Martes de marzo. Víspera de no-festivo.
Bueno... pues aquí, martes a media tarde, redactando un post... En algo que no sé si considerar medio-vacaciones (sin sueldo. Mejor dicho: a recuperar las horas en el momento en que la empresa lo estime) ó, directamente, tomármelo como sé que es: última estación antes de la llegada final al fin de la línea. Despido, vamos.
Sabemos desde primeros de mes que esto iba a pasar. En realidad, sobramos gente (por lo pronto, el único chico de la plantilla, que llegó en octubre, y servidora, que en abril hará un año... y es la única "superviviente" del grupo de 6 que entramos). Lo más barato y cómodo para la empresa, tal y como nos dijo la jefa de la campaña (Marta, se llama) es despedirnos a los dos. Y, probablemente, a alguien más: no hay trabajo para diez personas. Lo que pasa es que la chica prevee bastante trabajo en breve... e imagino que entre eso y que le somos rentables (mucho más, en términos de productividad, que algunas indefinidas a quienes no se atreven a despedir... porque suponen un coste en indemnizaciones. Cosa de legalidades y burocracias, qué le vamos a hacer) pues se han buscado soluciones alternativas. Y una de ellas, la más fácil y asequible para todos, es que en cuanto no hubiera trabajo nos quedáramos en casa... y ya recuperaremos las horas no trabajadas en cuanto lo haya.
Si es que lo hay, claro.
Si no lo hay, en mi caso serían los días que me corresponderían de vacaciones anuales por el tiempo trabajado en lo que va de año. Esto es: si me despiden, lo uno por lo otro: ni me descuentan días por no haberlos trabajado, ni me tienen que liquidar en concepto de "vacaciones devengadas y no disfrutadas en el periodo laboral transcurrido". Con esa baza estoy jugando.
El caso es que el trabajo se ha terminado hoy antes de las tres de la tarde. Y a esa hora nos hemos ido media plantilla (se han quedado las indefinidas, a las que colocan media jornada en otra campaña, la única chica con turno inferior a ocho horas, y otra que ya tiene una barbaridad de horas para recuperar). Y a las tres y media estábamos tomando café en el bar de enfrente. Y hasta casi las cinco estábamos hablando en la calle: es lo que tenemos en este sector, que hablamos, y hablamos y hablamos... hasta cuando no es necesario porque nos hemos quitado el casco-diadema-teléfono. El caso es hablar.
Y no eran las seis cuando estaba en el centro de Madrid... sin saber en qué dedicar esas horas sorpresa, que tanto necesito tantas veces... y que, al tenerlas, no sé en qué emplear. Yo, una cámara de fotos en el bolso, Madrid... y sin que juntar los tres elementos, esta tarde, me resultara tentador. Y exposiciones por ver, y escaparates para recorrer, y obras ya terminadas que ir a visitar, y... Y me he vuelto a Atocha y de ahí a casa: no sabía qué hacer con el tiempo...
Patético.
Así que mañana, pasado..., el lunes, estaré esperando a que me llamen, si hay trabajo. Quedamos a disposición de la empresa (una de las chicas y el único chico, no, que han optado por las vacaciones. Y hacen muy bien, dicho sea de paso). No sé. Me consta que este tiempo "libre" me viene bien y me hace falta: casa por limpiar, familia a la que visitar con calma, comida en casa de mamá, ordenador, currículums, fotos que organizar, vaguear, depilación y manicura, lecturas atrasadas... Y pensar. E intentar poner en claro mis ideas. Aunque mis recientes fantasmas no tengan que ver, exactamente, con el trabajo precario y sus consecuencias si se termina..., creo que estos días de distancia, de cambiar de aires, pueden venirme bien. No sé.
La verdad es que no estoy segura. Porque viniendo en el tren, viendo de día este archiconocido recorrido que llevo tantos meses viendo de noche... sentía en el pecho una extraña opresión. Extraña pero conocida. Recordada de algunos miércolesantos con un largo fin de semana por delante... y sintiendo que dejaba atrás algo que me hacía falta tener. De algunos comienzos de vacaciones veraniegas que, igual, tampoco eran tan deseadas porque el viaje dejaba atrás algunas palabras sin pronunciar. No sé. Esa sensación rara..., más rara aún cuando se estaba produciendo un martes de marzo, sin fiestas al día siguiente. Ni fiestas ni trabajo.
Qué raro es todo. Qué raros somos.







fenicia dijo
Es verdad amiga,que raros somos y que raro es todo.
Un besote
Feni
17 Marzo 2010 | 09:48 AM