Veintiseis de abril.
Veintiseis de abril.
Acabo de enviar al limbo del 'borrador' un post a medio terminar. No sé. Supongo que hay días/noches en que necesito escribir, escribir palabras, frases, pensamientos... como un modo de 'vaciarme'. De soltar lo que en ese momento llevo dentro y empieza a quemarme. De soltar y liberarme. Pero... una vez hecho, no me atrevo a publicarlo. Por eso en el 'borrador coctelero' reposan algunas de esos textos. Como el redactado hace un rato. Ya veré si lo publico, cuando y dejando ó añadiendo qué cosas...
Ventiseis de abril. Hace justo un año fue la primera vez que quedé con él fuera de lo que hasta esas fechas había sido nuestro 'entorno habitual'. Como hoy, hacía un calor más que primaveral. Y, como hoy, aún a las nueve de la noche era casi completamente de día.
Hace un año justo. Quién me iba a decir hace un año algunas cosas. Quién iba a decirme y a quién iba a creer yo si me lo hubiera dicho, que justo un año más tarde..., anoche, nos dieron más de las dos y media de la madrugada hablando por teléfono... Una conversación de tres horas largas que, en algunos momentos, sonaba a ruptura. Con la salvedad de que no se puede 'romper' algo que, en realidad, tampoco existe. Ó..., bueno, claro que existe, aunque no en los términos que.... Ó...,qué más da.
Acabo de mandar al 'borrador' un post que no me apetecía ver publicado. No voy a convertir éste, a base de neurosis personales y sin sentido, en otro 'envío al borrador'. No, de ninguna manera. Los puñeteros estrógenos me tienen al borde del escalofrío, del llanto sin sentido, de la jaqueca. Me hacen retener líquidos, me producen sueño y me tienen despierta a las siete de la mañana. Y, encima, me hacen escribir sandeces. Lo que me faltaba.
Certezas. Centrémonos. Que hace un año, justo, quedé para tomar café con alguien que ya entonces me importaba y a quien no me daba reparo alguno reconocer que sí, que le quería. Sin ningún tipo de pretensión ni aspiración personal, dicho sea de paso. Sin planes de futuro de ningún tipo: ni propios ni, menos, comunes. Un encuentro que bien podía haberse resuelto en media hora... y que se prorrogó como cinco. Y que, digamos, dió comienzo a una nueva fase de mi relación con él. De eso que no me atrevo a definir como 'nuestra relación', que hay palabras que las carga el diablo. Y que claro que las relaciones humanas son eso, relaciones comunes, pero... Yo me entiendo. Mis neuras y yo nos entendemos.
Con esos antecedentes: quedar para tomar café y estar cinco horas juntos....,obviamente no me puede extrañar que conversaciones que bien podían resolverse con diez minutos de teléfono, se demoren y alarguen horas. Ya digo: hasta más de tres, como anoche...
En fin. Un año justo, trescientos sesenta y cinco días. Quién me iba a decir a mí hace un año, que, de pronto y a partir de ese momento, sería una presencia constante en mi vida. Ó lo que llegaría a gustarme, él y algunas cosas relacionadas con él, muy relacionadas. Quien me lo iba a decir... Ó, quizá....qué más da...






caracolesdecanela dijo
..l un café de cinco horas...de 365 días...
me gusta lo que dices...no a los borradores...no no no.
Besos para tí bruxana.
28 Abril 2011 | 12:36 AM