Cuenta atrás.
Una semana. Justa. Sin prórrogas.
Eso es lo que me queda de trabajo en la empresa. Ni un día más, ni una hora menos. Lo de horas menos no me importaría, la verdad: llevo dos días trabajando once horas diarias... y me quedan por trabajar eso, once horas diarias la semana que me resta.
¿Si se me está haciendo largo? Pues no lo sé. Supongo que sí, que estos dos días se me han hecho eternos. Pero..., también, al ser consciente de que son los últimos..., no sé. La verdad es que soy incapaz (por primera vez en mi vida... ó, al menos, en lo que recuerdo) de tener claro cómo explicar qué es lo que siento.
Creo que tengo conectado el piloto automático... y que lo tengo conectado como simple mecanismo de autodefensa. También por eso intento hacer el indio todo lo que me es posible (y todo lo que me acompaña el ánimo). Autodefensa, para no pensar.
Cinco jornadas laborales completas. De once horas. Y sin tener apenas que hacer. Porque es probable que la próxima semana estemos días con los brazos cruzados... ó, incluso, que terminen por mandarnos a casa, con el consiguiente descuento en la nómina. Cosa que no me puedo permitir.
Esta historia me viene en el peor momento posible. En muchos sentidos. A ratos, pienso que no quiero pararme a pensar más... para no tenerme que dar cuenta de cuanto me puede estar afectando todo esto. Y es que no quiero que se me note. Simplemente. No, mientras siga allí. No ahora.
El miércoles de la próxima semana, a estas horas, toda esta historia habrá terminado. Seguramente, para siempre (el compromiso de la empresa pasa por recolocarnos, mejor dicho, 'repescarnos', en el momento en que el trabajo efectivo vuelva a la normalidad. Hay optimismo, a veces incluso desaforado, en parte de la plantilla. No pertenezco a ese grupo de optimistas, lo siento: soy demasiado realista. Aparte, sé que aunque volviera... las cosas no volverían a la casi normalidad en que habían conseguido estar... En muchos sentidos).
Una semana. Justa. Hoy ya empezaron las despedidas. Despedidas. Qué poco me gustan... cómo me recuerdan a alguien que, para no tener que despedirse de mí, me mandaba a hacer cosas... para que cuando regresara ya se hubiera ido. Qué de despedidas no realizadas acumulo desde esos días; cuanto dolieron algunas, precisamente por no poderse hacer.
Cuanto me está empezando a doler, desde ya, esta última semana. Y, lo que es peor y más me desconcierta: qué extraño es que esté desarrollando algunas sensaciones tan parecidas a la nostalgia, esa desconocida.






erremege dijo
Pues a esta semana, que le siga por lo menos otra de relax, de vacaciones, que también viene bien el asueto, y cuando te hartes de estar de tranqui a ponerse las pilas y a volver a la jungla de los horarios y los metros, trenes y demás.....que algo irá saliendo, aunque sea para cubrir los gastos.....ya si me entero de algo por lo mío te digo, aunque también está jodido, pero bueno.....a disfrutar la semana que queda y sobre todo la de después.....besitos
8 Abril 2010 | 08:34 PM