Miradas.
Colecciono miradas. Miradas que fueron un momento único, miradas que no se guardaron en una fotografía y, por tanto, el tiempo no puede amarillear.
Guardo esas miradas en el archivo inviolable de mi memoria, no necesito pasar lista: sé que están todas.
Están aquellas miradas de "M", entre el brillo y la sombra de sus pestañas, en la penumbra de aquella tarde de julio. Ese instante de animal satisfecho que, apenas un segundo más tarde, querrá más ó se encerrará en sí mismo, pero ahora me mira, un momento, y yo guardo esa mirada en mi archivo. Como guardé aquella otra que encontré al abrir los ojos, su mirada sobre mí, y es una mirada nueva, de curiosidad más allá del deseo, aquel mediodía de agosto.
Guardo las miradas de "K", aquellas en que yo me sabía única entre tanta gente, porque él me miraba y yo lo sabía incluso sin verle. Y nos mirábamos. Y yo conservaba esa mirada para cuando no estuviera, porque sabía entender lo que no me dirían sus labios, pero me lo estaban diciendo sus ojos. Tal vez por eso aún alguna vez sueño con él y son tan reales los sueños: en mi album de recuerdos secretos las miradas tienen vida propia y continúan una historia que en la realidad no pudo ser.
Conservo como oro en paño esas miradas que me hacía resplandecer. Sus ojos grandes acariciándome, mirándome escondido desde la puerta, mirando mi reflejo en el cristal de la ventana. Y luego de frente, sin tener que decir nada más, mirándome y convirtiéndome en lo que soy, en lo que él quiso que fuese...
Colecciono miradas. Son momentos únicos. Da igual si luego esas relaciones no funcionaron, si hace años que no les veo, si sé que nunca más les veré. Me da lo mismo. También por eso consigo no recordar otras, esas miradas de desprecio en algunos casos, ésas de indiferencia. Me quedé con lo mejor de sus ojos y eso es mío. Lo demás..., lo demás deja de importarme cuando sé que nadie podrá quitarme algunos recuerdos.
No sé qué criterio empleo para distinguir qué miradas guardo y qué miradas ignoro. Tampoco sé si en algún momento he decidido desestimar alguna, sacarla del archivo. Supongo que no. Están todas. También miradas infantiles que me llevan a un tiempo en que la navidad olía a canela y a estufa de gas. También los ojos amarillos de Sylvestra, reconociéndome como una de las suyas, aunque ella más felina, negra y hermosa que yo, claro.
Mi colección de miradas es secreta. Porque es una colección que no puedo compartir con nadie, que tiene tanto valor que no tiene precio, que no se rige por norma alguna. De pronto, algo surge. Surge esa mirada única... y rápida, egoista, me la quedo.
Miradas únicas. La suya también, esa primavera que, de pronto, pareció noviembre. Esa última mirada a través del cristal sucio, a través del inesperado aire frío de la casi noche, tras esa lluvia anterior que pareció lágrimas, esa mirada que podría ser la última para siempre, y que no era la primera vez que él me dedicaba en una situaciòn así, seguro... pero para mí lo fue, porque yo se la devolví. Su última mirada.
La sonrisa en sus ojos. Su mirada en los míos.
También ésa está ya en mi colección de miradas. Y nadie ya, ni siquiera él, podrá quitarme ese momento.








luzblanca7 dijo
Hay miradas que reflejan el interior del alma de la persona, miradas intensas ,miradas de amor, miradas que jamás se olvidan, y se pueden guardar en lo más profundo del corazón como un tesoro.
Precioso post amiga Bruxana.
En mi blog escribí un post dedicado a la ONG Payasos sin Fronteras que regalan sonrisas a los niños, para hacerles un mundo más feliz. Estás invitada a pasar por mi rincón a leerlo , cuando quieras.
Feliz fin de semana. Besitos y miles de sonrisas : -)
24 Abril 2010 | 02:34 AM