Sexo telefónico.
Se me había olvidadado a mí esta historia...
Bueno, no: no se me había olvidado. Lo que pasa es que llevaba tiempo sin acordarme. Supongo que porque de veras estoy en proceso de olvido de según qué y según quién. Da igual. No es de determinadas neuras de lo que quiero escribir.
La he recordado a raiz de una conversación telefónica esta mañana con un amigo. Vamos a ver, que la conversación iba de otras cosas..., que al final se llegó a esto por un tema de posibles horarios de llamadas (que yo tengo horarios raros de estar en casa, ó no tanto, y ahora resulta que además son pelín incompatibles..., bueno, me voy del tema). Bueno, creo que realmente tampoco llegamos a esto por lo del horario de llamadas..., ó, qué más da...
Sexo telefónico. Pues sí: también tuve una época de sexo telefónico....
Intento ponerme... poner a posibles lectores, en situación. Como ya he comentado en quizá demasiadas ocasiones, tuve una relación larga (como 12 años, con largos paréntesis enmedio... pero que me sigo negando a considerar relación intermitente, porque para mí no lo fue) con alguien. Con "M". Una relación larga, rara, complicada..., porque él era complicado. Mucho. No sólo ó no tanto por el hecho de tener una pareja 'legal' estable, bastantes años más que yo, y algún matiz más... sino por tratarse de una persona bastante paranoica. En fin: supongo que algún día me enfrentaré a la historia completa e, incluso, podré escribirla.
"M" y yo nos veíamos cuando podíamos. Para ser exactos: nos veíamos cuando a él le apetecía... y yo podía. El asunto era tal que así de claro: daba igual si a quien me apetecía verle era a mí. Tenía que esperar sus llamadas, que se presentase por sorpresa... Sólo si me era imposible, el asunto se aplazaba. Aplazar un encuentro con "M" podía significar que nos veríamos dos ó tres días más tarde... ó que podía estar semanas sin saber nada de él. Como digo: una historia larga y rara.
Y tuvimos una época de sexo telefónico.
A decir verdad, no sé a cuento de qué... En esos días nos veíamos. No diré que todas las semanas, porque lo curioso de nuestra relación es que se diría que todo estaba a favor... para que cada cosa que nos pasase tuviera como consecuencia tener horarios, lugares de trabajo, asuntos familiares... que dificultaban más y más vernos. Pero en esos días, sí, nos veíamos.
Así que, ya digo... tampoco tengo claro el porqué. El caso fue que en una de nuestras llamadas... Primero aclararé que en esos días lo de los móviles no estaba tan extendido como ahora (hablo de finales de los 90'). Que para hablar conmigo tenía que aprovechar que yo estuviese sola en la oficina. Y que, obviamente, él también estaba medianamente solo (ó sea, que no estuviesen por allí sus hijas, por poner un ejemplo. Con el personal a su servicio, esto es, empleadas, nunca se 'cortó'. Hablo por experiencia, que trabajé con el dos años). A decir verdad, las conversaciones tampoco tenían nada escandaloso ni que ocultar (hasta ese día, claro): hablábamos de trabajo, de su familia, de trivialidades, de cuándo y cómo vernos...
Ése día, claro, sabía que estaba sola. Creo que es lo primero que me preguntaba: ¿estás sola? ó ¿puedes hablar? Si no era así, yo solía dar cualquier excusa... y él me indicaba a qué hora intentaría volverme a llamar, a ver si me 'inventaba' algo para quedarme sola. A veces era posible y a veces no. Las relaciones 'clandestinas' es lo que tienen.
Estaba sola. Y no sé qué estaríamos hablando cuando me preguntó:
- ¿Qué llevas puesto?
Y se lo describí, claro. Supongo que empecé por lo más visible. Y supongo que insistió en el ¿y qué más?. Y que me quedó claro qué estaba intentando que le contase...
Fue el principio y fue la primera vez. Obviamente, de la descripción de la ropa pasamos (pasó) a indicarme qué podía hacerme, dónde tocarme... y que se lo contase... Y, en fin, que una no tiene un excesivo pudor para según qué y en qué situaciones y con qué personas..., y que nuestra relación, en el fondo, estaba basada en eso: yo estaba dispuesta a lo que él quisiera. Y si lo que quería era eso, que le explicase qué sentía... y que añadiera qué me gustaría hacerle a él, y que me contase qué me querría estar haciendo... y el resultado le gustaba... Pues ya estaba todo dicho.
Creo que alguna vez he contado que "M", además de un infiel patológico (y, como tal, muy inseguro tras su fachada de 'aquí mando yo' , con muchos complejos que se negaría a admitir, y pelín mentiroso), era tremendamente celoso. Del tipo 'me hace gracia lo que haces, hago como que no me importa si veo que te miran... pero como me entere de que estás con otro no respondo'. En fin: él podía estar con quien le apeteciera, se suponía que entre él y yo no había compromiso alguno... pero también me dejaba claro que era de su propiedad, y punto. Esto viene a que de vez en cuando me reprochaba mi "forma de hablar". Según él, tenía un modo de decir las cosas... que cualquiera que me estuviese escuchando podía imaginar cosas. Mejor dicho: que a pesar de que lo que estuviese diciendo fuese de lo más trivial, el modo de decirlo... era como si estuviese dando a entender algo más. Vamos: que hablaba provocando al personal masculino...
Ignoro, nunca lo tuve ni medianamente claro, qué le hacía pensar eso. Vale: me gusta jugar, me ha gustado siempre. No tengo un tono de voz especialmente insinuante (lo admito: más quisiera yo, a mí que la gente 'me entra' por el oído). De acuerdo que tengo un amplísimo vocabulario (que luego lo emplee ó no ya es otro tema). Y que, probablemente, en vivo y en directo, a los veinte años, acompañando las palabras de miradas, vestida de determinado modo y ante determinado auditorio (señores que me doblaban la edad), pues podría ser... Pero extrapolar el asunto al teléfono... como que no, vaya. Que no me lo creía (aunque ahora que me paro a pensarlo, tenía a dos ó tres serios y respetables ejecutivos del sector muy aficionados a llamarme e intentar 'buscar temas de conversación'. En fin).
El caso es que, por lo que fuese, aquel día descubrí que 'le ponía' hablar conmigo... por teléfono.
Y el asunto durante una temporada se convirtió en costumbre.
Y el caso es que le seguía el juego. Que lo más fácil habría sido seguírselo, vale... pero sin que necesariamente le describiera qué llevaba realmente puesto ese día (total, sé perfectamente qué tipo de prendas le gustaban..., habría valido con inventar). Y con respecto al resto de la conversación... qué más daría si me estaba limando las uñas ó cuadrando la contabilidad.... al tiempo que le aseguraba cómo imaginaba que me estaba acariciando ó cuanto me gustaría estar haciéndole según qué en ese momento... Pues no. Me metía en el papel. Y he de confesar que algunos de mis 'encuentros virtuales' con "M" fueron mucho más divertidos que algunos reales...
Puestos a jugar.... Una noche empezó con el asunto 'verbal' mientras yo iba en autobús, volviendo a casa. Me hice la ruta entera del bus, en vez de quedarme en mi parada (ya por entonces sí tenía móvil). Otra vez, mientras esperaba el tren para volver al trabajo por la tarde. En estas ocasiones era él quien me iba describiendo qué quería hacerme ó qué se imaginaba que iba a hacerle yo. Y he de confesar que cuando quería se ponía muy, pero que muy explícito. La vez del tren... no sé si por suerte ó por desgracia, me quedé sin batería mientras me iba contando que imaginaba que estaba con él... y cómo...
No sé de dónde sacó "M" aquella repentina afición (por entonces, hacía como siete, ocho años, que nos conocíamos). Cuando le descubría nuevas 'habilidades' me quedaba claro que había otras..., y, más que probablemente, que la 'otra' de esa vez había sido algo más que una relación de unas horas. Supongo que alguna era aficionada al asunto telefónico (conociéndole, descarto totalmente las líneas telefónicas eróticas. Por su alto coste, me refiero). Y le dió por ponerlo en práctica conmigo... ya que, total, si hablando de cosas normales él pensaba en otras... pues más excitante podría ser si las cosas iban de lo que iban... sin necesidad de mucha más imaginación.
Un día me dí cuenta de que llevábamos semanas sin hablar. Ó, mejor dicho, que cuando hablábamos era de asuntos 'normales': trabajo, familia, posibilidad de vernos...
Se le pasó como le vino. Ó, probablemente, encontró alguien que le 'pusiera' más que yo. Quien sabe. Nunca se lo pregunté. Hacía mucho que había aprendido lo contraproducente que era preguntar lo que fuese a "M"...
No había vuelto a pensar en aquella historia. Supongo que es de esas cosas que están ahí, y punto.
Tampoco he tenido ocasión de volver a 'practicar'. Por nada en contra ni nada en especial: simple falta de ocasiones. Ó de interlocutor válido, para ser más exactos.
Ah: con el 'interlocutor' de esta mañana que ha hecho que recuerde este asunto, el sexo es dialéctico. Que no es lo mismo que oral, obviamente. Digamos que podría ser una variante del sexo telefónico... pero que también se puede practicar presencialmente. Incluso en grupo, sin que la cosa parezca una orgía. Y hasta con amigas, sin ser lesbiana. Y si se tiene confianza, hasta con familiares, sin que sea incesto... Vamos, que se puede hablar de sexo... sin que necesariamente se pase de eso, hablar por hablar...
Aunque en ocasiones también puede ser el sexo dialéctico una modalidad de preliminar. Para el más ó menos convencional (si es que esta palabra puede ser aplicable al sexo). Y hasta para el telefónico, llegado el caso.







chats dijo
Una historia muy caliente de sexo sin contacto.
Me encantan tus reflexiones y las historias que cuentas.
Gracias por todo. Un saludo.
19 Septiembre 2010 | 03:30 PM