Mediados de marzo de nuevo. Y sin noticias de la tal Inés...
Y pasó un año.
Un año justo desde lo que yo llamó 'El abandono de Inés'. Esto es: un año desde que la campaña en que trabajaba y trabajo se fue a hacer puñetas, nos mandaron a casa a 'hacer tiempo' hasta que reorganizasen el trabajo, con la 'promesa' por nuestra parte de recuperar las horas que nos estábamos que teniendo que quedar en casa porque no había nada que hacer, que luego se encadenó con vacaciones anticipadas porque seguía sin venir 'la carga' de datos de clientes a quien llamar, que concluyó en firmar la carta de despido el 30 de marzo con efectos 14 de abril. En fin, todo eso. Lo de definirlo como 'El día en que Inés se fue' es porque decidí que a quien mandaban a casa era a mí: la tal 'Inés', que es mi nombre de guerra obligatorio allí, ese 16 de marzo igual se quedó en la empresa esperando... pero, en fin, que creo que yo no volví. Ó si volví, ella ya no estaba...
Pues eso. Ha pasado un año justo. Y muchas cosas. Las suficientes y necesarias para que todo siga igual. Igual de mal, al menos, porque algunas cosas se rompieron entonces, otras no están ya... y hasta nos han cambiado en los últimos días el aspecto físico del lugar de trabajo. Pero en la esencia, todo sigue igual de mal. La Empresita Naranja, ó, mejor dicho, el grupo en que trabajo, con sus jefas y demás, está alcanzando cotas de absurdo y de surrealismo difícilmente superable. Aunque para un relato pormenorizado de todo esto debería tener más tiempo y más ganas. Eso sin contar que también abrí un blog específico para ese fin... y que tengo abandonado desde hace meses. No por falta de cosas que contar, que esta empresa es una fábrica contínua de historias e historietas, sino por la puñetera y habitual falta de tiempo.
No sé lo que va a durar, aún, mi aventura en la empresa. Tengo la idea de no llegar a finales de mes, así que...
Supongo que ése será el cambio anual, de 2011, que cada año me trae marzo. Esos acontecimientos que aparentemente no tienen la menor relevancia... pero que me trastocan la vida a medio plazo. Como si de pronto un semáforo de la ruta habitual se averiase unos segundos y cambiase tarde, ó antes de tiempo. Y esa mínima variación me hiciese llegar tarde, ó antes... ó no llegar.
También me da miedo que los cambios vengan por otro lado. Vengan por mera ausencia, por consiguientes aplazamientos. De ésos que se van encadenando, prorrogando en el tiempo, y que, al final, terminan por ser eternos de puro indefinidos... También a eso me estoy haciendo a la idea. Qué remedio. Como he dicho/escrito muchas veces, una de las frases de mi vida es lo de 'nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio'. Y lo que está escrito en el Destino está escrito, y sé que por mucho que me esfuerce no podría cambiarlo. Que yo desee mucho algo no es razón ni para que me sea concedido, ni para que ese deseo coincida con los deseos de quienes, igual, serían participantes en la obtención del mismo por mi parte.
E igual esto de ir cumpliendo años también tiene como consecuencia que se van agotando las fuerzas. Las necesarias para seguir intentando... negándose a creer que la realidad es que no podrá ser lo que deseamos.
Espero que, al menos, no vuelva la tal Inés. Que no me hace ninguna falta... ni nadie, parece, ha notado su ausencia este último año...






elpatiodemicasa dijo
Hmmmmmm..... no, no, el destino no está escrito. Y en la vida todo tiene remedio, menos la muerte (frase escuchada a mis mayores cientos de veces, no sé por qué entre los jovenes no la oigo, ahora que lo pienso).
Animo, y mucha fuerza, no puedo decirte mucho más. Hoy llueve...
Besos.
17 Marzo 2011 | 02:26 PM