Última semana.
Cuatro días y se terminará marzo. Sin más.
Ó quizá 'con más': sé por experiencia que las cosas que pasan realmente en marzo y en mi vida se dan a conocer con el paso del tiempo. De repente, un detalle suelto... y todo salta en pedazos, porque no era sino una mina escondida en la arena. Marzo es un campo de minas y no siempre sé esquivarlas, y debe ser que sin darme cuenta me llevo alguna enganchada en las botas ó en los sueños, y las dejo olvidadas en cualquier descanso... y de repente las reactivo en el momento en que decido ilusionarme con algo. Ó con alguien: marzo siempre tuvo la curiosa facultad de quitarme lo que el final del verano ó el comienzo del otoño me dieron.
Sólo quedan cuatro días. Pero, como digo, igual el germen, la semilla, ya lleva días enraizada. Ó..., ó no, pero a marzo con estos cuatro días aún pendientes le sobrará, si quiere de nuevo devolverme al desierto. No, al infierno ya no: creo que también sabe que en el infierno más ó menos me bandeo bien. Fueron demasiados meses... demasiados años allí como para no conocer dónde quema menos el fuego.
En otro orden de cosas, mañana vuelvo a trabajar. Se me terminaron estas 'vacaciones forzosas', que al final han sido cuatro días (más ó menos, lo esperado y esperable). Me da muchísima rabia haber tenido que 'perder' esos días, porque no los he aprovechado para nada. Ni para descansar, siquiera. Esta pasada semana volvió el tiempo desapacible a Madrid... y eso me impidió poder aprovechar mejor ese inesperado tiempo libre. Y añadir ese 'mal tiempo' a mi ya proverbial incapacidad para conseguir que los planes se cumplan..., pues ya digo: que forma de perder el tiempo. Qué forma, la de mi Empresa, de ahorrarse pagarme los días de 'vacaciones devengadas y no disfrutadas', cuando me despidan. Que igual también es cuestión de días.
Qué más da.
Esta noche yo no debería estar redactando este post, puesto que en principio iba a dormir en casa materna: cosas de acompañar a análisis y esas rutinas. Finalmente, un malentendido... y un nuevo aplazamiento. A sumar a los ya habituales. Pero, bueno... así duermo mejor (hoy, me refiero): ando con el peculiar jet-lang que me suele producir el cambio horario. Por mucho que el reloj me esté indicando que son casi la una de la madrugada... mi reloj interno replica que ni hablar: que las doce. Y así estaré unos días: intentando que se pongan de acuerdo. En este caso, y como siempre, ganará el reloj oficial.
Menos mal que este cambio de horario me trae una hora más de luz por las tardes. Es lo único que me gusta de ir, de nuevo, hacia el verano: las horas de luz natural.
Este invierno lleno de proyectos, de citas planificadas con días de antelación... y canceladas en el último momento, para convertir luego la cancelación en aplazamiento, y volver a esperar, y volver a cancelar ó a aplazar..., este invierno de rutinas, monotonías, teléfono, invierno sin nieve... ahora me estoy dando cuenta de que se me está haciendo muy largo.
Cuatro días para que termine marzo. Algún proyecto, algún plan, para antes de ese final. Y..., no sé. Cada vez quizá menos confianza ó más desconfianza en lo que marzo me tenga guardado. Ó más seguridad en que da igual lo que quiera ó lo que proyecte ó lo que me ilusione: al final, mi realidad es que mañana vuelvo a un trabajo que cada vez aborrezco más. Esa es la realidad y es lo inmediato. Como es real el cambio de hora, por mucho que mi cabeza siga viviendo en la hora de invierno. Lo real es lo que pasa y ya está, y da lo mismo porqué pasa, ó quien impone las reglas: eso es lo real. Lo demás..., qué más da ya.
Debería irme acostumbrando a que los proyectos se trunquen, los sueños no pasen de serlo y a que desear mucho algo sólo sirva para decepcionarse cuando se vé claramente que no es posible conseguirlo. Debería, sí, volver a acostumbrarme. También a que a mediados de abril se rompan mis espejos, ésos que descubrí en marzo que tenían una pequeña fisura... aunque quise fingir que no, que no me había dado cuenta.
Y es que fingir que no se ven las cosas no las hace desaparecer. Y, aunque intento decirme que también eso tiene arreglo ó que no tiene porqué ser una verdad absoluta... el tiempo termina, siempre, por recordarme qué ó quien tiene razón. Y siempre gana. Y siempre pierdo.






caracolesdecanela dijo
Buenos días Bruxana! Espero que tengas un buen lunes, un buen regreso de tus vacaciones forzadas...y buen todo! vamos a pedir lo mejor, a tope, y a ver que nos traen los días.
A mí me pasa lomismo, tengo un sueñazoooo! pero una tarde con más luz, me alegra, así podré pasear más a gusto por las tardes.
Se acaba marzo, pero Abril siempre tiene nombre de esperanza... ;) besos guapa!
28 Marzo 2011 | 07:43 AM