Filo.
No pasa nada. Eso sí que lo tengo claro, muy claro. Ni pasa, ni va a pasar nada.
No pasa nada, porque no debe pasar. Porque no me voy a volver neurótica por una tontería. Por dejarme llevar por mi intuición felina. Ésa que, ya sé, nunca me ha fallado. Pero no. Porque aunque tenga claro que mi intuición no falla, que si me estoy dando cuenta es que es así, que han sido cientos de veces en el pasado en que me he dado cuenta y pasaba, pues... Que esas otras veces también me he repetido que no, que eran imaginaciones mías. Que no pasaba nada y punto...
Que al final todo es cosa de sentarse a esperar. Mejor dicho: de sentarse y ver la función representada por otros. No participar. Y dejar que se cierre el telón, y aplaudir si acaso. Y recoger la silla plegable y volver a casa. Y es eso lo que pienso hacer. No, no me voy a implicar, esta vez no.
No me voy a implicar más de lo que ya lo estoy. Porque... porque no. Porque no pasa nada. Ó sí, pero no voy a permitir que me afecte, ni implicarme más, ni...
No pasa nada. Es... es sólo esa sensación de, no sé bien cómo, temer estar de nuevo en el filo. Haber pasado del mango de la navaja, ese sitio cómodo donde se ven las muescas ajenas, al filo. Haberme despistado, haber avanzado como en un juego... y, de pronto, darme cuenta de que no estoy en el lado ancho de la hoja... sino que si me muevo un milímetro más, ya no habrá solución: me habré herido.
No: esta vez no.
Como decía: no pasa nada. Es, simplemente, la primavera. El olor de las mimosas, que la pertinaz lluvia no me deja aspirar, pero que está ahí. Como mi alergia. Como están las cosas que, aunque no se quieran vez y aunque me empeñe en mirar para otro sitio, si que están presentes...
Y no sé si finalmente habrá heridos en este juego de manos y navajas. Pero, si puedo evitarlo, no seré yo.
Aunque sé que docenas de veces a lo largo de mi vida, en mi mente, se ha desarrollado un post como éste y, al final, las cosas salen como tienen que salir. A pesar de mi intuición felina. A pesar de mi sentido común. Y es que el olor de las mimosas es lo que tiene: en cuanto las calienta el sol, perfuman la noche. Nos pongamos como nos pongamos al respecto. Y sin solución.








gritosdesesperados dijo
Pues si no tiene solucion, no la tiene. No le des vueltas.
Y ya.
besos linda
13 Marzo 2010 | 09:10 AM