Una sola posibilidad entre un millón.
Novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve.
Ésos son los intentos que hago si me dicen, para hacerme desistir, que sólo hay una opción entre un millón de conseguir algo. Si de veras lo deseo, claro. Me da igual si cada intento es un tropezón, es una herida, me hace ver nuevos inconvenientes, me hace dejar tiras de piel en el camino. Me da igual el precio, las renuncias, las zancadillas. Me vuelvo a levantar, me lamo las heridas en ayunas para que cicatricen, y vuelvo a la carga. Porque sé que tarde ó temprano tocaré el resorte, acertaré la combinación de números, llegaré a la meta.
Soy cabezota. Más aún: soy persistente. Algo que a veces suena contradictorio en alguien que, como yo, cuando quiere algo... lo quiere para ya mismo. Para anteayer, a ser posible. Pero a la vez, nunca dejo de tener en mente que el tiempo es algo relativo. Que el pasado realmente no existe: fue presente ayer, simplemente. Y que tampoco el futuro es algo tangible: será presente en su momento. Por eso tengo la paciencia y la capacidad de esperar. Porque otras tantas veces, el instante que parecía demorarse, terminó por llegar... y hasta pasó sin más. Incluso, sin apenas darme cuenta: hay veces en que los deseos se cumplen cuando ya no producen emoción. Y se van sin dejar más huella que la dejada por ese tiempo en que fueron proyecto, anhelo, finalidad.
Sigo haciendo intentos. Sí: a veces decido abandonar. He tirado la toalla varias veces... pero he regresado del rincón y la he vuelto a recoger. Por eso insisto... cuando ya decidí no volver a hacerlo. Y espero. Y creo en promesas, en propósitos, en palabras. Y, aunque tantas veces sé que no son reales, y aunque otras sé que eran excusas y eran mentiras... sigo esperando. Anoto la rayita en la pared: un nuevo intento gastado. Y sigo intentándolo...
Novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve intentos.
Pero sólo cuando deseo algo de veras. Y hay deseos que, a medio camino, he visto que ya no me apetecía cumplir. Sin más ni más.
Sigo intentándolo. En este caso, aunque a ratos sé que puedo estarme equivocando, que esto me puede hacer daño a medio plazo, que igual estoy idealizando lo que no es y no lo ha sido nunca, que quizás hubo quien vió más que yo y yo no quise escuchar advertencias... sigo marcando muescas en el cabecero de mi cama: una por cada día en que no ha podido ser, pero yo sí lo he deseado. Un palote en la pizarra, que cruzaré cuando sean cien más. Un montoncito más de hojas de margarita: sí, no, sí, no.
A veces, los deseos no llegan a cumplirse porque no nos estaban destinados. Otras, porque realmente no eran tan importantes. No sé en qué apartado estará éste si finalmente no se cumple, como tantas veces veo claro que será. Que no será.
Novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve. Sigo aquí, sigo esperando.
Sigo deseando lo mismo.
No sé si lo merezco, ni si lo conseguiré. Pero al menos, y aunque parezca que esto no tiene la menor relación... hoy por fin llueve en Madrid.






melissa dijo
esa es la actitud, Brux!!!! Así me gusta verte/leerte.
Recuerda q la vida te puede sorprender en cualquier momento.
Besos valencianos calurosos
muuuuak
4 Octubre 2010 | 08:49 PM