La Coctelera

Diario de una vampiresa en paro

( ó "LA ESTRATEGIA DE SHEREZADE" )
El lema de mi vida debería ser "...con lo que tú podrías (ser-tener-hacer) si quisieras...!!!"

26 Octubre 2010

Dormir conmigo. Ó no.

Creo que no tiene del todo claro en qué momento y a cuento de qué empezó lo que no es sino un juego dialéctico. Ó tal vez ya ni eso. Ó tal vez algo más...
Yo, más ó menos, sí tengo clara la trayectoria de este asunto. Igual es lo único que tengo claro.

Un día, en una de esas conversaciones totalmente banales 'para hacer tiempo' en el trabajo, comenté sobre una de mis aficiones (en realidad, plenamente relacionada con lo que es mi verdadera profesión). Lo uno llevó a lo otro y al final desembocó en la decoración de mi casa, de mi dormitorio casi para ser más concretos. El caso es que quedó pendiente el 'un día te traigo unas fotos'. Y así es como comenzó este asunto: un día llevé la cámara para enseñar a esa compañera en concreto algún detalle de mi habitación. Cama de forja con barrotes incluida... Además de las fotos meramente 'paisajísticas' se incluía alguna que me había auto-hecho en febrero, una tarde de sábado en que me dió por ahí como podía haberme dado por cualquier cosa. Bueno. El caso es que empezamos con el 'a ver las fotos', con las chicas. En esos días y desde hacía meses, J.A. era mi 'compi de pupitre'. Por no alargarlo, el caso es que también él vió las fotos (cómo no). Y el cachondeito de 'ahora podrás decir que he visto tu cama', ó mi respuesta 'y que me has visto a mí en la cama' (puesto que en alguna de las fotos aparezco yo en la cama. Perfectamente vestida, por cierto).

Por esos días mis conversaciones con J.A. estaban totalmente exentas de cualquier doble sentido de índole sexual. Cierto que alguna vez sí podría haberle respondido cuando, claramente, lo que acababa de decir claro que se podía sobreentender... pero, no sé. En realidad ni rehuía el asunto ni lo buscaba. Si acaso alguna vez me 'reprimí', pero porque me conozco.  No por temer que se pudieran malinterpretar cosas que no pasarían de ser una broma, ni porque igual él sí se sentía... no sé, molesto... Simplemente eso: me conozco. Y puesto que mi relación con él era totalmente 'blanca'... para qué dar vueltas a nada. Francamente, en medio año en ningún momento se me ocurrió absolutamente nada en ese sentido con él. Me refiero a simples conversaciones... no a otras cosas...

El segundo paso, ó comentario, vino a raiz de uno de los suyos que en esta ocasión sí repliqué. A raiz de algo que ahora no viene a cuento relatar se le ocurrió decir 'no me digas que has alquilado una habitación de hotel por aquí cerca  y me vas a sorprender con eso'. A lo que yo respondí 'para qué alquilar hoteles si podemos ir a mi casa: vivo sola'.
Creo que no se lo esperaba. Ciertamente, era todo una broma, por su parte y por la mía. Pero sí recuerdo ese detalle como el comienzo de mi 'para qué seguir intentando guardar la compostura... si eres como eres y ya está'. Y dentro de 'como soy' hay alguien a quien le gusta mucho jugar... y en su vida se ha cortado con las palabras.
Mientras trabajábamos juntos hubo poco más que esto. Y sí puedo afirmar que fue en los últimos tiempos, el último mes, cuando más intercambio de 'sexo dialéctico' pudimos tener. Comentarios de ésos que nunca encerraban más allá del doble sentido... ése que si no quieres, no significa más que lo que se está diciendo. Y a frases del tipo 'la verdad es que no sé cómo convencerte para que te quites la falda'  iba mi respuesta 'ya te he dicho que a tí mi ropa no te iba a sentar bien, así que no insistas'. Los últimos días, ya despedidos y haciendo tiempo simplemente para que llegase el último día allí sí que, quizá, pudo haber alguna broma de ese tipo más... y, eso sí, siempre en público. No recuerdo de él ningún comentario a solas..., ó, quizás, es que no me daba por aludida...

Estos son los antecedentes. Porque el asunto que da título a este post... no surgió hasta el primer día en que quedé con él ya fuera de allí, de aquel sitio. Y sí tengo claro cómo fue...

En realidad, simplemente le sugerí que se viniera un día a comer a mi casa. Sin prisas, porque en esos últimos días de abril, aunque yo ya sí tuviera posibles empleos en mente... parecía que si algo nos iba a sobrar era tiempo. Creo que se lo planteé así: te vienes a comer y ya no tenemos prisa... puedo estarte escuchando hablar todas las horas que tú quieras. Y claro, surgió el '¿y si se hace de noche?'
"Pues tenemos varias opciones: te puedo preparar la cama en el sofá, que es muy cómodo. Te busco unas sabanitas y la almohada y ya está. Ú otra opción: que duermas conmigo, que la cama es grande. Eso sí: para esta alternativa creo que tendría que atarte al cabecero. Porque con lo que te mueves despierto... me temo que ni de noche te estarás quieto. Así que te ato para que me dejes dormir".
Juro que en ese momento no tenía la más mínima intención de nada más. Que no estaba hablándole de sexo. Que entre nosotros no había habido, nunca, el menor comentario 'personal' en ese sentido (y si lo hubo por su parte... aseguro que no fuí capaz de darme por aludida). Pero...
Fue la primera vez que surgió el asunto como 'posibilidad'. Y así llevamos seis meses...

En principio, la 'posibilidad' de veras que no era algo sexual. Que era parte de las muchas tonterías, ó verdades disfrazadas de broma, que intercambiábamos. Que le pareció bien la opción de que le atase a la cama (en esos momentos sí, creo, estábamos ya hablando de otras cosas). Que prefería que le atase sólo una mano (quedé en estudiarlo y negociarlo).

Esa tarde, y de lo que no estoy segura es si fue antes ó después de la 'propuesta', me dijo como de pasada que había algo que sí me quería confesar. Para entender la importancia, ó no, que la 'confesión' pudiera tener tengo que explicar primero que solíamos decir que El Edificio donde trabajábamos tenía un altísimo componente anti-lujurioso. Vamos, que por muy tendente  que uno fuese a según qué fantasías... allí se te quitaban todas. El Edificio es anti-lujuria total. Por eso su 'confesión' me hizo gracia. Hablábamos de las chicas que trabajaban allí, de nuestras compañeras de grupo, de nuestras jefas... todo esto, en El Edificio anti-lujuria. Y entonces me lo dice. Que una vez sí que se le cruzó por la mente una imagen sexual. Y yo que me lo tomo a broma, le digo que con quién... 'Contigo: un día mirándote el escote... Ahora vas a pensar que soy un salido'.
Lejos de molestarme, me hizo gracia. Mucha. Simplemente. Es más: es que tampoco me lo tomé en serio...
Y esa tarde así, de esta forma tan tonta y tan, en realidad, pensado que esos comentarios no tenían la menor importancia... empezamos dos de las líneas argumentales de horas de conversación...
El 'venirse a dormir a mi casa' (con ataduras a la cama ó no) y el hablar de sexo.

Con respecto al primer tema... En uno de los primeros emails que intercambiamos, las semanas posteriores a nuestra salida de la Empresa y a esa primera tarde viéndonos fuera de allí, llegué a enviarle una foto del cabecero de mi cama. Lógicamente, como respuesta a un comentario suyo. Y hubo otro email donde, ya un poco más seria, tuve que comentar casi en plan aclaratorio que en lo referente de venir un día a mi casa... que iba todo lo en serio ó en broma que él quisiera tomarse. Porque hay veces en que, en general, temo estarme tomando confianzas que, igual, no se me han dado. Me pasa con todo el mundo: no iba a ser una excepción.
En todos estos meses sólo una vez le propuse, directamente, que se viniera conmigo. No, no le estaba proponiendo sexo (ó eso creo). Declinó el ofrecimiento: viernes, casi medianoche, centro de Madrid... Sólo una vez, otra, estuvo a punto de venirse a mi casa. Muy a punto: de hecho, lo habíamos planificado así días antes. En esta otra ocasión fuí yo quien le quité la idea: había estado enfermo y seguía sin estar bien; no era buena idea.
Es curioso que no me arrepienta y, a la vez, sí lo haga de haber tomado esa decisión aquella tarde. No me arrepiento porque me importa mucho más de lo que me importo a mí misma, y sé que no iba a estar ni agusto ni cómodo. Y me arrepiento... qué sé yo. Tal vez porque desde algún lado la egoista que llevo dentro se subleva y protesta... Porque me temo que no volverá a darse la ocasión. No sé: igual tenía que ser así.

En definitiva: llevamos seis meses dándole vueltas al asunto. No en plan obsesivo, por supuesto... pero de vez en cuando surge como opción. A estas alturas de la película ya sabemos que ninguno de los dos es muy dado a 'vestirse' de noche (vamos, que él duerme desnudo y yo, en verano, pues también) así que estamos avisados de qué nos podemos encontrar. Creo que ni a él ni a mí nos importa este asunto, concretamente. Que lo de atarle (ó no) al cabecero de la cama es accesorio, aunque, de realizarse, sería 'sólo una mano' y por descontado, con pañuelos de seda (que tengo bastantes). Y sin fotos, por supuesto. Ya le respondí que no me importaba si me quería atar a mí, si le apetecía, ni tampoco que me vendase los ojos, que era otra propuesta. Y, con respecto a otras cosas... pues ya se vería...

¿Si todo esto va en serio? Pues no lo sé.

Porque el caso es que el comienzo no fue sino la propuesta de 'vente un día a comer a mi casa'. Y porque soy consciente de que a los dos nos gusta mucho jugar... con las palabras. Y porque también tengo perfectamente claro quién soy y cuales son mis limitaciones. Y que nuestras particulares vidas: horarios de trabajo, lugar de residencias... compromisos familiares y personales, cada día contribuyen a distanciarnos más, a que sea más difícil que nos veamos. Y porque han pasado seis meses... y, si en todo este tiempo no ha pasado nada... es complicado que pase. Soy también consciente de ello.
Sin embargo, y a pesar de frases que pueden encerrar dobles sentidos, bromas, ganas de provocar por provocar... sí es una realidad y sí le hablo en serio cuando le he dicho que puede vernirse a mi casa cuando le dé la gana. Que si quiere puede dormir en mi cama. Que no le voy a hacer nada... bueno, al menos nada que no quiera que le hagan...(igual decir esto tampoco es del todo serio).

Llevamos seis meses, ya digo, dándole vueltas al juego. Un juego que también incluye hablar de sexo... aunque de eso, sexo dialéctico, hablaré/escribiré otro día.

servido por bruxana 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

www-lacoctelera-com-inaki

www-lacoctelera-com-inaki dijo

Ja, ja, el juego es diver. Lo mejor es no forzar nada. Lo que sea, será. Un beso, espero segundo capítulo, me refiero a lo del sexo dialéctico, que tiene su aquel...

26 Octubre 2010 | 07:21 PM

regalices

regalices dijo

Uff, a mi me encanta jugar pero muchas veces se pone peligroso y acabo perdiendo. Besito.

27 Octubre 2010 | 06:08 PM

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Sobre mí

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Diario de una vampiresa en paro

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He sido ex-vampiresa durante los últimos años. Lo que significa que vuelvo a entrar en el juego..., y quiero volver a ser quien fuí.
Lo que pasa es que, para reengancharse hace falta tiempo..., y para eso el periodo de "en paro" viene bien.

¿Más sobre mí, ahora que ya llevo una temporadita aquí? Pues que me gustan los gatos, adoro la música, no me gustan los intransigentes, ni las mentiras (y menos las que busca dañar a otros), que aprendí a leer con dos años, a escribir con tres, que hablo por los codos desde siempre..., que considero vital la comunicación (al parecer desde que nací)
Que con ocho años me regalaron una cámara de fotos y no sabría vivir sin poder reflejar el mundo en imágenes...
... y que mi profesión no tiene NADA que ver con todo esto que he contado...: soy una contradicción en hiperactiva y privada sesión contínua...

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