Sin excusas que aplicar.
Si pudiese hacer lo que de veras me apetece, hoy, haría otra cosa a la que no me queda otro remedio hacer...
En Madrid, hoy es invierno-invierno. Ya, ya imagino que en el resto de España también. Y que en febrero siempre es invierno. Pero en Madrid no todos los años tenemos un invierno "real" (con sus heladas, su frío polar, su lluvia, su nieve...) y no estábamos muy acostumbrados. Ayer nevó. Mucho. Luego la lluvia ha deshecho la nieve. Ahora está lloviendo, y la lluvia que cae está helada. No apetece salir. No apetece salir para pasar luego 8 horas encerrada en un edificio sin ventilación, casi sin ventanas, con luz artificial y lleno de malas ondas. Las de los ordenadores y las de la gente...
Me apetecería quedarme en casa. Tomarme otro café con calma, ó, mejor, un té con leche. Llenar de agua caliente la bañera, echarle sales, ó una de esas bombas de espuma que duermen en el cajón de la lencería porque la rutina no permite recordar que existe la bañera y existe para usarla para algo más que lavar alguna alfombra de vez en cuando. Meterme en la bañera llena de agua, sales y espuma y quedarme un rato largo, en vez de la ducha rápida que debo darme en cuanto termine de escribir esto. Pasar la mañana leyendo y comentando en los blogs amigos, quizá, descubriendo alguno nuevo. Descansar del ordenador a ratitos, saliendo a la terraza para quitar alguna hoja seca de mis geráneos, que empiezan a llenarse de nuevos brotes. Escuchar la radio hasta que me aburra la programación local y pasarme, entonces, a un buen cd. Reordenar mis fotos digitales, los papeles del despacho, el caos de la mesa del salón. Planchar una camisa, el jersey negro de seda y el de algodón, que cuelgan de sus perchas en el picaporte de la puerta del comedor desde hace..., yo que sé cuanto tiempo ya. Tal vez, llamar a alguien por teléfono..., ó no, dejar hoy descansar el teléfono para descansar también yo...
Sigo "tocada" por el caos que fue la pasada semana. Es como si todo el sueño que no dormí me viniera de pronto, y se quisiera quedar conmigo, y me arrastrara a la cama. Y yo me resisto, y, además, tengo tantas cosas que hacer en el mundo real... y me apetece tan, tan poquito lo que no tengo otro remedio...
Pero tendré que obedecer. Y darme ahora esa ducha con prisas, vestirme sin miramientos, pintarme un poco los ojos, recogerme el pelo con una pinza grande, calzarme las botas de montaña. Echar al bolso cualquier cosa para comer a media tarde. E iniciar la excursión de todos los días, la excursión rutinaria a la rutina, a ese sitio que no me aporta nada pero que es mi trabajo. No sé por cuantos días, pero mi trabajo al fin y al cabo.
No me apetece nada. Pero tampoco puedo evitarlo. Porque en esta empresa ni siquiera se puede poner una enferma, sobre todo cuando hace tanta falta cada céntimo de euro del sueldo. Y es que aquí ponerse enfermo supone descuento en la nómina..., así que terminarán consiguiendo que seamos un grupo de empleados enfermos fingiendo trabajar... Eso, si no lo somos ya.









Traicionando la utopía dijo
En días así hacemos de tripas corazón y no nos queda otra que salir al mundo y despertarnos con el frío en la cara, que tengas un buen día.
16 Febrero 2010 | 11:32 AM