Sin posible futuro común.
Al principio, simplemente piensas que la vida no es posible sin él, sin ella. A decir verdad, ni siquiera llegas a pensarlo conscientemente: es algo que está ahí.
Incluso cuando no se ha ido a ninguna parte, cuando lo que es, precisamente, es 'parte' de tu vida cotidiana, sea cual sea el tiempo que se pasa a su lado. Se siente tan necesario como el aire para respirar, como la luz natural, tan vital como el agua. No es imaginable la vida en su ausencia, no.
A veces, sólo se es consciente de esa necesidad en el instante en que, por lo que sea, surge la posibilidad de la separación. Entonces llega esa angustia: aun no se ha ido, pero la idea de que se vaya... resulta absolutamente insoportable. Es ese momento en que, a veces, descubrimos cuan importante es en nuestra vida... y, de pronto, nos aferramos a la idea de que la separación no es posible. Y, también a veces, nos aferramos hasta físicamente a él, a ella. Nos convertimos en su sombra. Y, cuando la relación no conlleva un amor recíproco, cuando no somos correspondidos porque esa persona no es amor lo que siente hacia nosotros... ó ya no es amor, aunque lo fue, estamos dispuestos a aceptar ser hasta la sombra de su perro, que cantó Brel. Lo que sea, por estar a su lado.
Cuando la separación tiene fecha fija de cumplimiento..., simplemente, nos sentimos perdidos. Hacemos castillos en el aire, planes disparatados, fijamos fechas fijas para... para nada, en realidad. Y nos pasa por delante La Vida, que no es sino la vida junto a esa persona. Instantes que en el momento en que pasaron igual ni tuvieron demasiado peso... ahora los recordamos con nostalgia. Convertimos el pasado en algo ideal. E imaginamos que igual tiene lugar un milagro... y que no se va. Porque siempre lo veremos como que es esa persona quien se va: nosotros nunca seríamos capaces de dejarla... Y perdonamos, cómo no perdonar...Le perdonamos, pero no podemos perdonar las circunstancias que hacen inevitable la ruptura...
Los primeros días son tremendos. Es más: casi cuesta creer que apenas unas horas..., unas docenas ó cientos de horas, estuviéramos a su lado. Y cuesta casi más creer que dejáramos pasar algunos momentos, algunas oportunidades. Que no supiéramos disfrutar de su compañía en su justa medida. Los primeros días son de refugio en las fotos en común, si las hay, de rebuscar canciones que nos recuerden a esa persona..., hasta de disparates como teclear su nombre en el google... persiguiendo quién sabe qué. Puede ser que la ruptura realmente no exista... que sea una separación temporal, por ejemplo, y que nos volvamos a ver en breve. Ésas separaciones 'por vacaciones', por ejemplo. Ó, peor: esos amores de verano... que se terminan al llegar septiembre, y sólo quedan las promesas de escribirse, de volver el próximo año, de intentar 'quedar' en algún puente allá por octubre... Los primeros días son de noches sin dormir, de contar cuantas horas han pasado ya, de confidencias a quien, igual, ni lo conoció... ó de disimulo ante todos. Porque también están los amores clandestinos. Incluso esos amores clandestinos por alguien que ni siquiera es consciente de lo que provoca... y de lo insoportable que nos es su ausencia.
Y luego...
Y se van espaciando las cartas, las llamadas, los emails. Y, si en la relación se conservó una amistad de esas de 'quedamos de vez en cuando, ¿eh?', y al principio se cuentan las horas para volver a verle, y tras un encuentro se cuentan nuevamente las horas para ir resistiendo y no llamarle de nuevo, y vuelve a doler a lo bestia algo que situamos entre el corazón y el estómago y que nos asfixia, y saltamos cada vez que suena el teléfono ó que el móvil avisa de un 'nuevo sms', que a veces tememos casi abrir... por si es esa persona, ó por si no es, porque todo gira a su alrededor..., si al principio es así, y seguimos soñando que " la próxima vez me dirá que me quiere... y volveremos a estar juntos. No sé cómo, pero conseguiré que estemos juntos" .., llega un momento en que el espacio sin esa persona va llenando huecos, los mismos que queríamos guardar para cuando regresara...
Y vamos asumiendo, simplemente, que la historia terminó.
Que en muchas ocasiones, realmente la historia no existió nunca, más allá de nuestro deseo de ser queridos, de ser correspondidos... aunque igual tampoco llegamos a estar enamorados de esa persona, ni fue tan importante en nuestra vida, ni nuestros momentos cerca de él, de ella, fueron realmente 'momentos juntos'.
Y un día aplazamos responder esa llamada perdida que es suya, ese sms. Que vemos en la lista de emails recibidos alguno que viene desde su cuenta, y ni siquiera lo abrimos.
Ó terminamos reconociendo que no es posible, ni creible, que siempre que le llamamos está su contestador automático... y nunca tiene tiempo para devolver las llamadas, los sms, los emails. No: la persona que conocimos no era así. Entonces... ¿a quién estamos queriendo?
Y, a veces, en todo este proceso apenas pasan unas semanas... porque somos así. Y porque, también a veces, era sólo una cuestión de química, de piel, de eso que se alimenta sólo cuando alguien está a nuestro lado... y que se va perdiendo con el paso de los días sobre su ausencia...
Y un día ya nos da igual si podemos ó no verle, verla. Que nos importan más otras cosas, las que componen nuestro día a día, las personas circunstanciales que en realidad llenan el espacio en que él, ella, estuvo. Y las personas que ya estaban antes, quienes siempre estuvieron y estarán ahí. Un día, de pronto, reparamos en que su ausencia ya no es insoportable..., tal vez, porque nos hemos tenido que habituar rápidamente a ella, para no volvernos locos dando vueltas alrededor de algo que siempre fue tan inaccesible como la luna. Aunque en un momento creyéramos que era posible..., sí.
Lo he dicho, lo sé, otras veces: el tiempo y la distancia pueden ó no curar las heridas. Pero no las cicatrices. Lo que pasa es que algunas historias parecen tan fuertes en el instante en que están pasando, algunas personas nos marcan tanto, tanto, en el instante en que creemos tener un futuro a su lado y, de pronto, todo se nos desmorona..., que no nos damos cuenta de que, igual, estamos idealizando lo que no es. Por simple deseo de ser queridos.
Y algunas heridas realmente no pasaron de ser quemaduras de sol, que dolieron de forma insoportable al estar recientes... pero que se curaron en unos días. Y la única consecuencia fue que mudamos la piel. Y no hay cicatrices. Y no queda nada.
Porque, quizá, nunca lo hubo en realidad. Sólo fue que nosotros quisimos, ó tal vez simplemente creimos querer y ser queridos por alguien, un rato.... y el tiempo terminó por poner las cosas y a las personas en su lugar. Sin posible futuro común. Sin más.





melissa dijo
Muy bien, Brux!! Así es, y así supongo que nos hemos sentido todos alguna vez. Has utilizado la palabra "idealizar", y creo que es muy acertada en este tema. Cuando conocemos a alguien por primera vez vemos el "escaparate bonito que quiere mostrar" y que a veces no coincide con su interior y nosotr@s nos empeñamos en seguir recordándolo.
un besazo recién llegada de Galicia
(por cierto, ayer, de vuelta paramos en Madrid a cenar en un Mc Donals...jejeje...)
16 Agosto 2010 | 01:38 PM