La primavera nunca se me dió bien.
A veces pienso que la verdadera razón por la que hago fotografías, tantas y desde hace tantos años, y cada vez más, es porque siempre supe que es lo único que, al final, se mantiene en el tiempo. Lo que fue. Ó lo que fingimos un momento ser: ese posado para la foto, ese momento de fingida alegría, de ropa nueva, de espacios ordenados.
No sé en qué momento empecé a entender que la vida es un contínuo perder. Perder cosas, perder oportunidades, perder gente. No soy una persona nostálgica (aunque soy consciente de haber dado esa imagen muchas veces, tal vez demasiadas). No echo me de menos el pasado. Simplemente, mi memoria hace que recuerde casi todo: gentes, lugares, espacios, sensaciones... Pero no volvería atrás. Si acaso, algún momento..., pero sólo eso. Recuperar por un instante algunos detalles, algunos olores, un tiempo en que todo pareció posible, un escalofrío de ilusión. Pero sólo eso: momentos. Algunos momentos, únicamente.
Echo de menos a muy pocas personas, por ejemplo. Recuerdo a muchas que pasaron por mi vida. A bastantes, con mucho cariño. Deseo de todo corazón que estén bien, me acuerdo de ellas... Pero, echar de menos... Pocas. Es más: sólo echo de menos a quienes sé que nunca volveré a ver. Ó a quienes me consta que sería difícil que volviéramos a vernos. Sobre todo, porque el paso del tiempo erosiona algo más que los paisajes. Y algunas personas queridas, con el paso de los años, dejan de ser quienes recordamos. Algunos reencuentros, por tanto, es mejor no tenerlos nunca...
No sé qué voy a echar de menos dentro de quince días. En estos momentos, no, aún no lo sé. No me ha dado tiempo a asimilarlo, simplemente.
Esta tarde he firmado la carta de despido de mi empresa. Debería emplear el plural (no sólo yo salgo, de momento, de la empresa), pero en estos instantes me siento tremendamente..., no sé si egoista es la palabra. No, creo que no es la definición. Me siento despistada. Perdida. Sin tener claro qué va a pasar. Ni dentro de quince días, ni en éstos que aún me quedan para trabajar allí.
No me ha pillado de sorpresa. Cualquiera que haya leído estos últimos días lo que he podido publicar (y al decir 'leído' que se entienda 'leer entre líneas', más allá de los post que son simples pasatiempos) sabrá que era algo que esperaba. No me ha pillado de sorpresa, no. Y menos cuando hace apenas una semana me desperté en pleno ataque de pánico, a poco más de las cinco de la mañana... huyendo de una reunión soñada que hoy, casi paso por paso, se ha repetido en la realidad.
Creo que en este momento, ando en estado de shock, en cierto modo. Quizá también influyan algunos pequeños dramas domésticos, como que se haya 'apagado' la tele y no me capte el tdt más que media docena de canales inútiles, que no me funcione el sonido del pc, que casi me cargue el microondas, que me haya pasado la estación de tren donde me apeo desde hace años (y haya tenido que retroceder. Es la primera vez que me pasa), que me duela la piel, que mañana tenga que entrar a trabajar a las diez de la mañana, que me encuentre alguna desagradable sorpresa en el propio blog, que... Y alguna otra cosa que no soy capaz de admitir ni reconocer, pero que están en el fondo de todo esto y que me duelen desde hace días, y que en realidad fue lo que me hizo despertar asustada... Igual es que, como digo Scarlett O'Hara: es mejor pensarlo mañana.
En el cielo hay unas nubes azules como velos, como sábanas de satén. Como las sábanas de mi cama. Se mueven, y tras ellas asoma una luna llena majestuosa. La misma luna llena de todas las semanasantas. La luna llena que menos me gusta de todo el año.
La primavera nunca se me dió demasiado bien.
Como siempre, al final sólo me quedarán las fotografías. Bueno. Hay algunas historias de las que no queda ni eso. Y tal vez de esos recuerdos sin foto, además de argumento para post, sí me queda la nostalgia.





saturnino dijo
Las fotografías (también las películas) "congelan" de alguna manera el tiempo. Es algo mágico y extraordinario: una serie de compuestos químicos, papel, luz... ¡y la magia está hecha! Conseguimos engañar a nuestro cerebro y el tiempo en el que fuimos felices o tristes, indiferentes o interesados, atractivos o desaliñados, vuelve a abrirse ante nosotros. Pero es un truco. No se puede congelar el tiempo de ninguna forma. Sólo, si acaso, con la imaginación. Pero los recuerdos son tremendamente maleables. Y las cosas no son como son sino como se recuerdan. En realidad, no son como se recuerdan... Pero nos creemos que sí y tan contentos.
Qué gran desilusión nos llevaríamos si pudiéramos "viajar" en la máquina del tiempo para ver la realidad pasada.
Bueno, quizás también alguna que otra alegría al comprobar que lo que creíamos malo, tampoco lo fue tanto.
En fin, un argumento para, como bien dices, mirar al presente y al futuro. Y menos al pasado. ¿Hay algo más triste que las fotografías antiguas? sobre todo si son de nosotros, de nuestras vivencias... También son alegres, a veces, pero las menos. Aun así, Bruxana, la fotografía es un arte extraordinario. Precioso y creador.
Y tú eres buena fotógrafa.
Espero que tengas suerte en tu próximo trabajo. Por lo que nos cuentas, tal vez te vuelvan a coger en donde ahora estás, pero si no es así, ¡ya saldrá otra cosa! ya sé que eso es fácil de decir "desde la barrera", pero quizás con mi modesto "buen deseo", de alguna manera, de alguna extraña y mágica manera, y porque creemos en la magia, envíe alguna forma de energía positiva que sirva para dar un pequeño empujoncito a tu suerte, que espero que sea muy buena.
Un abrazo grande y animoso para ti, Bruxana.
31 Marzo 2010 | 05:49 PM