Terminando agosto.
Esta mañana, Tano, el canario, me ha despertado a las siete y algo... cantando a grito pelado.
Tano no es un señor nacido en Canarias, cual Alfredo Kraus ó José Vélez, no. Tano es Oriol-Cayetano, mide unos diez centímetros, sin plumas no pesaría apenas nada (con plumas tampoco pesa demasiado) y, eso, vive en una jaulita en la terraza. Y canta. Y de qué modo... Esta mañana, sábado, ya digo: a poco más de las siete. Con qué ímpetu...
La verdad es que tras esta semana tan completa, tan escasa de tiempo, tan fatigante y/ó fatigosa... que me despierte un canario cantando no me molesta. Además, no se le dá mal, para qué decir otra cosa...
Ésta ha sido la última semana 'completa' de agosto. Completa porque todos los días pertenecen a este mes, además. Breve, ó no tanto, resumen:
-Lunes, 23: Tenía que pedir hora para el médico (cosa de rutina, mi madre, unos análisis). Desde que la Sanidad Madrileña decidió informatizar el sistema de citas... pues eso, que como desde que decidió cualquier cosa. Es más: desde que se transfirieron las competencias en sanidad a la CAM... pasamos de funcionar mal que bien a, directamente, no funcionar. Cómo será el tema que tengo claro que si un día tuviese que empezar a tratar mucho con médicos, hospitales y demás me censo en otra CCAA... A lo que iba. Que me tiré una hora (por reloj) intentando ser atendida telefónicamente por mi centro de salud. Que está en el municipio donde me crié y donde sigo censada (no es el sitio donde vivo). Antes, se llamaba... y lo peor que podía pasar es que comunicase. Ahora no, ahora atienden a la primera... con una locución que te va indicando lo de "Si quiere pedir cita con su médico, diga médico ó pulse uno. Si quiere pedir cita con su enfermera, diga enfermera ó pulse dos. Si quiere... Si quiere ser atendido personalmente, pulse nueve y espere". Pues eso: pulsar nueve y oir cómo se cortaba la comunicación. En fin. Al final conseguí ser atendida. Claro que podría haber seguido los pasos indicados por la locución, decir 'médico' y esperar a que se me adjudicase una hora a voleo. Pero es que si llamo es precisamente porque necesito que esa cita sea a primera hora de la mañana: tema de que luego me dé tiempo a ir a trabajar, obviamente...
Consigo cita para el martes a primera hora. Pero, claro, a esas alturas de lunes... ya no me da tiempo más que para prepararme para ir a trabajar. Incluyendo como 'novedad' una bolsa de viaje pequeña donde meter ropa para cambiarme y una camiseta para dormir: esa noche dormiré en casa materna para poder acompañarla al médico.
-Martes, 24: Pues eso, el médico. Que no me voy a alargar con el tema. Que nos... le da cita (a mi madre: a mí aunque ya me dijo hace un par de meses que no me veía muy bien y que debería hacerme unos análisis... pues que no, que no tengo ni tiempo ni ganas de que me pinchen) para los análisis... el jueves. No, no el jueves de una semana después (que es lo que suele pasar en otras fechas) sino el jueves 26. Es lo que tiene agosto en una ciudad dormitorio donde la gente mayoritariamente está al borde de la jubilación y son de provincias aledañas 'con pueblo': que no hay casi nadie. Tras el médico, rutina: hacer tiempo para irme a trabajar y esas cosas. Regreso a dormir a mi casa muuuuy cansada (el calor, más que el madrugón y tal. Y el supremo aburrimiento laboral), y, claro, no hago casi nada: a las once lo único que me apetece es echar un vistazo a las cuentas de correo, entrar aquí (de hecho, actualicé) y pasar por la ducha. Poco más.
-Miércoles, 25: Sigo sin tiempo. He quedado para desayunar en Atocha con una ex-compañera. Una chica majísima que, como era legal, trabajadora, cumplidora, tenía experiencia y esas cosas... ha durado poco más de un mes en la empresa. Patético. La excusa para vernos es que me tenía que devolver un libro..., pero ya digo: excusa simplemente. Espero no perder el contacto con ella: congeniamos desde el primer momento. Pero el caso es que eso me supone (haber quedado con ella, digo) no tener tiempo esa mañana más que para ducharme, vestirme, prepararme un mini-sandwich... y salir corriendo. A todo esto, la lavadora pendiente de ser puesta, la casa sin barrer (no es un refrán: literalmente), ropa por planchar, periódicos que se van acumulando (a veces me pregunto cómo, si sólo compro la prensa los fines de semana... Misterioso). Y el resto del día, más aburrimiento laboral. Y vuelta a dormir en casa materna, claro...
-Jueves, 26: Veamos: si mi madre tiene que ir a un sitio donde tiene que estar, digamos, a las doce del mediodía... llegará a las once y media. Lo que significa que saldrá a las once y diez, por mucho que sepa que tarda cinco minutos (y hará tiempo en la puerta del destino, antes de entrar con la media hora de anticipo). Y se levantará hora y media antes, para vestirse, peinarse... Y la noche anterior se habrá lavado el pelo, pintado las uñas, etc, etc. Aplíquese eso al hecho de tener una analítica entre las ocho y media y las nueve y media de la mañana. Sí: antes de las siete estaba levantada. Y yo despierta, claro... Resultado: antes de las nueve ya estábamos de vuelta, previo paso por el mercado y todo. Y como yo hasta las doce menos algo no saldría dirección al trabajo... aproveché la mañana para hacer compras: súpermercado, una frutería regentada por marroquies que es un gustazo (y con unos precios de alucine: por doce centímos traje tres pimientos verdes italianos. Por cincuenta y algún céntimo, tres melocotones aragones gigantescos... Y así, todo). A esas horas aún se podía estar en la calle. Aún...
Me esperaba el día más caluroso que se recuerda en Madrid. Cuarenta y cinco grados.
Todavía, dos días después, ando preguntándome cómo no me dió algo serio. A las cinco tenía clarísimo que me iría antes: no podía con mi alma. Encima, el trabajo tampoco acompañaba. Ó sí: contribuía a la sensación de hastío. Me sentía como si me hubiera pasado por encima una apisonadora. Y, como la temperatura de allí dentro es agradable... sentía que, si cerraba los ojos (lo hago entre llamada y llamada: la luz artificial y mi fotofobia me están destrozando la vista) me iba a quedar dormida. Cosa que jamás me habría pasado antes: sólo soy capaz de dormir en mi cama y de noche... El jueves fue, ya digo, terrorífico. Aguanté hasta las nueve, mi hora oficial de salida, diciéndome cada media hora desde las siete: 'media horita más, y te vas a casa'. Entre otras cosas, porque al ser jueves no me quedaba la opción 'hoy me voy una hora antes y mañana la recupero': los viernes tenemos horario de mañana y no podemos 'echar horas' (y menos como están las cosas). Además, con el calor, mi sensación de mareo..., casi preferí no irme sola. No fuese a darme un síncope (y no es una forma de hablar). Llegué a casa casi a las once. Y, de puro cansada... me dió un ataque de hiperactividad. Vamos, que además de ducha, lavado de pelo, aseo en general... me dió por limpiar el baño (tener abiertas las ventanas todo el día hace que se llene todo de polvo. Porque era eso, que no el hecho de haber estado 'ensuciando': !!!si llevaba toda la semana fuera de casa!!!), recoger la cocina, cambiar toallas... Lo que suelo hacer entre semana, vaya. Y si no puse la lavadora... es porque a la una de la mañana no es hora. Cuando caí en la cama a las dos... eso, caí. No podía más. Jueves por la noche. Y, a esas alturas... no sé si habría dormido ocho horas. En total desde el lunes, me refiero.
-Viernes, 27: El viernes es el único día que 'madrugo'. Eso quiere decir que me levanto a las ocho, simplemente. Ó sea, más tarde que me levanté el martes y el jueves... Y, pese a las seis horas escasas en la cama, pese al terrorífico cansancio del día anterior, pese a que aún me dolían las piernas y me sentía con la piel fatal (este calor me la está dejando en un estado lamentable, a pesar de cremas y demás. Bueno, igual es que tanta ducha tampoco es buena)... la verdad es que me desperté despejadísima. Y descansada. Probablemente, es que dormí como cinco horas seguidas. Y que hizo tanto, pero tanto calor el jueves... que la noche, aunque no bajáramos de los treinta y alguno, me resultó hasta fresca, por contraste. Así que, pese a las ojeras, a que es inútil intentar peinarme, a la hora... la verdad es que estaba estupendamente. Eso sí: vestidito de algodón sin complicaciones, sandalias casi planas de piel. Que el día prometía ser sofocante...
He de confesar que hasta no fue tan pésimo laboralmente hablando como era de temer (vista la semanita, que eso es otra). Que entre los dos cafés de rigor, la l.carnitina, desconectarme del teléfono de vez en cuando, alguna conversación (y alguna de éstas, provechosa. Del tipo 'dios da a cada cual lo que se merece'..., y yo me termino enterando por boca del propio castigado. Castigada, esta vez), y tal... me dieron las cinco de la tarde. Lúcida y bastante descansada, para el poco tiempo dormido a lo largo de la semana, el menos tiempo reposado, el apenas haber pisado mi casa, la patética situaciòn laboral en una empresa absolutamente absurda...
Los viernes, no todos pero bastantes, a las cinco y algo quedo con J.A. Mi ex-compi de pupitre durante seis meses. Y, como ya he dicho en reiteradas ocasiones, lo mejor (con diferencia) que he conocido en esta empresa. E, incluso, de lo mejor que he conocido en mucho tiempo, al margen también de la deprimente y absurda empresa. Éste viernes 'tocaba' quedar. J.A. lleva dos... tres semanas malito. La garganta... y otros temas. A pesar de eso, ya la semana pasada nos vimos. Cuando quedamos, es para tomar café... y para hablar durante varias horas. Él más que yo. Pero es que yo me paso 8 horas hablando, sí-o-sí..., y además me gusta oirle (no, no sólo es que tenga 'mono', que me pasé esas casi 8 horas casi seis meses escuchándole hablar a mi lado..., es que además me gusta oirle y escucharle). Como digo, ya la semana pasada nos vimos, tras algo más de un mes. La semana pasada estaba bastante peor que ésta. Que, aparentemente y según él me insistió, ya se encontraba bien..., pero no. Que lo conozco. Que sé que aún no, del todo. Que sigue tomando antibióticos. Y...
En fin: que además de para tomar café, habíamos quedado en que iba a mirar qué le podía pasar a las grabaciones que hace mi cámara de video, que no se ven las imágenes cuando las descargo en el pc. Y habíamos quedado, además y ya que estábamos, en que nos iríamos a mi casa. Especifico: yo vengo todos los días. Así que el asunto es que se vendría conmigo. Asunto que..., bueno, da igual. Ó no. Ó da para un post aparte, ó..., ó yo que sé...
El caso es que no. Que puede tener la absoluta certeza de que más ganas de que viniese tenía yo que él de venir. Pero preferí planificar aplazarlo. Que sé que no está, estaba, bien del todo.
Y que con J.A. me pasa algo: que, como ya he dicho/escrito otras veces, le quiero mucho. La primera vez que lo dije/escribí lo hice desde la perspectiva de que no iba a volver a verle en cuanto dejáramos de trabajar juntos. Aun así, tenía claro que me importaba, y mucho. Al margen de posibles futuros...
El futuro es este presente. Y ha sido que nos hemos seguido viendo, como digo.
Y, como decía: que yo a J.A. le quiero. Y me importa. Y aunque sé que no mentía al repetir que sí, que se encontraba bien, que lo único que no le apetecía es el agobio del transporte público (la idea era venir en taxi. Es que vivo lejos. Como a una hora larga de transporte público)... yo tengo claro que no: mejor que la pasada semana, sí que estaba. Y mucho mejor que las dos anteriores, que aplazamos el vernos, por descontado. Pero no. Y como lo que me pasa con la gente a la que quiero es que me importa bastante más que estén bien que cualquier otra cosa..., pues ya digo. Que juro que me apetecía más que se viniera conmigo (y ya se vería) de lo que pueda creer. Pero que también le dije, y no es la primera vez que se lo digo, que quedar conmigo e incluir el venirse a mi casa no es una cita con el médico... así que es cuando él quiera y para lo que quiera y para irse cuando le parezca.
Y, francamente, este viernes tenía la sensación de que no iba a aguantarme (de 'soportarme', digo) más de media hora... eso, si no se arrepentía a medio camino. Que no quiero que lo considere una obligación (sé que todo esto suena rarísimo..., pero es que una y sus circunstancias no son normales. De nunca). Y que prefiero que se encuente bien del todo. Que igual en el fondo es que soy muy egoista: no quiero compartirle con unos antibióticos.
Y llegamos al sábado, día 28.
Que sigue haciendo muchísimo calor. Que a ratos estoy cansadísima y a ratos no. Que ya sé que lo que graba mi cámara se puede ver (a mediamañana me llegó el sms de J.A. diciéndomelo. Es que le dí la tarjeta de la cámara, claro). Que Tano ha estado cantando todo el día (supongo que no se callará en mi ausencia). Y que, como decía: esta ha sido la última semana completa de agosto. Que le quedan tres días.
Y que sobre otros asuntos, algunos matices, la actual situación laboral de aquí la escribiente y su relación con la Empresita Naranja (estamos, otra vez, al borde del desastre. Ó del despido)... pues ya escribiré otro post. Ú otros. Ya se verá.





melissa dijo
Ay Brux!! te advierto que no podría ser tu vecina...jejeje...y mira que me gustan los animale..... pero en silencio :) Esto me recuerda que hace unos años, enfrente de mi casa, balcón con balcón, colocaron a un loro que no paraba de "gritar". Como conocía a mi vecina le dije muy amablemente que me molestaba su loro y entonces me contó que se había divorciado y que era de su ex, que tampoco lo soportaba y q en cuanto fuera a recoger unas cosas q le quedaban de la casa le endosaba al loro. lo que se entera una... :)
por lo demás veo que la semanita ha sido intensa...pues yo estoy de relax relativo cargando la batería para el día 1, terminando de leer un libro que tengo entre manos y haciendo las labores de la casa, que no es poco.
un beso, guapa!
29 Agosto 2010 | 07:42 PM