Veinte años.
Veinticuatro de junio. Verano. Mucho calor.
Sólo recuerdo dos 'sanjuan' tan calurosos como el día de hoy: el del año 2003 (aquel año en que empezamos a pasar calor a mediados de abril... y los responsables de Sanidad nunca reconocieron el número de fallecidos por 'ola de calor'. El año sigue quedando, para la Historia, como el verano más caluroso, en duración de días, desde que se empezó a medir este asunto) y el del año 1991.
Mil novecientos noventa y uno. Veinte años.
Dice un tango que 'veinte años no es nada'. Es más, que 'febril la mirada y errante en la sombra te busca y te nombra'.
Yo ya no busco ni nombro. Hace tiempo que dejé de esperarle (aunque sé que, en el fondo, nunca dejaré de temerme que aparezca. Que reaparezca). Nombrarle..., la verdad es que tampoco lo hice durante años. Durante gran parte de los años en que era parte de mi vida, de mi realidad. En que le era fiel, en que pasé de creerle a fingir que le creía, en que era consciente de que no me aportaba nada... pero no podía evitarlo. No podía evitar correr a su lado cuando me llamaba, seguir dándole oportunidades, no podía evitar lo que sentía por él... a pesar de tener tan claro qué era, quién era y ser consciente del daño que me hacía. Pero apenas le nombraba. Supongo que eso es lo malo, ó lo bueno, ó... lo inevitable sin más, de las relaciones casi clandestinas: no hay nombre. No se le nombra ante los demás. Lo que no tiene nombre no existe.
Él ya no existe en mi presente. Sí en mi vida, y existirá siempre. Pero en ese sitio que se llama 'pasado'. Ahora ya tiene nombre. Pero ahora eso ya no importa. Veinte años. Ocho años, casi, sin él. Sin "M". Ya da igual.
En mi presente estoy yo. Quizá fue lo único real y lo único que fue verdad entre nosotros: que yo estuve siempre. Aunque en la sombra. Incluso oculta de mi misma, tanto tiempo, tantos años...
Estoy yo. Y esta noche, la verdad, el proyecto era pasarla con otra persona. Alguien que no me recuerda a "M" en lo más mínimo. Que lo único, si acaso, que tienen en común es la edad: la edad con esos veinte años de diferencia. La edad que él tenía en aquel 1991. Se llevan eso, veinte años.
El proyecto esta noche, sí, era estar con alguien que me importa, que me gusta mucho, a quien quiero... Sin planes. Y sin que nada de eso me duela. Que no tiene nada que me lo recuerde; ni en lo más mínimo, insisto... aunque haya algunas cosas de todo lo que pasó en esos doce años largos y raros que, hoy en día, me siga influyendo y afectando. Y que también pueda afectar en esta relación presente. Aunque..., a decir verdad, también por todo aquello acepto los aplazamientos sucesivos actuales... Me acostumbré a esperar. Penélope tejiendo y destejiendo, sin poder explicar porqué lo hacía.
Han pasado veinte años. Y sólo queda ahí como eso: una fecha, un número redondo. Algo ajeno a mi presente. A este presente en que las relaciones ni tienen futuro, ni me importa que pueda ser así. Igual por eso es más fácil aplazar, cancelar. Igual por eso "M" está cada vez más lejos en mis recuerdos. Ya no está, y punto.
E, igual también por eso, soy capaz de disfrutar de cada segundo de presente cuando hablo con él, cuando le veo. A quien, aunque no esté en este momento a mi lado, como estaba previsto, está en mi realidad porque no es una obligación. Y porque me importa de verdad: me importa él, al margen de pasados, proyectos, futuros y de mí misma.
Aquellos otros dos 'sanjuan' calurosos, años 91 y 03, se corresponden respectivamente a los años en que conocí a "M" y le ví por última vez. Aquellos dos veranos, en mi recuerdo, le pertenecen. Está aquel primer encuentro, que varias veces hubo que aplazar. Está aquel último, que sólo yo tuve la certeza que sería eso, el último, y que forcé y provoqué, porque necesitaba verle. Por última vez. Conservar ese recuerdo, conscientemente.
Aquellos dos veranos están ligados a "M". A su recuerdo.
Este dos mil once, no.
Y, por eso, igual dentro de veinte años no pensaré que 'han pasado cuarenta desde aquella tardenoche del último año capicúa del siglo pasado'. Quizá en ese lejano dos mil treinta y uno recuerde alguna cosa del día de hoy, veinticuatro de junio de dos mil once. Otra voz, otra mirada. Quizá pase de pronto un tren. Y, al oirlo, vuelva a esta mañana. Y recuerde este calor, esa voz, esa mirada... y sonría.






americahb dijo
Los recuerdos y la comparacion con el ahora hace que se extrañe y añore tiempos mas alla que ni vuelven ni quedan con nosotros ni los proyectos del hoy son mas seguros que otros de un mapñana solo es respirar profundo el ahora como nos venga o con quien se comparta
Buenas palabras que remontan a la experiencia
Besos
Gia
25 Junio 2011 | 12:37 AM