La Coctelera

Diario de una vampiresa en paro

( ó "LA ESTRATEGIA DE SHEREZADE" )
El lema de mi vida debería ser "...con lo que tú podrías (ser-tener-hacer) si quisieras...!!!"

12 Junio 2010

Mi vida en la Empresita Naranja (I)

Como he contado varias veces: llegué para diez días.
Probablemente, de haberme propuesto algo más en aquella llamada, en que ya me anticiparon para qué tipo de trabajo sería... igual no habría aceptado. Ó sí: si acepté aquella exigua oferta es porque estaba dispuesta a valorar cualquier cosa. Pero realmente me lo planteé desde el punto de vista de 'entre estar en casa sin hacer nada y sin ganar un euro ó dedicar diez días a hacer algo que, aunque no me guste, tampoco me va a resultar complicado... pues mejor esos diez días pagados que nada'. De hecho, cuando me llamaron para proponérmelo les dije que vale, que aceptaba cualquier oferta laboral que pudieran hacerme.

Aún así, pasé por una especie de 'entrevista selectiva'. Citaron a ocho personas, siendo conocedores de que la mayor parte de las ocasiones no iban ni la mitad de quienes quedaban en hacerlo. Pero... lo que son las crisis económicas: fuimos los ocho. Uno se autodescartó en pocos minutos. Y de los otros siete... tuvieron que seleccionar a cuatro. Íbamos a ser cinco, pero entre la gente a quien se llamó previamente por haber trabajado ya allí, dijo que una chica. Me seleccionó no alguien de Recursos Humanos, sino la coordinadora de otra campaña, amiga personal de quien iba a ser mi jefa directa.

Era veinte de abril. Estuve por allí un par de horas más, 'escuchando' a mis futuras compañeras cómo se vendía el seguro (porque el trabajo iba a consistir en eso: vender seguros por teléfono). Al día siguiente ya firmé el contrato. Y, como he ido viendo que es práctica habitual en este grupo... ni cursillo preparatorio ni nada. Desde el minuto uno, diadema-casco y a intentar vender. La única formación fue ir rotando por los diferentes puestos... para, entre llamada y llamada, escuchar a mis compañeras cómo lo hacían. La primera deserción entre los contratados se dió en dos días: una chica que, pese a vivir justo enfrente de la sede de la empresa, decidió irse: prefirió una oferta en la otra punta de Madrid, para una sustitución de un mes, antes que la idea de pasar seis horas diarias intentando vender seguros por teléfono. Y es que dentro del telemárketing es lo más complicado: vender. Sobre todo, seguros (dicen). Y eso que nosotras no podíamos quejarnos, que trabajábamos con una base de datos de clientes de lo más elitista y selecta...

El veintiocho de abril nos comunicaron que no se terminaba la campaña (habíamos entrado para eso: 'quemar' registros para, si les quitaban la campaña, no dejar nada pendiente). Así que prorrogariamos el contrato hasta, mínimo, mediados de mayo. A esas alturas yo había seguido enviando CV's, y tenía un par de cosas medio-concretadas. El mismo día veintinueve me llamaron para incorporarme pasado el puente de primeros de mayo a otro sitio. Les dije la verdad: hasta mediados de mayo, imposible... Tampoco la oferta era para tirar cohetes de la alegría, seamos realistas...

El diecinueve de mayo vino a escucharnos 'El Cliente'. Lo que llaman 'Cliente' no pasa de ser un comercial de la empresa para la que trabajamos. Pero... es el único enlace que nosotras, último eslabón de la cadena, tenemos con la empresa que aporta las bases de datos de clientes a llamar. 'El Cliente' me escuchó... y decidió que me quedaba. Así, sin más. Nos quedamos servidora y un chico, porque, como luego se me dijo, 'quieren tener una voz masculina en la campaña, que siempre sois chicas'. A esas alturas ya había habido otro abandono voluntario.

No me ilusionó especialmente quedarme.  Pero...entre no tener nada y tener un sueldo mínimo... me quedaba con el sueldo mínimo. El treinta de mayo mi coordinadora me preguntó si me interesaba pasar a jornada completa (39 horas semanales, en vez de 30. Y trabajando los viernes en turno de mañana, como habían pactado meses atrás las chicas del grupo). Por supuesto que me interesaba. Así que en junio pasé a ese turno completo. Aún así, a sabiendas que mi contrato se terminaría el 31 de julio, sin posibles prórrogas. La campaña paraba en agosto... así que ése era el final. Obviamente, en mi caso no había posibilidad de vacaciones, por el poco tiempo trabajado. Bueno... seguí pensando que mejor eso que nada... y que dedicaría agosto a intentar encontrar algo mejor de cara al nuevo curso. A esas alturas tenía claro que ése no era ni mi tipo de trabajo buscado, ni era posible aumentar el sueldo con las prometidas 'comisiones', que no se llegaban a alcanzar nunca, que el ambiente era pésimo (la mañana que nos reunieron, dos horas, para dejar claro que ya estaba bien de insultos... tomé clara conciencia de dónde estaba metida). Eso sí: yo estaba allí de 'convidada de piedra'. No iba nada conmigo, puesto que el trato era mínimo. Cuando me dí cuenta de que la mitad de las veces no me hacían el menor caso si hablaba, que lo que hablaban ellas me pillaba a siglos-luz, que  cosas para mí tan elementales y habituales como quedar para tomar café antes de entrar, mismamente, en ese grupo era imposible... desisití. Y me recordé: estás de paso. Como mucho, a finales de julio esto habrá terminado para siempre.

Pero... Pero no. A finales de junio nuestra coordinadora nos 'reunió' a la única persona que habia aguantado de quienes entraron conmigo (las otras cuatro, entre despidos, huidas y demás, ya no estaban. Apenas un mes y medio más tarde, ya estábamos sólo nosotras dos). Y nos hizo la propuesta: 'como no teneis derecho a vacaciones, pero la campaña la vamos a parar en agosto... os propongo algo: echar horas en julio. Tantas como para recuperar una semana. Eso, unido a la semana que os corresponde de vacaciones por los tres meses que, a esas alturas, llevaríais trabajados... serían dos semanas de vacaciones. Y las otras dos... pues tendríais que comprometeros a trabajar hasta finales de año'.

Lo más curioso es que para que yo pudiera acogerme a esa opción... la otra persona, Lily, la llamaremos, tenía que aceptarla. Porque mi contrato tenía fecha de 21 de abril... y el suyo, de 20. Un día más de 'antigüedad'.  Así que si ella no quería... nada más que hablar. Nos despedirían a las dos. Y es que nuestro contrato y esta empresa son tan peculiares... que siempre tiene que salir el último que entró. Otra cosa sería 'despido improcedente' y... bla, bla, bla... Lily aceptó. Yo, también. Y el mes de julio se convirtió en algo eterno: once horas diarias de trabajo. Once horas encerrada en un edificio casi sin ventilación ni luz natural. Repitiendo una y otra y otra vez más lo mismo a clientes que no estaban interesados en el producto que les ofrecíamos. Una vez, otra, otra... Alguno, hasta decía que 'sí'. Curiosamente, cada vez que Lily y yo teníamos claro que para qué esforzarnos, si cobrar comisiones era imposible... teniamos un día 'bueno' y remontábamos. Así que nos pasamos todo el mes de julio al borde de poder comisionar. Aunque... considerando que los seguros nos los pagaban a euro la póliza, pues...

Tal vez lo mejor de ese tedioso  mes de julio fue Lily. Como pasábamos tantas horas allí...pues terminamos por desarrollar algo que no se podía llamar amistad... pero si una cierta complicidad. Lily era una cría de 21 años, por tanto mucho más joven que yo, pero que tenía arrebatos de madurez. Y un cierto y agradecible nivel cultural (de hecho, había retomado sus estudios y acababa de pasar la selectividad para matricularse en Derecho). Entre ella y la única chica no española del grupo (la llamaremos Marina), contribuyeron a que el mes de julio fuese algo más soportable. Con Lily me reía alguna vez, conseguíamos hablar de algo más allá de la 'profundidad' general de las conversaciones en ese grupo... y con Marina, que también estaba algo aislada del grupo, y un tanto harta de comentarios racistas ó de que se metieran con ella por su forma de hablar, pues compartía la 'pausa larga' a que tenía derecho: media hora a media tarde. No diré que me sentía feliz de trabajar allí... pero ya digo: algunos días sí nos quedábamos las tres a la hora de salida hablando en la puerta, por ejemplo. Ó Marina, con quien iba hasta la parada del bus, porque ella no vivía demasiado lejos de allí, me contaba cosas de sus niñas, de su país, de sus proyectos.... y dejábamos pasar dos ó tres buses, y charlábamos esa media hora. Así pasé uno de los meses de julio más calurosos de la reciente historia. Once horas diarias de trabajo eterno... Pero que se tradujo en cobrar un sueldo el mes de agosto, en vez de pasarlo sin nada. Tuve que planteármelo así: qué remedio.

En septiembre mi única idea era irme de allí. Curioso. Yo, que nunca supe qué era esa tontería de la 'depresiòn post-vacacional'... me encontré sumida en algo muy similar. El caso es que el mes, en resultados para la empresa por mi parte, empezó siendo estupendo... y, a mitad del mismo, ya tenía cubierta la producción exigida para ese mes. Pero mi idea era fija: irme. Salir de allí. Cuanto antes. El edificio se me caía encima. Además, a mediados Lily cambiaba su horario (empezaba la universidad y había reducido jornada) y Marina lo haría a finales: reducción para poder pasar más tiempo con sus nenas, que la mayor no tenía ni tres añitos. El grupo en general se movía esquivando daguitas voladoras. Y yo, como digo, me levantaba con la idea, fija, de buscar algo que inventarme para quedarme en casa. Nunca lo hice, claro. Pero no podía con aquello. No era dificultad para conseguir llegar a objetivos (como digo: iba mejor que nadie. Lo que tampoco contribuía a mi integración: que la 'nueva' vendiera más que el resto no estaba muy bien visto por las 'antiguas', vaya). Septiembre fue eso: me quiero ir. Tengo que salir de aquí...

Sabía que irme antes de tiempo significaría que me descontarían dinero. Justo, el que se correspondiera a una semana de aquellas vacaciones que tuve que coger quisiera ó no en agosto. Bueno. Me daría igual. Si salir de allí era, además, haber conseguido otro trabajo donde me sintiera más agusto... me serviría. Porque octubre se presentaba sombrío. Si la única persona con quien podía hablar fuera de la oficina reducía turno... ya no coincidiriamos a la salida. Ni podría coger las pausas de descanso conmigo. Volvía a estar sola. Y, en el caso de Lily... cada día estaba más 'macarra'. El misterioso envenenamiento de una de mis plantas, de la noche a la mañana, no fue tan misterioso para mí. Lo que no entenderé nunca es porqué la envenenó...

Octubre se presentaba sombrío, sí. Pero en octubre llegó J.A. ...

(Y, como este post ya es lo bastante extenso, continúo en el siguiente...)

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He sido ex-vampiresa durante los últimos años. Lo que significa que vuelvo a entrar en el juego..., y quiero volver a ser quien fuí.
Lo que pasa es que, para reengancharse hace falta tiempo..., y para eso el periodo de "en paro" viene bien.

¿Más sobre mí, ahora que ya llevo una temporadita aquí? Pues que me gustan los gatos, adoro la música, no me gustan los intransigentes, ni las mentiras (y menos las que busca dañar a otros), que aprendí a leer con dos años, a escribir con tres, que hablo por los codos desde siempre..., que considero vital la comunicación (al parecer desde que nací)
Que con ocho años me regalaron una cámara de fotos y no sabría vivir sin poder reflejar el mundo en imágenes...
... y que mi profesión no tiene NADA que ver con todo esto que he contado...: soy una contradicción en hiperactiva y privada sesión contínua...

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