Hay días que están pensados para que las cosas se compliquen...
Y empezó marzo. Y empezó en su línea, al menos en lo que es 'en su línea dentro de mi vida'. Como un ciclón desasosegante, vaya.
Noche de sueños raros. De estar despierta antes de las ocho y, entonces, decirme a mí misma que era demasiado temprano para levantarme... y 'un ratito más'. Ratito hasta las diez, inmersa en un sueño de ésos que parecen tremendamente reales y que son una pesadilla. Algo como el relato del Conejo Blanco de Alicia: llegando tarde. No sabiendo cómo ni cuando comprar el billete, no encontrando un cajero para sacar dinero para ese billete, corriendo arriba y abajo en una estación que realmente era un centro comercial semiabandonado... Ya digo: un sueño tremendo, de ésos que hacen que una se levante ya cansada...
Levantarme a las diez era también 'llegar tarde'. Mi proyecto era salir de casa antes de las once... para llegar antes de las doce y esta tarde-noche salir antes. Porque tenía asuntos que resolver: en concreto, ir a devolver un cartucho de tinta de la impresora que compré el sábado... y que no tiene color amarillo. Dicho así suena raro, ya sé, pero es que el asunto es tal cual. Y con mi don de la oportunidad para según qué cosas... lo compré en el centro comercial que más retirado me pilla. Que el híper en cuestión tiene una sucursal a una estación de metro de donde trabajo, y otra a dos de donde vivo, y... Pues nada: lejos. Así que ya ayer lunes entré media hora antes a trabajar, y hoy quería hacerlo una hora antes, para por la noche salir con tiempo, y...
Y no hay como hacer planes. Los planes y yo: misión imposible.
Me he levantado, como digo, cansada, mareada, sin ganas de ir a trabajar. Pero no me quedaba otra. Corriendo, como siempre. Y es que antes de entrar al trabajo... tenía que comprar una tarjeta de felicitación. Una de mis compañeras-arpías cumplía hoy años. Y..., y otro de esos embolados en los que termino metida. El sábado le compré un regalo... algo de poca importancia. Ayer lo comenté con otra de las chicas... por si quería que se lo regalásemos a medias. Y ya que estábamos... a una tercera (el tema es que la situación ecónomica anda tan mal y en este grupo ya se sabe que a poco unas a otras se sacan los ojos... y juntar ambas cosas se traduce en que no sé qué es peor, si proponer regalos a medias ó no proponerlos ó...). El caso es que el asunto se terminó complicando. Y terminó cuando esta mañana compré la tarjeta y decidí que punto y final: ni más participantes en el regalo-simbólico ni nada. Tarjeta firmada entre las tres, regalo compartido. Me consta que esta historia traerá cola, pero... El caso es que me da exactamente igual, vaya.
Entre unas cosas y otras, lo que iba a ser entrar una hora antes se ha traducido en menos de media. Bueno: con la media del lunes ya era una hora. Saldría a las ocho... 'salvo error u omisión', que solía decir uno que conocí...
Pero cuando las cosas fallan, pues fallan. A esas alturas ya me había fallado el cajero automático de la puerta del Metro, pero, en fin, tampoco tenía gastos que hacer...
Lo siguiente ha sido que el teléfono de mi puesto de trabajo se ha 'muerto'. De pronto, ha dejado de llamar. De pronto, me he encontrado con que se me ha bloqueado el ordenador. Y lo siguiente ha sido quedarse en blanco la pantalla del teléfono. Pues eso: muerto del todo. Hale, a esperar que alguien resolviera el problema y arreglara el teléfono... Que no lo ha resuelto: todo el día ha estado ahí, 'en blanco'. Y a la media hora de la avería he tenido que trasladarme a otro teléfono, lo que se traduce en haber estado con la sensación de 'ir de prestado' todo el día. Lo que me descolocan los cambios no buscados, mon dieu...
Ha sido el primer 'problema' del día. Los siguientes se han ido enlazando: clientes arrepentidos de la contratación que acaban de hacer unos segundos antes (diciéndome 'señorita, mire, me lo he pensado mejor: no me mande el seguro éste que acabamos de contratar', justo en el momento de la despedida-formula de cortesía 'gracias por confiar en... y buenos días'), ventas de días anteriores desaparecidas, cosas raras, clientes que se dirían escapados de un frenopático... Un día raro lleno de detalles raros. Al ir a comprar el periódico a mediodía: agotado. Sin razones que lo justifiquen, claro; pero a mí a esas alturas ya me parece casi normal... Más detalles raros, todo el día. Cruce de daguitas voladoras. A media tarde se me rompe inexplicablemente el colgante/espiral de nácar y plata que fue mi auto-regalo de cumpleaños: mala señal y peor arreglo... Dolor de cabeza casi permanente, demasiada luz artificial, sensación de estar 'descentrada' (si: lo de estar en un sitio que no es mi sitio habitual, con mis fotos, mis papeles, mi ratón, mi taza, mi...). Deseando que den las ocho... para salir corriendo.
Al final, ocho y cinco. Me voy y punto. No perder el bus en la parada me parece, por fin, una buena señal...
En Atocha aún quedan periódicos en la tienda a punto de cerrar. Parece que al final las piezas van a encajar.
Pues no. Media hora esperando el tren, en un andén abarrotado y tras bajar una escalera mecánica que, por primera vez en años, no funciona. Y un problema en las vías que no terminan de explicar del todo... pero que impide que pasen trenes.
Casi son las nueve. Y tomo la decisión: me vuelvo a casa. Punto. Ya iré a cambiar el cartucho: total, me van a poner pegas igual. Y, visto lo visto hoy... tengo claro que de alguna manera no llegaré a tiempo. Y estoy muy cansada...
Cambio de andén. Trayecto sin problemas, aunque cada día se me hace más tedioso.
Al final, he llegado casi una hora antes que otros días. Bien. No me apetece cocinar, aunque hoy tenga tiempo. Caliento caldo de brick, le echo un puñado de arroz. Lo dejo reposar.
Abro el grifo de agua caliente de la bañera, pongo el tapón, le echo un puñado de sales de vainilla. Me meto a descansar en el agua.
Veinte minutos de reposo, el arroz y yo. Hasta encontrarnos: él en el plato de sopa, yo envuelta en el albornoz rosa.
Y..., y ya es día dos. Qué día uno más largo. Y eso que realmente no empezó mal; que empezó con una larga conversación telefónica, justo a las doce de la noche, cuando febrero dejó de ser... Pero se vé que hay días que están pensados para que las cosas se compliquen.
Y es que ahora que caigo, debe ser complicado ser uno de marzo. Que no siempre se va justo tras el veintiocho de febrero. Que es el único día del año con esa peculiaridad: a veces, le sale una sorpresa y hay que retrasar la aparición en el calendiario. Y eso, esa incertidumbre y esa falta de estabilidad, debe marcar el carácter, digo yo...







kilifa dijo
jajajajaja
todo eso sacas tú del 1 de Marzo? jajaja
niña, que cabecita tienes, joe.
Por lo menos has acabado el día de la mejor forma posible, regalandote un rato para tí. Y lo demás, ya se hará.
besitos linda
2 Marzo 2011 | 07:42 AM