A quince días vista.
Arrastro ideas, frases, palabras. Post que sólo medio perpetro en mi cabeza, medio imagino pero no tengo tiempo de descargar aquí. Ni tiempo ni apenas ganas.
Post contradictorios entre sí. Porque a ratos mi vida aburrida se sube en un vagón y éste no es de metro, sino de montaña rusa. Y, sin moverme del sitio, viajo, subo, bajo... Tomo firmes decisiones que se diluyen en unos minutos. Instantes en que me siento bien y creo que algunas cosas tienen solución. Momentos en que vuevo a bajar a la Tierra, y vuelvo a ser consciente de cómo están esas mismas cosas. Y que no, no tienen solución alguna y seguirá siendo una pérdida de tiempo intentar arreglarlas. Y que el entusiasmo pasajero de unos instantes antes, de un par de días atrás, sólo es otro de esos castillos de humo que con el fin de año tengo que empezar a desmontar.
Tal vez mi única certeza es lo que nunca he dejado de tener claro: quien soy, qué soy. Porque nunca he dejado de ser consciente de mis limitaciones, aunque en algunos momentos haya querido rebelarme ó haya creido que había alguna posibilidad de huir de mí misma. No, no es posible. Por eso mis huidas seguirán siendo las que siempre fueron: huidas de los demás. Porque de uno mismo no se puede escapar, y lo sé. Siempre lo he sabido. Y nunca he dejado de ser consciente de hasta dónde puedo llegar... y a qué puedo aspirar realmente. Y muchas cosas, por más que las desee, están completamente fuera de mi alcance. Aunque las vea y estén, a veces, tan cerca... Pero es como mirar ese escaparate de tienda de lujo: a escasos centímetros de mis ojos, pero fuera de mi alcance real. Algo que puedo ver pero que sé que nunca tendré.
Nunca he dejado de ser consciente de ello. Nunca.
Arrastro ideas y una imagen, la mía en el espejo. Una imagen mía en el espejo que me hizo volver a la realidad hace unos días. Y es que a veces cosas tan simples, tan mil y una veces vistas, reaparecen en un momento dado... y te devuelven a la realidad.
Y mi realidad es la que es, y no sé en base a qué he podido en algún momento llegar a creerme otra cosa, Qué absurda, qué ilusa puedo llegar a ser...
Dos semanas y un día para que se termine el año. Quince días para empezar a hacer limpieza. Quisiera saber cómo se hace, también, de sentimientos, pero sé que esas limpiezas no son tan sencillas. Que no es posible dejar de sentir, de querer ó de desear a voluntad.
Que, una vez más, tendré que valerme de mi capacidad para que no se me note nada. Es lo bueno de la experiencia. Eso y que las cosas que no se nombran no existen. Y yo sólo he nombrado algunas para mí misma... y sólo a mí me va a importar saber que siguen ahí aun cuando ya no sea posible que puedan estar.






a dos colores dijo
Discrepo....sorry...
Yo creo que podrías llegar mucho más lejos...mucho mucho más...
besos, a dos colores
17 Diciembre 2010 | 07:22 AM