La novela que no escribí.
La última vez que decidí, en serio, volver a escribir fue a finales de octubre de 2003.
Cierto que en realidad nunca he dejado de escribir. Que tengo este blog, por ejemplo. Que siempre he tenido entre manos bolis y papeles, y máquinas de escribir, y he creado 'de la nada' cartas comerciales, modélicos contratos que terminaron en 'modelo de', todo tipo de documentos 'conforme a ley'. Que antes del correo electrónico y su inmediatez estuvo el correo postal, con su romaticismo de sobres cerrados, hojas escritas a mano, borrones, sellos que había que humedecer con saliva para pegar...
Pero al decir 'volver a escribir' me refiero a esos otros 'relatos'. Novelas, si queremos ser algo pedantes para describir qué era aquello que escribí durante años y de las que no conservo más que retazos. Era aquel un tiempo en que los ordenadores y la seguridad de sus discos duros eran tan de ciencia ficción como hoy siguen siendo los viajes turísticos a otros planetas: algo que se sabe existe... pero completamente innacesible y ajeno a nuestras posibilidades cotidianas (no digamos ya las económicas). Así que esas historias escritas en libretas, letra muy menuda para aprovechar mejor el material disponible y el espacio, sin copias ni duplicados (ni posibilidades de hacerlas), se extraviaron en mudanzas, en préstamos no devueltos, en manos de amigas-de-conocidas-de-amigas... En resumen: no queda nada completo de años escribiendo.
A finales de octubre de 2003, un año decisivo y complicado en mi vida, surgió la idea. Y las ganas. Y mientras conseguía el tercer factor fundamental que me permitiera escribir (el tiempo necesario para hacerlo, claro), fuí creando la historia...
... ó se me fue 'apareciendo'. Como siempre me ocurrió. Y creo que quien escribe ó lo ha hecho en algún momento sabe de qué estoy hablando...
Una historia que transcurría entre esas fechas (finales de octubre, comienzos de noviembre de 2003) y mediados, casi finales de mayo de 2004. El relato de la vida de un grupo de personas, más cerca de los cuarenta que de los veinte, algunas amigas desde la infancia, otras incorporadas a sus vidas con el devenir de los años y las circunstancias, algunas presencias ausentes, algunas historias personales ajenas entre sí...
Nunca llegué a escribir nada.
Durante esos meses, quizá en el 'disco duro' de mi memoria, fuí archivando nombres, climas, noticias de la realidad, escenarios. A mitad de la historia, una herida rompe en dos el corazón de uno de los personajes (la ciudad de Madrid), y ese acontecimiento hace que de pronto, y también por sorpresa, encuentre el título de la historia.
Quizá en ese momento debí sospechar que nunca llegaría a escribirla. Porque en mis pasados relatos... el título nunca era una evidencia hasta que terminaba de escribir la historia completamente. Y aquí lo tenía sin haber puesto ni una letra en un cuaderno, un documento word ó cualquier otro formato. Y el título, además, no podía ser otro: nunca lo tuve tan claro (y eso teniendo en cuenta que tengo una cierta facilidad para poner nombre y título a las cosas...)
Han pasado seis años. Justos. Porque el fin de la novela transcurriría el 22 de mayo de 2004. Tengo la escena final en la cabeza, sólo ahí. No escribí, insisto, ni una sola línea de aquello.
Y, a estas alturas, ya sé que nunca lo escribiré.
Porque la realidad es caprichosa. Es una niña mimada, malcriada a base de repetirle que sólo ella es lo válido, a lo que nos podemos atener, lo que marca el devenir de nuestro futuro y dirá qué sabrán de nuestro presente quienes lleguen más tarde. Y, también, como se dice... llega a superar a la ficción.
Y es que una de las historias cruzadas, una en concreto y sin que sepa bien porqué, se fue 'adueñando' de la trama, hasta convertirse en la espina ó médula que vertebraría todo lo demás. El núcleo de donde saldrían las ramificaciones del resto de los personajes y sus circunstancias, tal vez. Algo que fue saliendo así... y que, contra todo pronóstico, planificación ó consideraciones lógicas, ha terminado teniendo un reflejo muy... inquietante... en mi realidad. En mi vida real y actual.
Una realidad, un presente y hasta unos casuales (¿casuales... yo...???) acontecimientos de una vida que nunca imaginé como 'propia y cotidiana' hace esos seis años.
Y por eso sé que nunca escribiré esa historia. No como la proyecté, al menos. No contando esa parte de la historia inventada... que, aunque con diferencia de matices, detalles, alguna fecha... tanta inesperada similitud ha tenido en mi realidad. Y no me he dado cuenta hasta hace tan poco tiempo, que...
Tal vez por eso no pude escribirla. No saqué tiempo, ó ganas reales. Porque ese proyecto, igual, no era tal... y, simplemente, era una historia que tenía que vivir.
Una realidad y una historia, sí, real, que curiosamente y de rebote, me está haciendo escribir de nuevo. Aunque, eso sí y extrañamente, sólo poemas...Qué rara es, a veces, la vida real que nos espera más allá de los planes de futuro ó los garabatos en libretas...







www-lacoctelera-com-inaki dijo
Pues yo te animo a ello, Brux. Sea esa u otra historia. Si dispones de tiempo y disciplina, seguro que lo logras. Tienes cualidades, te lo digo en serio. Un beso, y al toro.
22 Mayo 2010 | 09:48 PM