Imaginar, sin proponérmelo.
Llevo mal el cambio de hora, siempre lo he llevado mal. Durante días (mínimo, una semana) da igual lo que diga el reloj: mi cuerpo sigue indicándome la hora 'anterior'. Se supone que este cambio, el de invierno, es más cómodo: nos permite estar una hora más en la cama (bueno, eso el primer día: luego dependerá de a qué hora nos acostemos...), pero todo va como con retraso. Y el reloj biológico nos hace sentir hambre cuando el reloj del móvil nos indica que es muy temprano. Y por la noche se cierran los párpados a las doce, cuando es normal que a la una hace unos días no tuviésemos ni sueño...
Además, en mi caso no me gusta nada eso de que a las seis y media sea casi de noche. La próxima semana, y la siguiente, serán los días más cortos del año (bueno, será así hasta mediados de diciembre... pero yo cuando más lo noto son las semanas centrales de noviembre). Para terminar de completar el asunto, en Madrid no tenemos exactamente temperaturas invernales: hoy hemos rondado los 20ºC todo el día. Así que eso de ver que a las siete ya es completamente noche... con una temperatura ambiental de primavera soleada... ya digo: descoloca.
Y si le añadimos lo mortalmente aburrido que es mi trabajo... que cada día lo es más... pues eso: no sé cómo aguanto despierta...
Así que:
"Cierro los ojos. Entre llamada y llamada, entre repetición y repetición de un mismo argumento con idéntica respuesta, cierro los ojos. Conecto el piloto automático y es éste quien sigue respondiendo, argumentando... Yo no estoy, realmente; por unos instantes, no estoy allí. Sólo intento descansar la vista, pero, de pronto, sueño despierta. Sueño con lo que sé que sólo es eso: un sueño. Imagino sin proponérmelo lo que no conozco y seguramente nunca conoceré en la realidad. Imagino tus besos y tus manos recorriéndome. Imagino el tacto y el calor de tu piel. Cierro los ojos a la realidad e imagino apenas unos instantes, mientras salta la siguiente llamada, mientras llega el momento en que sé que deberé abrirlos para anotar el resultado de la conversación, siempre improductiva. Llega un momento en que consigo que ni siquiera ese breve instante me haga regresar del todo: es sólo un momento, una vuelta a una luz que daña mi vista... Cierro los ojos y quiero imaginar otra luz. La luz de los tuyos. Ó una luz tenue que iluminase tu piel y provocase sombras gigantescas en la pared, siluetas de nuestros cuerpos. Sueño despierta y quiero imaginar cómo sería que me quitases la ropa que llevo puesta en esos momentos. Tus dedos rozándome, demorándose más de lo estrictamente necesario. Sé que no es cierto y sé que seguramente no sería como lo imagino, pero me da igual. Y, aunque sólo serán unos minutos, porque la magia en estos casos dura tan poco... me basta. Hoy, me basta. La realidad es tan patética... y yo, por un instante, quizá por primera vez.... he conseguido volar, salir de ella. Salir de allí sin moverme de mi sitio, sin que nadie pudiese intuir nada. Verme cerrar los ojos. Para ellos, simplemente ha sido eso. Pero no. Cerrar los ojos y con ello imaginar. Imaginarte"
Pues eso. Qué más da...





tess dijo
Odio estos dias del absurdo cambio de horario, no entiendo el ahorro energético y como tú dices, hoy menudo dia rico y a las 6 casi de noche, fustrante, asi que nos dedicaremos a soñar.
BesoTess con luz
4 Noviembre 2010 | 12:36 AM