ser quien fuí.
Lo que pasa es que, para reengancharse hace falta tiempo..., y para eso el periodo de "en paro" viene bien.

¿Más sobre mí, ahora que ya llevo una temporadita aquí? Pues que me gustan los gatos, adoro la música, no me gustan los intransigentes, ni las mentiras (y menos las que busca dañar a otros), que aprendí a leer con dos años, a escribir con tres, que hablo por los codos desde siempre..., que considero vital la comunicación (al parecer desde que nací)
Que con ocho años me regalaron una cámara de fotos y no sabría vivir sin poder reflejar el mundo en imágenes...
... y que mi profesión no tiene NADA que ver con todo esto que he contado...: soy una contradicción en hiperactiva y privada sesión contínua...



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