Soñando besos.
Fue el último sueño de la noche. De una noche de ratos de insomnio y pausas de duermevela, de sobresaltos sin explicación racional, de escuchar los latidos de mi propio corazón, cómo se aceleraba y cómo se iba ralentizando por tiempos. De, seguro, otros sueños que no recuerdo. Una noche consecuencia de lo que pudo ser un ataque de ansiedad, y que si no lo fue, es porque ya conozco los síntomas y cómo irlos controlando...
El sueño. En el sueño, estoy dando un curso. Como alumna, digo (ó eso creo, que estoy asistiendo y no impartiendo). Da igual. Tampoco recuerdo de qué iba el curso. Imagino que otro más de los que dí hace tres, cuatro años, aprovechando el desempleo con subsidio y, aunque en "b", sueldo. En el sueño estoy dando un curso, aunque no recuerde ya de qué, ni con quien. Sí sé que es en un colegio cerca del barrio donde me he criado y donde voy todas las semanas. En el sueño, de pronto, reparo en ese detalle: el sitio donde estoy. El barrio. La zona. Y, de pronto, mi prioridad es buscar el modo de verle...
Creo que en mi sueño combino la idea de dar clase con la sensación de estar sujeta a un horario rígido de trabajo donde no se puede una escaquear, ó, si acaso, unos minutos y sin ir muy lejos. Mi situación laboral actual, vaya. Por eso, me recuerdo planificando a ver cómo..., hasta que me doy cuenta de qué tonta soy: !!! si estamos en el mismo edificio!!! Sólo tengo que bajar a la planta baja, entonces. Estoy en el segundo. Y sé que él está en el bajo.
No recuerdo la escalera. Sí su olor. Es curioso el mundo de los sueños. Recuerdo una luz sucia, y el olor de centro escolar. Ese olor a goma de borrar, a colonias infantiles, el olor de la comida de viviendas diversas que entraba por las ventanas del patio. El olor de tener el triple de niños permitidos en cada clase, y sin ventilación apenas, y con muy poca limpieza por parte del centro... El olor del colegio de mi infancia, en ese barrio. Y es que estoy en el colegio donde estudié de niña. E, ignoro porqué, él está abajo. Abajo, cuando en mi antiguo colegio no había otra planta que ésa: era la planta baja de un edificio de viviendas.
Veo el colegio como era. Voy hasta la clase, cruzando un pasillo de suelo de terrazo sucio, con friso de plástico marrón y gris en las paredes. El pasillo no tiene ventanas, y es estrecho. Más estrecho de lo que recordaba: claro, yo he crecido... Voy hasta la clase, que es donde estudié 6º de EGB. La clase de mis diez, once años. Sé que está allí. No sé ni porqué está, ni porqué lo sé. Pero está.
Las ventanas quedan a la derecha, pero frente a la puerta. Y es que la puerta está en un rincón, y hay que darse la vuelta para ver el aula. Las ventanas son dos, grandes, pero más pequeñas de lo que recordaba. Y, sí, está allí. Entro, saludo, y no sé si me responde. Lo que recuerdo claramente es que no me hace caso. Está solo. Arreglando un ordenador. No sé porqué está allí, ni qué hace arreglando nada. Veo ese aula tan conocida y tan recordada (curioso, ahora recuerdo que, además, también dí parte de 8º de EGB. Y no lo había recordado hasta ahora mismo... tantísimos años más tarde). Y la veo desde donde nunca la ví: desde la pizarra. Desde donde la veían mis profesores, claro. Y estoy frente a él, que arregla un pc y no me hace caso. La luz proviene de dos fluorescentes supervivientes entre otros muchos ya fundidos. Las persianas están casi bajadas. Veo sucios los cristales de las ventanas. Entiendo que ahora esa clase es algo así como un almacen: ya nadie da cursos de nada allí. Por eso él está. Pero no sé porqué está, ni porqué el ordenador y las herramientas, ni porqué su indiferencia ante mi presencia...
Pero no me amilano. Y repito el saludo. Y, como la cosa más normal del mundo, voy hasta él. Dos pasos desde la pizarra. Nos separa la mesa donde están las herramientas y el aparato que tanto retiene su atención. "Anda, ven que te dé un par de besos, que esto no es modo de saludar a los amigos", creo que digo, en el tono más distendido que se me ocurre... aunque mi ánimo es otro. Porque no entiendo esa indiferencia, y me duele, en el fondo, aunque sé que no debería dolerme. Que no hay razón. Que no hay nada. Que ni siquiera tendría que saludarme, si no le apetece: yo no soy nadie en su vida. Y hace más de un año que no nos vemos, que no ha sabido nada de mí. Y los besos son ese contacto de mejillas y poco más, esos besos de cortesía lanzados al aire. Y, de pronto, el olor de su piel. Y el tocarle al acercarme. Y...
Y me mira. Y sigue a lo suyo. Y, sí, quizá me saluda. Y yo entiendo que debo irme, que no pinto nada allí. Y el olor de su piel se mezcla con el olor de las tizas, de la colonia infantil, de lo que en ese momento sé que es el olor de la primavera en la calle, y no sé porqué este sueño, otra vez y otra vez con él, tiene olor. Y me voy a ir, sé que digo algo como "veo que estás muy liado. Nada, que estoy en un curso aquí arriba y bajé a saludarte, no te fueses a enterar luego que estuve por aquí y ni me acerqué". Y lo digo todo fingiendo una despreocupación y una ligereza que no siento, pero que...
Y, entonces, me vuelve a mirar. Y sé que en ese momento me ha visto. Que es como si hasta entonces, no se hubiera dado cuenta. Y me reconoce. Y..., no sé. En el mundo real, las cosas nunca fueron así ni serán nunca. Pero esto es un sueño. Y estoy en un sitio que ya no existe, y...
- Ven aquí, que te salude en condiciones, que ya está bien..., que no sabes las ganas que tenía de hacer esto de una vez....
Y me besa. Y siento sus labios en los míos, que se abren para recibirle. Me besa atrayéndome hacia sí desde los hombros. Y yo mantengo los ojos abiertos un segundo, y veo la luz del sol que lucha por entrar a través de las rendijas de las persianas bajadas. Y cierro los ojos. Y me dejo llevar... Y no sé qué más me dice, mientras me sigue besando...
Y me despierto. Y ya es la hora de levantarme, y no puedo permitirme intentar volver al sueño...
Es sólo un sueño. Pero... No sé. Nunca me ha besado. Nunca, nunca, pude deducir que quisiera hacerlo. Ó... igual sí, qué sé yo. Sé que nunca lo hará. Probablemente, porque tampoco vuelva a verle, ni él a mí, ó igual sí, ó... Pero sé que besa así. No sé porqué lo sé. Tal vez, por lo mismo que mientras traté con él sabía tantas cosas que no me contó antes, pero que hacían tan naturales todas nuestras conversaciones. Sé que besa así. Y es que el beso de mi sueño no era el recuerdo de otros besos, de otras personas. No. Sé que sólo fue un sueño, pero sé que era él quien me besaba. Sé que besa así...
Y ese sueño tal vez fue lo único positivo de esta semana horrorosa. Que me levanté como si me hubiese pasado por encima una apisonadora, porque apenas había dormido y me sentía fatal y no me podía quedar en casa y todavía me quedaba el día que no podía ni imaginar tan catastrófico como fue..., pero estaba ese olor, ese recuerdo, la humedad de sus labios en la humedad de los míos. Un beso inesperado en el sueño, imposible en la realidad. Pero que sé que es así. Que, aunque nunca me bese en la realidad, ni yo necesite que lo haga..., he soñado con sus besos.
Y sé que fueron un sueño. Y, aunque no sepa porqué, sé que realmente son así.







luzblanca7 dijo
Bruxi menudo sueño tan precioso, creo que jamás podrás olvidar ese beso que aunque fue un sueño , para ti fue real y sabes que él besa así.
Quédate con ese sueño, los bonitos sueños hay que guardarlos en nuestro corazón para siempre...
Me ha encantado tu sueño de amor,el sueño de ese beso imaginario pero que parece tan real, y ¿ por qué no puede ser real?...Inténtalo Bruxi !!!.
Que pases un feliz fin de semana lleno de paz y armonía y un feliz día de San Valentín.
Abrazos de oso Maika
14 Febrero 2010 | 03:21 AM