Casi es jueves.
Definitivamente: no me gusta mi trabajo.
Ya, ya lo sé. Que no me debo quejar (y no me quejo), que tal y como está el tema, lo de poder decir "tengo trabajo" es todo un lujo. Y que quién mejor que yo misma para saberlo, que he estado año y pico sin ingresos de ningún tipo (de ninguno: ni subsidio de desempleo, ni ayudas autonómicas, ni pareja aportando en casa... ni nada de nada. Así que sí: he vivido de las rentas. Mejor dicho: no me quedó otra que "fundirme" el ahorro de años trabajando. En fin...). Pues eso: que soy plenamente consciente de que al fin y al cabo tengo un trabajo... y que no está la cosa para andarse con experimentos. Y precisamente por esto último es por lo que aguanto, soporto... y sigo en el mismo sitio.
Pero eso no quiere decir que me guste. Que no me gusta.
Ni siquiera se me da mal. Tengo días mejores, días peores, días pésimos y días de resultados que rozan lo espectacular. Y es que nunca fuí demasiado estable, para qué negarlo. Mejor dicho: soy tremendamente estable cuando lo que se analiza es el medio/largo plazo. Pero si el asunto va de "medir" el día a día..., lo dicho: soy el caos con rimmel. Tengo asumido en qué consiste esto: intentar que clientes de determinada multinacional decidan, voluntariamente, adherirse a la promoción de determinado seguro del que les estamos informado de su existencia (es todo un eufemismo: digamos que en realidad nuestro trabajo no es otro que vender seguros por teléfono..., pero como se supone que no se puede vender seguros por teléfono -es todo así de absurdo- pues nuestro fín es eso, que nos los compren. Pero sin poder asesorar, ni dar opiniones personales, ni decir que les vamos a "suscribir la póliza", ni... Ya digo: el colmo del eufemismo). Pues nada: que vendo seguros. Es más, que en septiembre fuí la tercera en resultados del grupo (tuve una primera quincena espectacular... y una segunda desastrosa. Porque de haber sido todo como la primera quincena... igual había batido algún record ó algo. Además de eufemístico, esto es absurdo. Mucho). Pero no me gusta.
Estar ocho horas, menos sus descansitos, sentada con el casco-diadema-teléfono puesto... me produce sopor. Llego, a la una, a regañadientes. Me siento a regañadientes. Y mirar el reloj del pc, y ver cómo indica que son apenas las 13:15... cuando a mí ya me parece que llevo una hora allí, y entender que me quedan por delante esas casi ocho horas..., lo dicho: porque el tema está como está en el mundo laboral..., que sino, ahí iba a seguir yo sentadita...
Agggg....!!!!!
Encima, hay días así, como hoy. Días en que me levanto y tengo que ir a hacer algunas gestiones personales, bancarias. Y veo que a las diez de la mañana hay "vida" en la calle. Que se abren los comercios, como yo abrí los sitios en que trabajé durante años. Y me produce desazón y desasosiego verme "fuera" de esa rutina que reconozco como propia. Y me veo pasar, reflejada en los escaparates, y no sé qué hago que no estoy trabajando en lo que me gusta. Y no reconozco a esa extraña que va con el chandal y los mocasines y la pinza en el pelo y la cara lavada, y que no es quien debería ser y no está donde debería estar. Y sé que tendría que estar al otro lado, cruzar el espejo y volver a mi mundo..., pero no sé dónde puse la llave, dónde apunté la contraseña ó cómo se fabrica la pócima que me haría pequeñita y me permitiría pasar al otro lado a través de la cerradura...
Y sólo me queda la realidad, que es lo que hay y no hay otra cosa. Y la realidad es volver a casa y desayunar tan tarde, y disfrazarme de alguien que se parece más a mí y que ya sí que podría estar al otro lado del espejo con ese disfraz, pero que no lo va a estar. Y salir con prisa y con los ojos perfilados a coger el tren, y cruzar media ciudad, y pasar sobre el río estancado, y bajar al metro, y convertime en una mota de polvo dentro de la oruga que me lleva al destino donde pasaré ocho horas, y saldré ya de noche, y cansada, y sabiendo que mañana será lo mismo, y lo mismo la próxima semana, y el mes que viene, y...
Y casi peor si no lo es. Si deja de serlo y no hay otra cosa. Porque el puñetero problema es que no puedo dejar de trabajar. Y mi único pataleo es éste: poder decir, disfrazada de bruxana, que no me gusta mi trabajo...
En fin. Que casi es jueves. Y que, al menos, esta semana ha sido más corta. Y que no trabajo los fines de semana. Habrá que intentar tomárselo así.










gaomy dijo
Pues igual que tu puedo decir que no me encanta del todo mi trabajo, que preferiria hacer otra cosa, pero que al parecer en este momento tampoco se puede una dar lujos, que igual añoro mi anterior situacion. Sabes en verdad la añoro, quizas por eso me parecio tan cercana cada palabra.
Besos.
12 Noviembre 2009 | 05:51 AM