Por fin... viernes.
Hay días malos, muy malos, pésimos, catastróficos... y peores.
Bueno. Pues esta semana en conjunto ha pertenecido a la última clasificación.
Y no porque haya pasado nada de veras malo: ni averías reseñables, ni accidentes, ni gripe (de hecho, mi constipado sigue latente... pero ya se me reconoce al hablar), ni discusiones. Vamos, que encima ni siquiera me queda a qué ó quien echarle la culpa. Pero... es de esas semanas llenas de días que van pasando... y al final de cada uno de ellos una se da cuenta de lo inútiles que han sido esas 24 horas. Y que, mientras pasaba cada uno de los sesenta minutos de cada una de esas horas, se hacía eterno. Ese mirar al reloj y decir "Pero... ¿todavía son las dos menos díez? ¿Hace cincuenta minutos que entre a trabajar... sólo?". Y cuando creemos que ha debido pasar, como poco, una hora... mirar el reloj de nuevo, y son apenas las dos y cinco...
Pues eso, día a día. Una eternidad.
Me he estado levantando tarde (casi todos los días. Hoy, cuando a las ocho ha sonado el despertador... me han dado ganas de arrojarlo contra el armario empotrado, darme la vuelta y seguir durmiendo. Y es que el jueves me dieron más de las diez en la cama). He salido de casa con el tiempo justito para llegar a algo más de las diez a fichar, como el resto de la semana he estado fichando bien pasada la una (esto es: llego sin ganas. A ver si me pongo las pilas mentales y llego antes de esa hora... que me van a dar un toque). El trayecto tanto de ida como de vuelta se me ha hecho eterno: ni revistas, ni libros, ni prensa, ni chuches que engañen el apetito que tampoco tengo. Y así, ya digo, día a día...
Los resultados comerciales (puesto que mi trabajo es comercial, básicamente. Por teléfono, pero comercial), horribles. A la altura de la semana, vaya. Eso de hacer lo mismo, decir lo mismo, ponerle las mismas fingidas ganas que los días de buenos resultados... pero que no, que no funcione. Misterios. Y, claro, eso lo único que consigue es averiar más las cosas. Que la sensación de inutilidad aumente.
Vamos: semanita para olvidar.
A la salida, me he ido con el bus hasta el final de trayecto (centro de Madrid). Caminando, he atravesado la Plaza Mayor. He entrado a curiosear en una tienda nueva en que, al pasar rápido junto a las puertas abiertas, todo expuesto, unas figuras de hierro han llamado mi atención. Me he comprado un par de preciosos llaveros/flores para colgar en el bolso y un broche margarita que se diría real: es una de esas tiendas que te alegran la vida, Tierra, se llama, donde todo son complementos de flores de cuero hechas a mano y alguna pulsera con piedras naturales, cristal y cuerda, donde te reciben regalándote una margarita de papel perfumada que parece real, te ofrecen caramelos y, al pagar, me han obsequiado con unos pendientes-bolita de cristal. Vamos, una tienda a la que pienso regresar cuando esté más animada (ó, mejor, cuando tenga dinero. Que esto no puede ser). De ahí, al H&M, donde me he comprado como media docena de diademas (es que van en grupo), un cinturón que me queda pequeño (da igual: es tan barato todo), un spray de brillitos para el pelo que jamás usaré. Y de ahí, al Zara (era la primera idea, la verdad) a ver si les quedaban bolsos de rebajas..., que no necesito, por otra parte (voy con uno rojo, moderno, pero de mala calidad... teniendo los carísimos de piel en el armario. Parezco... no sé ni yo qué parezco ya), y que ya no tenían. Bolsos de rebajas, digo. Así que he cargado con dos camisetas casi infantiles (casi. Los dibujos tienen un puntito siniestro... que precisamente es lo que me ha entrado por los ojos al primer vistazo, ahí en el montón y en la sección de ropa para adolescentes), también muy baratas. Y he concluido comprándome un regalo: otra tortuga, para mi colección. Y apenas he tardado nada en regresar a casa: poco más de cuarenta minutos. Desde el mismísimo centro de Madrid. Hay días que he tardado hora y media en el mismo recorrrido...
¿Si me ha animado? Pues no del todo. Y menos si pienso que he gastado un dinero que no debo gastar, que el tema económico va a peor... Aunque cuando en casa me he probado la camiseta de manga corta con una especie de Alicia con su gato de Cheshire en un columpio (seguro que no es eso... pero a mí me lo recuerda), la diadema negra con su flor idem junto a la oreja, y me he mirado al espejo, y me he visto un curioso aspecto de niña mala, de disfraz con algo que no lo es... al menos me he podido decir a mí misma que, por fin... !!!la maldita semana laboral se terminó!!!!
Ufff. Qué ganas de tumbarme en el sofá, y descansar, que tengo...








fenicia dijo
Feliz fin de semana!!
kisses vampiresa
Feni
23 Enero 2010 | 12:47 PM