Y cómo huir de adonde no se debió regresar.
"Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver".
Hace unas semanas publiqué un post con la canción (videoclip y letra) que contiene esta frase. No expliqué entonces qué razones reales me llevaban a publicar ese post, y tampoco lo explicaré ahora, porque no viene muy al caso. Aunque también en lo que cuente ahora hay algo de razón, y por eso recupero la frase...
No. No se debe volver a algunos lugares. Lo sé desde hace muchísimos años. Y, aun así, a veces he vuelto.
En este caso no podría calificarlo como 'lugar donde he sido feliz', exactamente. Aunque hubo algún momento. No fuí feliz, en conjunto, pero sí fue el sitio donde volví a reir tras mucho tiempo.
Sé porqué regresé. Porque en el fondo mi regreso era parte de un compromiso bilateral: ellos me despedían con el compromiso verbal de 'recontratarme' en el momento en que hubiese trabajo. Yo me comprometía a volver, si me llamban. Cierto que todo era verbal. Y que de algún modo también se me daba a entender que mientras llegaba la llamada... podía ir buscando otra cosa... "por si acaso".
Como conté todo aquello en detalle, no me alargaré ahora en repetirlo.
En marzo, en los últimos días en que éramos diez.... mi equipo de trabajo estaba compuesto, básicamente, por un grupo de hienas y otro de arpías. Dos grupos totalmente irreconciliables, con algún elemento de carácter ligeramente pendular. Y dos personas que íbamos más bien a nuestro aire. Igual, de puro raritos frente a ellas, mirándolo bien...
Como digo: he vuelto. Regresé a mediados de junio. Y lo que me he encontrado... es un genuino e inesperado nido de víboras. No sé qué ha pasado, ni a qué velocidad. Pero donde antes había bufidos, insultos, críticas más ó menos disimuladas ó claras contra quienes se acababan de levantar de su asiento, odios viscerales... me he encontrado un ambiente 'flowerpower' de lo más desconcertante... por increible.
Porque no me las creo. Porque me da repelús ver algunos 'cariñitos', ver a algunas cogiditas del brazo para irse a fumar cuando durante meses ni respondían al saludo matinal de la otra. Quedar para irse juntas a casa a quienes durante meses coincidían en el mismo vagón de metro... y presumían de no saludar a la otra. Porque el ambiente y la situación que habrían sido los ideales en un grupo que se ve obligado a trabajar junto, muchas horas y en un espacio físico reducido son los que aparentemente hay ahora... pero son increibles. A todas luces.
No tendría que haber regresado. Sin más.
El año que pasé allí, de abril de 2009 a abril de 2010, fue una concatenación de "hacer tiempo mientras encuentro algo mejor". Hay dos momentos en que mi decisión no puede ser más firme: en septiembre, tras volver de aquellas vacaciones que tuve que tomar 'sí-ó-sí', echando 11 horas diaras en julio para 'recuperar' las horas que no me podían dar de vacaciones en agosto (es que el asunto se las trae) y comprometiéndome a trabajar con ellos hasta finales de año ó aceptar que se me descontase de una hipotética liquidación la cantidad que se devengase de esos días 'de vacaciones' que no me correspondían..., pues eso, ese mes de septiembre en que volví, los resultados comerciales obtenidos eran inmejorables... y mi ánimo estaba por los suelos. Porque el trabajo me parecía la más tediosa de las pesadillas. Aún así, me quedé. Por inercia. porque los días se van encadenando. Y porque en octubre llegó alguien que, por fin, hablaba a mi lado y que hasta hablaba el mismo idioma que yo. Será una tontería, vale. Pero a mí me influyó a la hora de empezar a tomarme con calma lo de irme... Ya no era solo porque si me iba antes de fin de año encima le debería dinero a la empresa: es que los días se me hacían algo menos largos.
El otro momento fue en febrero. Cuando nuevamente, y a raiz de ver cómo me subían las retenciones fiscales, cómo buscaban triquiñuelas para ahorrarse el pago de comisiones, cómo... tantas cosas absurdas, volvió la sensación de pérdida de tiempo, de no sentirme pagada, de no estar aprendiendo nada... Esa sensación, más fuerte que cualquier otra cosa que pudiese irme ligando a la empresa. ¿Por qué no me fuí? Porque, de repente, empecé a ver indicios de que igual no hacía falta que me fuese voluntariamente... Que todo empezaba a desmoronarse, y, entonces, mi preocupación viró a otro asunto: que al menos tuviese lo justo cotizado para poder cobrar el paro un par de meses. Mientras encontraba alguna otra cosa...
Visto lo visto, está claro que mi deseo de querer salir de allí no es ninguna novedad.
Huir.
- De un trabajo que no me aporta nada, donde el sueldo es de mera supervivencia.
- En una campaña de ventas donde, a fecha de hoy, es materialmente imposible alcanzar los objetivos que permitirían cobrar incentivos.
- Unos incentivos que, en el caso de cobrarse, serían irrisorios, además.
- Un trabajo donde no tengo nada que aprender.
- Del que me separan, además, casi tres horas de trayecto en transportes públicos tendentes a la huelga.
- Y donde, aunque parezca una tontería, aunque pueda sonar a 'otra cosa'... ni siquiera tengo ya a la única persona con quien sí me sentía agusto trabajando... y de quien la empresa decidió prescindir aplicando el peor de los estilos.
Él, J.A., lo sabe. Lo sabe porque se lo dije en su momento, estando aún dentro de la empresa ambos. Y se lo repetí cuando era poco menos que improbable que nos llamasen para cumplir su promesa de 'recolocación'. Y sigo pensando lo mismo: "Esta historia, este proyecto, sin él, no tiene sentido ni me interesa. En lo más mínimo".
La única tesitura en que estaba dispuesta a plantearme el retorno, no obstante, era para 'pasar el verano'. Trabajar en junio y julio (meses pésimos para encontrar trabajo). Cuando él me hablaba de que, seguro, en septiembre claro que me llamarían... yo insistía en que en esas fechas ya no me interesaría: en agosto es posible empezar a hacer entrevistas de cara al nuevo curso. Como si lo supieran, la empresa me llamó antes de mediados de junio, y a casi finales de julio sigo aquí. Y, también como si lo supieran..., le llamaron primero a él para hacerle una propuesta totalmente imposible de aceptar (sonaba a tomadura de pelo: jornada de cuatro horas diarias, de cinco a nueve de la noche. Y los viernes, por la mañana. Para hacer el horario incompatible con otro empleo en otro sitio). Y luego a mí, para ofrecerme jornada completa. Y dándome a entender, cuando días más tarde y ya dentro de la empresa toqué el tema... que yo 'era la primera opción para jornada completa, y él también lo sabía. Si decías que sí, a él sólo podíamos ofrecerle media jornada'.
Absurdo, cuando posteriormente se ha contratado personal con jornada completa. Cuando esa posiblidad se le ha ofrecido a una de las chicas despedidas... que se fue teniendo jornada reducida. Cuando hay empleados nuevos casi a diario, que no aguantan siquiera horas en algunos casos. Absurdo.
A veces he llegado a pensar que alguien, alguien que podía decidir... sabía que yo, si me daban a elegir... si me daban a entender que si yo decía que no le ofrecerían la opción a él... iba a decir que no... decidieron hacer lo que hicieron: llamarle antes. No correr ese riesgo. Porque sé que le llamaron antes que a mí. Lo sé. Ellos no contaban quizá con que estábamos en contacto...y que las llamadas y los mensajes mutuos a los móviles podían hacerme calcular las frecuencias y los momentos en que se produjeron las cosas.
Absurda empresa, que deja sueltos a sus mejores trabajadores. Que premia y valora en positivo a quienes están contribuyendo a hundirla. Absurdo todo.
Y rodeada de víboras. De las mismas personas que han mantenido conmigo, estando yo fuera de la empresa, conversaciones de horas... teniendo claro que nunca podían llevarse bien con quienes ahora se juraría que son amigas del alma de toda la vida. Conversaciones mantenidas hace poco más de un mes.
¿Cómo no voy a querer irme... si temo empezar a volverme loca si sigo aquí un poco más? ¿Si a la una y media no me puedo creer que lleve sólo allí media hora... y me queden siete y media por delante? ¿Si paso horas sola, en un pasillo paralelo a donde he trabajado un año? ¿Si me llegan los 'cuchilleos'? ¿Si... si las conozco, porque las conozco? ¿Si sé cómo las gastan en esta empresa????
¿Cómo me va a apetecer seguir trabajando aquí... si sé que esta empresa ya no me va a poder aportar nada.... y sé que nunca más tendré ni siquiera argumentos ni motivos para algo tan simple como reir en ella????
"Y cómo huir, cuando no quedan islas para naufragar, al país donde los sabios se retiran del agravio de buscar labios que sacan de quicio, mentiras que ganan juicios tan sumarios que envilecen el cristal de los acuarios de los peces de ciudad".
Soy muy fuerte. Y los acontecimientos de esta primavera, que pertenecen básicamente a esta historia, me han hecho aún más fuerte. Incluso me han aportado cinismo. Pero...
No sé el tiempo que voy a soportarlo, de veras...







erremege dijo
insistes mucho en esa frase y a mi también es una frase que me persigue......feliz semana amiga besitos
20 Julio 2010 | 12:08 PM