Diapasón.
Quería escribir un post en condiciones. Pero tendremos que conformarnos con lo que salga.
Sigo cansada. En estos momentos, la verdad es que algo mejor (no haber salido hoy más que para tomarme un café y hacer compra a mediodía/primera hora de la tarde, digo yo que algo habrá hecho por mi relax), pero sigo sin estar al 100%. Y sigue sin haber causas digamos lógicas... aunque qué más lógico y qué más causas que mi propia vida, mi propio (y desastroso) presente:
No madrugo, pero tampoco me da tiempo a nada y son las doce menos algo del mediodía y me tengo que ir a trabajar. Hora larga de transporte: tren, trasbordo al metro, trasbordo en el metro, breve distancia hasta El Edificio. Ocho horas de encierro, con dos breves pausas en que salgo a la calle porque la idea de estar encerrada..., en fin, si lo pensase tendría que salir cada hora. Ocho horas en que no hago nada de provecho: llamar, llamar, llamar... a clientes que cada dos meses se repiten, y a los que tengo que ofrecer seguros que no necesitan. Una campaña de ventas donde llegar a cobrar comisiones es tarea imposible, lo que significa mes tras mes de sueldo de supervivencia con el que ni cubro gastos. Salir a las nueve y algo. Espera el bus que me llevará hasta Atocha. Nuevamente el tren. Llego a casa a las diez y media, algunos días, más tarde. Me acuesto cerca de las dos... y apenas duermo a ratos. Día tras día: no hay más. El ambiente laboral ni siquiera se puede calificar como 'malo': es simplemente inexistente. Me meto en mi burbuja y dejo pasar las horas, sin más...
Esta rutina, para alguien claramente hiperactivo, sociable, acostumbrado a tratar con público, a mantener una buena relación con sus compañeros de trabajo, creativo (del tipo estar todo el día enredando, y aplicando el 'enredar' en buscar mejorar resultados en su empresa), a quien no le importa hacer cualquier tarea, que está habituado que su trabajo le rente beneficios..., pues eso: le mata. Me mata.
Me meto en mi burbuja y en mi papel, y pasan los días, y las semanas... y los meses. Y no veo que esto tenga visos de cambiar. Y no sé por dónde empezar a irme...
Mejor no analizo el resto, porque me deprimiría del todo, y no son horas.
Esta semana ha tenido un día (laboral) menos. El día de la huelga fue para mí 'de asuntos propios' (es lo que tiene no haber cogido vacaciones, llevar más de un año en la empresa, tener un histórico de absentismo inexistente, ser la empleada más rentable de la campaña con eso de que no consigo cobrar comisiones nunca...). En definitiva, que esta semana sólo fueron cuatro días. Lo que hace aún más inexplicable mi cansancio acumulado. El viernes no podía con mi alma. Aún así, aguanté hasta las cinco... y me fuí a casa. Y a las once me estaba cayendo de sueño. Y no sé a qué hora me quedé dormida en el sofá, pero eran más de las tres cuando me trasladé a la cama... y dormí hasta más de las diez....
Encadeno instantes de euforia con bajones absolutos. De la mayoría sólo me doy cuenta yo: sigo siendo una magnífica actriz.
Necesitaría beber más agua, comer más fruta. Lo malo de estos estados de desánimo es que me apaño comiendo lo que a mí me parece 'cualquier cosa' y que viene a ser un cúmulo de chucherías. Y eso a medio plazo me hace sentirme mal, engordar, me repercute en la piel. Y lo sé. Esta semana volveré a la alimentación 'lógica': alimentos frescos y tal.
Me siento cansada y sé que es en gran parte desánimo. La seguridad de que mi vida no va a ninguna parte. Que está estancada. Que me ilusiono con tonterías... pero enseguida recupero la razón y retomo el contacto con la realidad. Así de simple.
Me apetece, a ratos, volver a dibujar, a pintar siquiera flores. Y cocinar. Y ordenar mis fotos y mandar a imprimir cien, doscientas..., y pegarlas en álbumes. Y hacerme fotos a mí misma (las últimas fueron en febrero, tras muchos meses sin una sola imagen nueva mía). Y escribir correos a gente de quien sé poco ó nada desde hace tiempo. Me apetecen tantas cosas... a ratos... pero salgo de casa a las doce menos algo y regreso casi once horas más tarde. Un día y otro y otro y otro. Y todos pasan sin dejar apenas huella. Y sé que en este trabajo será así siempre... Entonces, se me pasan las ganas, y llega el cansancio otra vez...
A veces, en mi burbuja, se me ocurren ideas sueltas que alguna vez han terminado siendo post. Algún sueño de ésos que son luego poemas... También hay frases que se quedan en nada, sueltas en la libreta, en la agenda. Como 'en nada' se quedará la relación casi imaginada que es el argumento de gran parte de esas ideas, de esas frases, de esos poemas... También debería escribir sobre eso, pero estoy cansada.
Y escribir sobre lo que ha sido este verano. Y volver, casi seis meses y en realidad un año después, a determinado asunto y determinada persona a la que quiero mucho y que, al final, va a ser de lo poco reseñable de mis últimos meses. Y hablar sobre temas que siguen ahí, pendientes. Y sobre los celos. Y..., y tantas cosas...
A ratos, me siento en un columpio: tomo impulso y me balanceo, y veo el cielo sin necesidad de alzar la vista, y veo la tierra que aparece y desaparece ante mis ojos. Otros, es una montaña rusa: no necesito más que montarme y que el recorrido me lleve, me eleve, me deje caer, me emocione, me asuste.
Y otros muchos, como esta semana, siento que mi presente es la aguja del diapasón. Marcando un ritmo que no termino de entender, siempre el mismo: yendo y viniendo.
Y sabiendo que no voy a ninguna parte, en realidad.





kilifa dijo
yo creo que son tantas y tantas cosas que quieres hacer, que te agobias de solo pensarlo...
empieza alimentabdote bien, eso si es importante. Las fotos y demas, pueden esperar.
besitos guapa.
Pd, oyeeee, que estaba pensando yo....alguien me dijo una vez que me iba a pintar algo? ejem...jajaja, vengaaaa no te doy mas trabajo, a tu ritmo linda.
3 Octubre 2010 | 10:19 AM