Veinte de enero.
Veinte de enero.
Todos los años tienen el suyo, claro. Y en mi vida hay varios, ocupando su lugar en los recuerdos, en el pasado.
El de este año ha sido hoy. Y pasó, sin más pena ni gloria. Igual porque cada día siento más y más que pasan así: uno tras otro, sin dejar poso. Sin proporcionarme nada, sin dejarme hacer planes con una mínima esperanza. Matando el tiempo en un trabajo que es rutina, que es hastío, que es una cadena de montaje en cuyo final se desmontan las piezas y se vuelven a colocar para volver a montar al día siguiente: una y otra vez y otra más... sin que salga nada fabricado.
Creo que alguna vez me comparé con los hamsters que dan vueltas en su rueda, sin ir a ningún lado. Eso me pasa: doy vueltas, ocho horas al día, treinta y nueve a la semana..., una barbaridad al mes. Sé que tengo que salir de ahí, como igual lo sabe el hamster que da vueltas en su rueda... pero ambos sabemos que no es posible. La jaula está cerrada.
Tengo que salir de esa dinámica, buscar otro trabajo. Pero..., tal vez el paso de los años ha conseguido que descubra algo que antes no tenía: miedo a dar ese tipo de pasos. Miedo a embarcarme en algo que igual es una patera y se hunde. Mi miedo lo alimentan las noticias de la radio, las páginas color salmón del periódico del domingo. No puedo dejar este trabajo sin tener otro en perspectivas, y ahora no lo tengo. Y, peor... mi miedo es a que incluso encontrándolo, algo falle y lo pierda en pocos días. Y entonces ya ni siquiera pueda regresar a la cadena de montaje que me da una nómina con la que no llego a cubrir gastos... pero que está ahí y que es trabajo.
En fin...
No hago planes de otro tipo, tampoco. Algunas noches sueño, pero luego no recuerdo lo soñado exactamente. Me queda, como tenía esta mañana, esa sensación de que algo pasó en el sueño... El recuerdo de su piel en la mía, de sus labios rozándola, de sus dedos insistiendo en esos puntos que consiguen hacerme temblar... De haberle acariciado durante horas, aprendiéndome cada centímetro de su piel y cada ángulo, curva, hoyuelo ó cicatriz. Algo al despertar me indica que he soñado y que ha sido con él... pero ni siquiera me queda el consuelo de recordar el sueño, para poder refugiarme en eso, revivirlo y que sea la tabla salvavidas que me ayude a cruzar el día. Por eso no quiero pensar en ello. No puedo hacer planes que no son sino fantasías, utopías, castillos de humo de ésos que luego tanto cuesta derribar... porque en algún momento no calculé bien la profundidad de sus cimientos y resulta que los anclé en lo más profundo de mis deseos...
Veinte de enero. Otro año más. Sin dejar más marca que otra hoja pasada en la agenda y que ese recuerdo inconcreto de un sueño que también huyó de mí al despertar.






gritosdesesperados dijo
No recuerdo que hice el 20 de Enero del año pasado...envidiable tu memoria....
Aunque por otra yo si recuerdo mis sueños...y molan!!! (jajaja)
besos
22 Enero 2011 | 10:50 AM