Esperando a alguien que me importe...
En cierto modo, cuando se fue una parte de mí también se fue con él.
Supongo que es algo que podrá pasar con frecuencia. Cuando se pone tanto en una historia, en una relación, tanta renuncia para conseguir allanar el terreno y que las cosas salgan bien, tanto ceder, tanto esperar... y, de pronto, una se da cuenta de que no ha servido de nada... es fácil tirar la toalla.
Y yo lo hice.
No tanto en el sentido de 'renunciar a él' :a esas alturas, la relación estaba ya tan deteriorada... Y, pese a eso, pese a saber que seguramente aquel 'no vamos a perder en contacto, en unos días tengo que volver y quedamos' era mentira y sería el final definitivo... en realidad seguí esperando. Como sí he contado muchas veces, esperar para conseguir ponerle fin definitivo a esa historia, que se cerró en falso... aunque imagino que a estas alturas de la vida hasta esa herida mal cosida ya es cicatriz bien soldada. Esperar. Y no, no rendirme.
No fue ésa mi renuncia. En realidad, no es a él a lo que renuncié (el miedo a que en cualquier momento pueda reaparecer... a que lo hiciera en el momento en que yo decidiera 'rehacer' del todo mi vida... me ha acompañado años. Ya me da exactamente igual). Cuando se fue, renuncié a una parte de mi misma.
Simplemente, ésa es la razón por la que no he vuelto a mantener una relación más allá de la amistad con un hombre. Porque aquello, todos aquellos años, aquel final... me dejó tan cansada, tan hastiada, tan decepcionada... que decidí que se había terminado. Punto. Que no me compensaba. Y que no iba a permitir que, de nuevo, tras poner todo de mi parte para que algo funcionase... de pronto el final fuese el que había sido. Enterarme casi por unos anuncios en prensa de que la persona con quien estás haciendo planes durante años de pronto ha decidido irse a vivir definitivamente a trescientos kilómetros. Sin darme lugar para opinar, siquiera. Política de hechos consumados.
No, no me compensaba mantener una relación con ese miedo.
Y por eso renuncié a intentar nada con nadie.
Nunca me atrayeron las relaciones de una noche (ni de tres). Nada moral en contra: simplemente... tampoco me compensaba la idea. Y, encima, me parecía algo demasiado fácil de conseguir (es lo que se tiene al ser mujer entorno a los 30 años: sencillísimo ligar si se va a eso. Yo no iba nunca a eso si decidía salir). Afortunadamente, ó no, en esos años tampoco salía demasiado. Comer con algunas amigas, tomar café, darnos las doce en una terraza en verano. Poco más. El entorno en que vivía, en cierto modo, ayudó a que nada me complicase la vida. Mis relaciones estaban dentro de ese entorno... y si alguien de fuera se acercaba demasiado, tenía ahí la 'defensa'.
Me fue útil, la verdad. Me habría sido un incordio en caso contrario, claro... pero como no buscaba nada, me vino bien.
En todo ese tiempo, sólo la aparición de 'K', por lo que tuvo de presencia contínua en mis días durante meses... pudo haber sido algo más. No lo fue (un dia de estos 'recopilaré' toda aquella historia y explicaré qué falló). Sólo con 'K' me habría decidido. La sorpresa fue descubrir que más allá de la evidente atracción de miradas intercambiadas, de buscar la aproximación... resulta que podía haber también una amistad, por las cosas que de pronto descubrimos tener en común. Y eso me hizo retirarme del todo. Lo que sí habría aceptado como aventura, como algo meramente físico... no lo quise cuando ví que, además, podría existir una amistad. Una amistad que a él sólo le complicaría la vida. No se lo merecía. Y me alejé, sin más.
¿Por qué cuento todo esto? Pues tampoco lo tengo tan claro. Supongo que para explicarme porqué durante todos estos años no ha habido nada de nada con nadie... y me ha parecido la situación más normal del mundo.
Creo que por entonces decidí que la siguiente vez que tuviese 'algo' con un hombre no me iba a conformar con que él fuera lo primero que 'pasase por allí' (ya digo que eso no lo quise nunca), ni tampoco dejarme llevar por el hecho de que a él le apeteciera estar conmigo. Creo que fue al irse 'M' cuando decidí que necesitaría sentirme deseada, sí... pero tener también claro que le gustaba como mujer y como persona. Y sentir lo mismo yo por él. No, no era necesario estar enamorados: es más, el amor podría ser un inconveniente... Simplemente tenía que ser algo tan fácil y tan difícil como saber que de veras le gustaba... y tener claro que él me gustase a mí.
Así me ha ido, claro.
Porque conseguir un rollo de una noche de copas es sencillísimo. Incluso la aventura de un mediodía cualquiera con alguien que apenas se conoce. Eso es muy fácil, mucho. Lo complicado me ha sido dar con un hombre que me guste, al que guste, que me importe como persona... No, no hablo de amor ni de buscar una pareja fiel para toda la vida: aún no he madurado lo suficiente para plantearme eso. Es más, no creo que eso exista para mí.
Alguien que me importe. Y que me atraiga lo suficiente para decidir que vale la pena intentarlo. Incluso si luego se va a la otra punta del mundo y me vuelvo a quedar sola. Intentarlo, saber que es él. Dejar de esperarle...





a dos colores dijo
Bufff.
Yo empezaría por una atracción, por un algo...pero sin pensar mucho más...si tiene que funcionar, funcionará. Pero ponerle fin a algo que puede hacerte sentir bien, mucho antes de intentarlo, como que no..
A veces es bueno sentirse deseada, y si es por una noche...pues ya...no veas como amaneces!!!
besos, a dos colores
24 Noviembre 2010 | 07:50 AM