Colores.
El matiz exacto del color de sus ojos.
Lo recuerdo sin tener que cerrar los míos, sin tener que concentrarme en ello. Sus ojos mirando la nada, mirando la vida, mirándome a mí.
Como recuerdo sus labios. Esos que no besé nunca y que hoy sé que nunca besaré. La forma exacta y el color exacto de la piel de sus labios. Su sonrisa y sus palabras. Y sé que si lo pienso recordaré sin esfuerzo el tono de su piel, el brillo de su pelo, la forma de sus cejas. Sus manos. Sus dedos. Esas manos que sé no me acariciarán nunca.
No sé cuanto tiempo el recuerdo será tan nítido, esta vez. Como no sé si el devenir de los años, la edad, el ir acumulando experiencias fallidas... conllevará que cada vez el olvido llegue antes. Ni sé si el paso de los años hará que estas ilusiones fallidas duelan menos.
Lo único que hoy sé es que no tengo que hacer nada para recordarle.
Que lo que no sé es cuando no tendré que imaginarle, porque tampoco sé cuando volveré a verle de nuevo.
Que hay cosas que duelen más que la ausencia, y es esa certeza absoluta de que 'no podrá ser'. Que si un día 'pudo' ya no 'será'. Nunca.
Porque sé que él no me recuerda de este modo. Que ya no le hago falta.
Que me tendré que conformar con lo poco que he tenido. Y confiar en que el recuerdo no se borre.
Ó, quizá, que se borre del todo y rápido. Porque no sé si no será también un castigo tener tan presente el tono de unos ojos que nunca me mirarán como los míos quisieran ser mirados, de unos labios que nunca besarán mi cuerpo ó de una piel que nunca podré acariciar.
Y no saber, tampoco, qué hacer para conservar ó para evitar ese recuerdo.








trapajazo dijo
Que bien describes todo.Un beso
17 Junio 2010 | 03:11 PM