Fantasmas nocturnos.
A veces pienso que procuro que me den las mil despierta, redactando post que igual luego ni publico, leyendo a otros, ordenando fotos virtuales, vagueando frente a programas de televisión que realmente no me interesan en lo más mínimo... para tener la casi certeza de que me quedaré dormida cuando sea muy tarde. Casi de madrugada.
Y así evitaré la posibilidad de despertarme de pronto a medianoche. En ese instante en que ya no hay luz ni de la luna, que en la calle es todo silencio porque ya llegaron los más noctámbulos y aún no iniciaron el día los más madrugadores; ese momento en que aún faltan horas para amanecer. Ese instante en que aparecen los fantasmas que viven conmigo, en mi mente. Esos que tanto miedo me dan, a mí, a la niña que nunca temió a monstruos que se escondieran bajo la cama ni en el armario, que no necesitaba besos de buenas noches (ó que se habituó pronto a no tenerlos, no sé), ni tener la puerta entreabierta para ver la luz del pasillo como un faro que en un momento dado evitase el naufragio de sueños. Mis fantasmas. Los que se presentan cuando me duermo a una hora normal y, allá sobre las cuatro de la madrugada, de pronto despierto. Y ya no me dejan dormir.
Los fantasmas que me recuerdan qué soy, quién soy, a qué puedo aspirar. Porqué nunca he conseguido retener lo que de veras quería. Los que me dicen que mis únicas 'no equivocaciones' fueron, realmente, esas renuncias a lo que otras se hubiesen aferrado. A lo que renuncié ó por lo que no luché porque siempre fuí consciente de qué y quién soy. Mis fantasmas, que no tienen el menor reparo en recordarme las cosas, para burlarse de mí ó para hacerme daño. Ó para seguir probando mi memoria, ese don envenenado. Repetir quien soy y a qué no tengo derecho. Como si creyeran posible que lo hubiese olvidado...
Para que no vengan y me desvelen, duermo tarde. Cada vez más. Me traslado del sofá a la cama casi dormida, ó tras un par de horas de sueño: así no me da tiempo a desvelarme. Sigo el sueño, ése cuyas imágenes no se quedarán conmigo. Duermo cansada. También, así, evito el deseo, los deseos. Los de tener lo que está fuera de mi alcance. A quien está fuera de mi alcance, también físico. Del alcance de mis manos y de mi boca. También.
Duermo sin sueños, ó sin recordarlos. Tal vez también sean mis fantasmas quienes se quedan esos sueños. Quizá también ése sea parte del precio a pagar por haberme atrevido a desear lo que no podía pertenecerme nunca. Lo que no me pertenecerá jamás.
Inventamos...,invento..., métodos para sobrevivir. Dormir cuando ya no aguanto más el sueño es uno de ellos: así los esquivo. Esquivo a esos fantasmas que de otro modo sé que llegarían también esta noche, a recordarme que estoy sola. A burlarse de mí por haber osado creer que por tener un instante algunas cosas podrían ser mías un día. A repetirme, una vez más, que la compensación a otros dones que me regalaron al nacer es, precisamente, no tener nunca para mí a quien de veras quiera. Y, salvo la presencia de esos fantasmas que esquivo, seguir durmiendo sola.





j-o-s-e dijo
soy el fantasma nosturno
uhhuuhhhuuhhh
oye...yo tengo una fantasma,pero shhhh,no se lo digas a nadie
27 Enero 2011 | 01:08 AM