¿Quién me ha robado el mes de...
... marzo???
En mi caso, no, no es abril. En mi caso es marzo. Esa es la sensación. Me falta un mes este año, y es marzo. Y ni siquiera es el mes completo (lo que me resulta aún más descorazonador). Es..., es como si algo ó alguien se hubiese llevado a escondidas cachitos de ese mes, trozos que al hacer inventario no están, piezas que dejan su hueco por rellenar en el puzzle.
Durante los últimos años muchos meses han pasado sin pena ni gloria. Los días me cruzaban por delante, las semanas se componían de días vacíos, el tiempo me pasaba por encima, sin dejar mucha más huella que la propia e inevitable que marca la biología. Las fechas, si acaso, me indicaban aniversarios de cosas que pasaron años atrás, pero no quedaban fijadas como 'nuevas' para un futuro. Sobrevivía. Por supuesto, trabajaba (salvo los meses, casi año, que no pude hacerlo. Ó que lo hice sin que eso supusiera sueldo, esas cosas que lleva consigo el trabajo. Ese año que se llevó por delante mi economía), intentaba llevar una mínima vida social (cada vez más mínima. Si hay una certeza en casos así es que, cuanto menos se hace, menos apetece), e iba sumando meses a la rutina. Aparentemente, todo era normal. No sé bien qué día de qué mes ni en qué año me pareció también normal salir a la calle sin arreglar en lo más mínimo (yo, que en tiempos llegué a combinar la sombra de ojos con la ropa interior... porque el vestuario visible era negro, por ejemplo, que llevaba las uñas de los pies impecablemente pintadas en pleno invierno), que empecé a componer mi vestuario de pantalones de chandal y camisetas grandes y baratas de chico (de ésas que se compran en lotes de dos en cadenas francesas de ropa deportiva). Me bajé de los tacones y ya está. Y se convirtió en hábito... nunca mejor dicho.
Pero..., no, no echo de menos esos meses. Esto es: no quisiera volver para 'rellenarlos' con algo mejor, hacerme la manicura, quedar con alguna amiga para echar unas risas, mandar a hacer puñetas la rutina de las deportivas y el trabajo rutinario que no me aportaba nada e irme a buscar algo mejor (que entonces aún lo había, y bastante, en mi sector profesional), recuperar lo que era mi vida años antes. No echo de menos ese tiempo, ni en cómo fue, ni en cómo debería haber sido. Tal vez era una etapa que tenía que quemar... y lo hice así: dejando que la vida cruzara a mi lado y el tiempo me pasara por encima.
No echo de menos esos días, pero sí siento que este año... No sé, no es fácil explicarlo.
No me suelo releer: cuando publico aquí algo, aquí se queda. También por eso tampoco 'borro' post, ni los mando al limbo del 'borrador' una vez ven la luz. Sin embargo, sé que si empiezase a releerme desde mediados de febrero, pues... Ó no, tampoco estoy segura, la verdad.
Marzo, este año, ha sido un mes de momentos inesperadamente intensos (inesperados no tanto por no saber que, en el tema laboral, las cosas estaban abocadas si no al caos, sí a mi despido de la empresa)... y de ratos de vacío. No he calculado cuantos días trabajé ese mes, pero seguro que no llegó a la mitad de los laborables. Que, aunque sólo tuvo un día festivo 'natural' (el diecinueve, san José, que semanasanta ya fue en abril), fueron demasiados de inesperadas 'vacaciones'. Pero de ese tipo de vacaciones que no lo son tanto, que no se esperan y para las que no es posible hacer planes.
Y..., y mientras, mi cabeza en otro sitio.
Tal vez terminando historias por mi cuenta, acabando mentalmente conversaciones que ya sabía, de pronto, que no tendrían ese final.
Me falta ese mes de marzo, esos días que no sé qué hice con ellos, pero que no pasaron como estaba previsto que pasasen. Me falta el tiempo natural que tarda en poder cicatrizar algo que, de pronto, creí entender, que decidí que no, que no iba a pasar, que luego descubrí que ya estaba pasando porque también estaba yo, y decidí negármelo y, luego, darme la oportunidad, ó..., no sé. La verdad es que de pronto me encontré con que en mi vida también había lugar para sentir algo. Y la realidad mientras se volvió loca, y los problemas laborales lo llenaron todo, y tuve que volver a aparcar, a aparcarme. Porque también perder el trabajo no sólo me iba a suponer un descalabro económico... sino que, además, de pronto descubrí que podía perder algo más. Mi naciente estabilidad, la que me permitía poder hasta reflexionar sobre otras cosas. Pero eso ya pasó el último día de marzo: la suerte a esas alturas estaba echada. Y los días que debí dedicar a otros temas, perdidos para siempre.
En mi vida, que durante largas temporadas ha sido una especie de culebrón (con lo que eso conlleva de acontecimientos inesperados y desbarajuste emocional), siempre ha existido esa cierta estabilidad. Dentro del caos. Los días iban uno tras otro, en orden. Lo que hoy se descontrolaba, seguiría días descontrolado..., pero mañana sería consecuencia del descontrol de hoy y, tal vez, en cuatro días más recuperaríamos la calma... ó nos tiraríamos por el barranco. Pero todo funcionaba, en el fondo, mediante las leyes de 'causa-efecto'.
Y eso es lo que me falta en este mes de marzo.
Porque sé que mi actual situación (la laboral, básicamente. En el fondo, siempre es el trabajo lo que lo gobierna todo. Incluso lo que no es propiamente quehacer profesional, en mi vida siempre ha tenido como origen el trabajo) es consecuencia de esos treinta y un días de marzo. Y, aunque razonablemente puedo hacer una descripción detallada y cronológica de todo lo ocurrido, de cómo he llegado hasta aquí (incluso a llegar a redactar este post, que, me consta, sonará un tanto desordenado)... me faltan días. Días concretos. Me sobran huecos por rellenar. Tengo acumuladas sensaciones, palabras. No sé dónde quedaron, por ejemplo, los últimos días en que saldría a trabajar de noche, porque no estuvieron (el penúltimo fue, creo, el diez de marzo. Ya el once salimos antes de nuestra hora, por un fallo de sistema. El doce fue viernes, turno de mañana..., así que fue el quince, realmente... El último lunes de horario 'normal'. Cuando regresamos a esa aparente normalidad, el veintinueve de marzo, ya habían cambiado la hora 'oficial' de los relojes, ya quedaba un resplandor de luz solar en el cielo). No sé dónde el cansancio rutinario de algunas mañanas, sin ganas de arreglarme para ir, pero haciéndolo al fin y al cabo, y descubriendo a última hora de la noche que, en fin, el día había sido igual de improductivo que el anterior... pero había algunos momentos que hasta me lo había pasado bien. Que igual estaba consiguiendo un mínimo equilibrio que tiraba de mí, hacia arriba. Que si no iba a conseguir hacerme volar, si conseguía, al menos, que no me cayera del hilo tensado por el que empezaba a volver a caminar sobre la nada.
No sé. Estamos ya en mayo. Estos dos últimos meses han sido rápidos y lentos a la vez. Pero, si bien sé qué ha sido abril, ese mes de días ya largos, de días en que he trabajado once horas diarias y en que he pasado otros calculando 'la cuenta atrás' y otros en que no he salido para nada de casa, días vacíos, noches sin poder dormir, palabras que no entendía, palabras que me he callado, proyectos escritos con humo..., si bien sí tengo claro qué ha sido abril y con qué momentos me quedo... sigo con esta sensación de que me falta marzo...
Ese mes que suele llegar y arrasarme la vida, como siempre supe. No sé como llegué a creer, una vez pasado el día 11 sin que nada tremendo hubiera ocurrido, que este año no pasaría... Curioso: no ví las señales. El once de marzo fue el día en que tuvimos que irnos a casa a las siete de la tarde... porque lo que entendimos como un 'fallo del sistema' estaba ocultando la realidad: nos estábamos quedando sin trabajo. Y yo, despistada y sorprendida de pronto, deslumbrada quizá, mirando otras señales... porque luego supe que fue ese mismo día cuando, de pronto, empecé a descubrir otras cosas... Cosas ajenas al trabajo, a mi rutina. Cosas que me negué días después, mientras la maquinaria de cómo cambiarme los planes se habían puesto a funcionar ella solita.
Da igual. Ya da igual.
Evidentemente, y debería saberlo, marzo se vé que es así. Pero este año no sé bien en qué ha consistido su juego. Y es eso, cuando ya creí estar preparada para que nada me sorprendiera, lo que me descoloca. No saber dónde están las sensaciones que me tocaba vivir los días que he perdido.





meblas dijo
Bruxi, cuanta intensidad de emociones recorriendo, haciendo prospección sentimental, horaria y de calendario para ver si se han vivido los días o si los días te han pisoteado. Creo que pasa a menudo cuando se trabaja, que van pasando, y ni te enteras, los días unos detrás de otros. Si a la vez no hay nada especial que reseñar parece que no se ha vivido durante ese tiempo. Ahora, es curioso que en Marzo te ocurra siempre algo especial y que, por esta vez, haya parecido un simulacro. Pero al final sí que llegó a suceder y cambiaron ¿tus planes de vida?, eso sí que es bueno. Quizás no querías de boca hacia afuera pero, en tu interior te has impuesto y lo has buscado. Te deseo cambios extraordinarios que den a tu vida dinamismo, ilusión y amor...
1 Mayo 2010 | 07:21 PM