Calor nocturno.
Dormir abrazada a la almohada, sin querer pensar. Sin querer pensar en nada, sin querer imaginar.
Cerrar los ojos. Volverme hacia el reloj de la mesita de noche, ése cuyas manecillas no veo en la oscuridad que no lo es tanto. Volverme siquiera un rato para constatar la hora en el proyector luminoso de la pared opuesta: horas que no pasan, tiempo que es eterno. Ver a través de la ventana abierta de par en par las luces lejanas de los semáforos de la avenida: mitad rojos, mitad verdes, ahora ámbar parpadeante, ahora azul intermitente en el indicador de los pasos de peatones cuando alguien se acerca... Querer creer que un mínimo soplo de aire ha movido las cortinas. Cerrar los ojos.
Rodear con los brazos la almohada. Apretarla. Sentir el olor a lavanda en la tela. Sentir el olor a vainilla y jazmín, en mi piel. Rozarla con los labios, como él no la rozará. No querer pensar. No querer llorar.
Estirarme un momento, tal vez buscando un frescor que no llega. Volver a doblarme sobre mí misma. Oir, ahora sí, el ligerísimo tintineo de las lágrimas de cristal de la lámpara de bronce del techo, que indican que el aire se ha movido algo. Pero sin llegar a refrescarme. Ni el aire, ni las sábanas de satén: nada es capaz de refrescar mi piel desnuda.
Pero no voy a pensar. No voy a desear nada. No voy a soñar, esta noche no, cómo y cuanto podría querer que estuviera a mi lado...
No voy a desear lo que sé que no puede ser. No esta noche. Quizá, no ser nunca. Simplemente esto. Cerraré los ojos fuerte. Sentiré en mi piel el contacto del satén. Y querré que sople el aire fresco, ya que no tengo ni tendré el calor de su piel a mi lado. El calor que haría que no pensase en cuan largo y sofocante es este verano.
Un verano en que, por un momento, quise creer que igual era diferente. Pero no: es de noche en Madrid, hace calor. Sólo quiero dormir, sin sueños, sin deseos. Sin conocer el tacto de su piel junto a la mía. Simplemente eso. Es verano, hace calor...
Las evidencias es lo que tienen: como las matemáticas, son lo que son. Simplemente.






kilifa dijo
Pues menos mal que no piensas!!!! jajaja
Venga, te paso un poquito de fresco, que por aquí ahora se está genial con las ventanas abiertas...21º y corre el airecito....
nena, el olor a lavanda en la almohada, no te despierta la alergia? creo que yo no podría...
besos linda
26 Julio 2010 | 08:46 AM