Calma chicha. Y todo lo demás.
Ésa es la sensación que me deja esta semana. Mejor dicho, la que ya a mediados empezó a dejarme.
Esa conocidísima sensación de aire misteriosamente quieto, que se podría cortar. El que antecede al huracán que conlleva la tormenta.
Hubo un instante en que, de pronto, me pareció que todo encajaba. Es como si de pronto la vida se hubiese cansado de jugar conmigo, de hacerme la puñeta, de ponerme zancadillas..., y, repentinamente, todo iba medianamente bien. Todo rodando, sabiendo que al final de la pendiente frenaría sin problemas ni accidentes. Sin grandes aspiraciones, ni proyectos, ni nada... pero parecía que todo empezaba a ir bien.
Que tras mis tormentas familiares de las dos, tres últimas semanas (las Navidades han sido tan desastrosas que ni he escrito sobre el asunto ni lo voy a hacer. Sólo puedo decir que volví a tener perfectamente claro porqué no vivo con ellos, porqué la idea de tener que volver me da auténtico terror. Me volvieron los tremendos dolores de espalda, ésos que no tienen otra base que el lado psicosomático), pues eso, parece que esta semana volvió el tema a sosegarse. Que en mi trabajo, que sigue siendo una porquería integral dentro de la división 'telemárketing' de una multinacional, que estoy en un equipo que podría estar peor gestionado pero ni se me ocurre cómo...., al menos esta semana no he tenido alrededor ese aire de dagas voladoras que hacen agacharse 'por si acaso'. Vamos, que igual es el 'Espíritu Post-Navideño', pero hemos estado bastante agusto. También el habernos pasado media semana dándonos besos de 'Feliz Año' y esas cosas seguro que ha contribuido (los seres humanos deberíamos besarnos más, sin duda). Por mi parte, he hecho fotos, que es mi contribución habitual a las 'causas'. Y, pese a la amenaza permanente de despido, que ha estado ahí toooooda la semana, pese a que no sabía si al día siguiente me iban a mandar a casa..., ya digo: no he estado mal. He mantenido conversaciones hasta interesantes y todo con algunas personas, lo que es entre un avance y una sorpresa.
Repito: la calma que antecede a las tormentas.
Porque, de pronto, una advertencia, un comentario el jueves al llegar... y lo comprendí todo.
Todo está a punto de irse a hacer puñetas. Otra vez.
Porque de repente entendí el aire de 'deja-vù' que a ratos sentía. Y es que, salvando las distancias... volvía a repetirse la historia de finales de febrero, principios de marzo del pasado año. Ese momento en que me dió la misma impresión: todo empieza a calmarse, puedo hacer algún proyecto... siento algo inesperado por alguien y 'podría ser'... Y, de repente, todo saltó por los aires.
Aún no ha saltado. No, esta semana. Pero no creo que tarde.
Para empezar, volvemos a quedarnos sin trabajo 'real' que hacer. Y ya se nos ha avisado: "a casa y a recuperar las horas cuando lo haya".
Pero no: esta vez no voy a aceptar esas condiciones. Y supongo que lo saben, y que por eso me lo van a proponer. Es un modo rápido y limpio de librarse de mí. Y... salvo el miedo de quedarme sin trabajo cuando las listas de desempleados aumentan día a día... no tengo otro temor. Esta vez no. Porque no pierdo más que eso: el trabajo. Y empleos de supervivencia aún hay, y es eso lo que tengo ahora, simplemente.
Sé que cuando hablo de que se aproxima el caos me suelo centrar en el trabajo. Pero es que como ya he repetido, es lo que me ancla al suelo. Porque es lo único que, siempre, he tenido. Que ha estado ahí y que he conseguido por méritos propios...
Semana rara. En muchos sentidos.
En este momento debería estar ordenando y recogiendo la casa (tengo media casa medianamente ordenada... y en la otra media reina el desastre. Casi como una representación estética de mi vida), pero estoy escribiendo. Sabiendo que tampoco mi texto será demasiado coherente.
Tengo un trabajo de mierda que en cualquier momento va a fallarme, pero al que esta semana hasta me he acostumbrado a volver tras la pausa vacacional. Tengo unas compañeras de trabajo que, en fin..., grupo de hienas y arpías, pero con quienes mantengo una cordial relación (además de criticarse entre ellas, también me cuentan que las demás me tienen mucho aprecio..., qué raritas son). Tengo una jefa que evoluciona de 'Hada Mala' a Polilla Siniestra, que ni siquiera me responde al saludo ni se molesta en avisarme de sus intenciones de despido... y me da exactamente igual. Que en un ejemplo de pésima gestión... acaba de montar una convocatoria para cubrir un puesto inmediatamente superior a básico en que trabajo... puesto para el que ya me postulé (yo sola en una empresa donde somos tropecientos), hice las pruebas... y se seleccionó (a dedo, pero de forma justa... suena raro, ya sé) a otra persona. Y ahora resulta que hace falta volver a cubrir el mismo puesto. Y, ya digo, aunque todo el que tiene dos dedos de frente ya ha comentado lo de 'lo normal sería que te preguntase si te sigue interesando'... pues no. Ha organizado una convocatoria (imagino que pensando que se presentarían dos o tres candidatos)... y que ha obtenido una respuesta abrumadora. Casi todo el mundo. Menos yo. Porque ya no me interesa (en realidad, ni la otra vez me interesaba: fue uno de esos juegos que hago conmigo misma).
Tengo una familia complicada, habituada a que yo esté ahí para todo. A que no pueda tener vida propia. Que me ha acostumbrado a no sentirme querida (una vez que una se hace a esa idea..., no sé, supongo que algunas cosas son más fáciles. En general). Pero, eso: que es lo que hay. Que sé que una de las razones de mi actual caos económico es ese año y medio largo en que tuve que 'tirar' de ahorro personal para vivir, al no poder compromenterme a un horario laboral. Y sé que es algo que nunca se me reconcerá. Pero también sé que es lo que hay. Y, como intento ver el lado positivo de las cosas (al menos, de cara a la galeria. Mis sentimientos 'profundos' son tan míos y tan profundos que no hablo ni escribo sobre ellos), haberme criado en un ambiente donde yo era lo último a tener en cuenta, y teniendo la certeza de que sobraba en cuanto no se me podía emplear para algo, y que nunca me quisieron..., pues eso: que me vale cualquier mínima muestra de afecto. Por ínfima que ésta sea.
Y, en lo demás... En ese otro 'lo demás' tengo anotaciones, post a medio redactar. Cosas que seguramente nunca llegaré a publicar, al menos, no aquí. Pero también esta semana ha sido tranquila. Ya digo: la sensación de que todo estaba empezando a encajar.
Quizás en esa historia lo que encajaba era, simplemente, el comienzo con el final de lo que era un círculo.
En cualquier caso, ha sido mucho más de a lo que podría aspirar. Y..., no sé. No sé si escribiré más sobre ello. Pero me ha servido para, al menos durante unos días, pensar también que algunas piezas sueltas habían encontrado su lugar en el puzzle.
Hoy es mediado de mes. Probablemente la próxima semana empiecen los truenos, el tsunami.
Quizá tras estos días de extraña calma debo empezar, de una vez por todas, a buscar el modo de encontrar otro trabajo, otro ambiente. De encauzar, que ya está bien, mi vida.





kilifa dijo
Ay niña. Ni la calma es calma para tí....
quieres dejar de pensar que vendrá un terremoto o algo así???
disfruta el momento.
besos calmados
17 Enero 2011 | 10:38 AM