Negro sobre blanco.
Tú no lo sabes, claro, ¿cómo podrías saberlo?, pero una tarde de septiembre cometí uno de los mayores errores de mi vida. Me enrollé..., no, no fue así: hice el amor con mi mejor amigo. Pasó, y punto. A los dos nos apetecía..., da igual: no voy a excusarme por eso. No me arrepiento ni me avergüenzo, ¿cómo arrepentirme ó avergonzarme por algo que fue uno de los momentos más bonitos de mi vida? Pero sé que fue un error. Han pasado muchos años, pero sé que también entonces supe que había sido un error. No debió pasar, pero pasó.
¿Por qué te cuento esto? No lo sé. Quizá porque ignoro si alguna vez te lo diré en persona. Imagino que no. Ó sí. Tampoco sé, en este instante, si leerás esta carta. Supongo que si la estoy escribiendo es porque pienso que en algún momento claro que llegarás hasta aquí. Algunos momentos he llegado a entrever que ya habías llegado, aunque disimularas y no me dijeses nada en persona. Ó, tal vez, dudas de si bruxana y la yo que conoces somos la misma persona.., quién sabe... Da igual. Tal vez leas este texto pero no imagines que te lo escribo a tí. Y eso sería lo mejor que nos podria pasar: sería que en realidad no pasaba nada. Que esto que me da bocaditos en el alma por las noches desde hace unos días, en realidad no tiene nada que ver contigo. Que son imaginaciones mías como, seguro, lo son tantas cosas... No sé porqué he empezado este texto contándote aquello que pasó hace tanto...
¿Qué te estoy queriendo contar? Pues no lo sé. Podría decir que no me atraes como hombre y no estaría mintiendo, aunque tampoco sé si diría la verdad. Y es que hay relaciones en las que esas cosas ni se plantean. Supongo que contigo me pasa esto. No te he visto como hombre. Y me consta que tampoco tú a mí como mujer. Bueno, sí, claro que me habrás visto como mujer, que soy muy poco andrógina..., pero... sé que tú me entiendes... Por eso..., por eso me asusta estarme dando cuenta de algunos detalles. De algunas miradas. De frases con doble sentido que yo recogía y éramos cómplices, y hasta jugábamos a escandalizar a los demás. Pero... lo que antes interpretaba como juego... ,de pronto creo estar entendiendo como realidad. Y..., no, no quiero que creas que me molesta. No, de veras que no es eso. No me molestas. No me ofendes ni me siento acosada. Es..., es que me da miedo.
Tú no me das miedo. Me da miedo hacerte daño. Me doy miedo yo.
Si pensase que, simplemente, pudiera tratarse de atracción física..., te juro que no le daría la menor importancia. De verdad. Porque esas cosas se pasan, ó se quedan ahí y se vive con ello. Ó se llevan a cabo: cuántas tonterías llevaremos ya a las espaldas los dos en ese sentido.
No, de verdad no creo que sea eso.
En realidad, si estoy escribiendo esto, esta carta que probablemente no leerás nunca y que, sé, es bastante incoherente, es como un modo de liberarme de esta sensación rara que me persigue desde hace días y que no quiero que se mezcle en mi realidad y que repercuta en nuestra relación. Poner negro sobre blanco y contar, y contarme, que me caes muy bien; que, si me lo propusiera, incluso me gustarías como hombre. Pero que no quiero otra cosa que amistad. No quiero nada más allá de lo que he tenido contigo hasta ahora.
Supongo que esta semana que empieza dentro de unas horas nos volveremos a ver. Y no te imaginas cómo y cuanto deseo que las cosas sean como eran hasta hace unos días. Cómo quiero que no haya dudas, que no me quede pensando cosas raras cuando te vas, ó me vaya yo sin irme del todo por tener la sensación de que no he dicho lo que esperabas oir; que te pueda contestar y responder sin tener que pararme a valorar mis palabras. Que no haya nada más.
No sé en qué momento las cosas han empezado a cambiar. Pero estoy segura de que es así. Y me temo que fuí yo la que hice algo, la que se saltó una regla y lo estoy estropeando todo. No sé cómo volver atrás, porque hay cosas que no se puede rebobinar. Creo que he metido la pata y ahora no sé cómo actuar.
Tal vez en esta carta sólo estoy intentando pedirte perdón. No sé cómo, pero temo hacerte daño. Y es que, sí, sé que entender cosas que no son te iba a herir... Y, si algo tengo claro, si de algo estoy segura en todo esto, es que no quiero hacerte daño. No quiero que lo pases mal. No, no por mi culpa.
No quiero que lo pases mal, y no sólo por mí, sino en general. Porque si algo tengo de veras claro en todo este embrollo... es que no te lo mereces. Aunque tu mérito sólo fuera que algunas veces me has hecho reir, y no es ésa tu única virtud, claro... Y escribo esta tontería y, sin verte, te veo sonreir. Nos hemos reido mucho juntos, sí.
Y, aunque sólo fuera por eso...sería un delito que mi respuesta final fuese hacértelo pasar mal por no haber sabido calcular a qué distancia está la amistad del deseo.





bruxana dijo
Cierro (al menos de momento) los comentarios en este post.
¿Razones? Que se trata de una carta a alguien concreto (creo que ya cerré algún otro post por la misma razón). Y que va directamente ligado al anterior post (Filo)
Así que si alguien quiere comentar, puede hacerlo allí.
Gracias por entenderlo y entenderme. Besos:))
14 Marzo 2010 | 09:16 PM