Semana horribilis.
Y aún queda un día. El domingo. Ese día que no queda del todo claro si es el último ó el primero de la semana siguiente..., pero, como en los calendarios viene 'al final', me lo tomo como último. Último día de, eso, esta semana horrible.
Anteayer más ó menos supe que gran parte de mi decaimiento mezclado con mosqueo con el mundo general, con sus dosis de cansancio, de hiperactividad que me producía aburrimiento en todo lo que hacía..., y que trajo como consecuencia los dos últimos post..., pues eso, supe que gran parte de culpa la tenían los estrógenos. Que debe ser que combinados con el calor (qué veranito más largo que llevamos) y con otras cosas, han hecho de las suyas. Y lo que por mis cuentas 'no tocaba' hasta el martes, decidió adelantarse al jueves por la noche. Casi mejor así. Paso el fin de semana y 'lo paso' cuanto antes. Total, sin planes para salir ni ganas de nada...
La semana, en cualquier caso, ha sido tremenda. De las de no olvidar.
Empecé a trabajar el lunes, en un estado de semi-esclavitud que confirmó la firma del contrato el miércoles. Probablemente, de no haber estado influida e influenciada por otros factores (el miedo que trae constatar la realidad de la crisis, algunas cosas que no salían como me hubiese gustado..., qué sé yo), ni habría ido a empezar ese trabajo el lunes ni, por descontado, habría aceptado firmar lo que firmé el miércoles. Porque estaba a tiempo. Incluso tras trabajar los dos primeros días: al no estar dada de alta oficialmente en la empresa, seguía 'pagándome' el INEM. Le habría regalado, eso sí, esos dos días a la infumable Empresa, pero casi habría sido un mal menor. Pero... ya no tiene arreglo ni hay marcha atrás: firmé. Ahora mi proyecto pasa por encontrar otra cosa mejor (no habría que exigir mucho para que sea mejor) y conseguir que me despidan aquí. Porque eso es otra: resulta que ni en periodo de prueba puedo renunciar voluntariamente... sin que eso suponga un descalabro económico. Si me voy, tengo que preavisar con ocho días de antelación, para que no me lo descuenten del sueldo. ¿Que es ilegal? Lo supongo. Pero también lo es que si trabajo un domingo ó un festivo no me lo paguen como tal... y más ó menos me han dicho que será así.
De todos modos, ya hablaré de esta gente y de esa historia.
Esta mañana me desperté a las siete y algo, como casi todos los días de esta semana. A las ocho me he levantado al baño, más que nada a ver si dándome un poco el aire me despejaba... y volvía a dormirme un poco (suena contradictorio... pero yo me entiendo). Por culpa de mis estrógenos, me dolía todo el cuerpo... centrándose en el estómago. He vuelto a la cama. No sé si he empezado a contar imaginarias ovejitas ó a centrarme en el tic-tac del reloj... pero he conseguido dormirme otra vez. Hasta más de las once de la mañana: increible. Y es que llevaba horas de cansancio acumuladas, y de tensión, y de... Así que he desayunado como a las doce (dos horas después de lo que suele ser habitual los sábados). Y he cambiado un poco mi rutina.
Probablemente una conversación nocturna, de ésas de un par de horas, que mantuve anoche también haya contribuido a aportarme algo de sosiego. No sé. Llevaba sin hablar con él una semana (justa), y sus últimas comunicaciones fueron mediante sms, y lo que me decía indicaba problemas. Suyos en su familia, me refiero. Decidí no llamarle porque también deduje que podía no estar en casa... ó, simplemente, estar, pero para nadie que le llamase si no era urgente. Y mi posible necesidad de saber cómo estaba no se puede catalogar como 'urgencia' cuando hay otras cosas que son más serias. La verdad es que no puedo evitar eso de preocuparme por él. No sé. A veces digo que sería más fácil si no le quisiera. Otras, que sería más difícil. Redacté un post con esas reflexiones y se lo tragó Lacocte hace días, por cierto... Como digo, hablé con él anoche. Y constatar que su semana también ha sido 'horribilis' no es que me consuele, precisamente..., ni que me haga pensar eso de que 'mal de muchos... epidemia'. Para nada: habría preferido saber que se lo había pasado muy bien, que estaba tranquilo y feliz. Pero... Igual es sólo que hablar con él me hace bien. Necesita descansar. Curiosamente, aunque me apetezca tanto, tanto verle..., anoche lo que de veras prevalecía como deseo es que él estuviese bien y que descansase. En lo que respecta a mis sentimientos hacia él, no sé ser egoista. Lo que, igual, es un problema... pero la verdad es que me da exactamente igual si es así.
Hasta hoy no me he dado cuenta de un detalle: hacía semanas... que no pasaba tantos días sin hablar con él. Una semana completa sin escucharle. Igual es algún tipo de justicia divina, ó poética, ó qué sé yo. Una ley de compensación. Compensar la semana anterior y la otra y la otra..., sobre todo la pasada, en que hablamos casi a diario. Lo de los aplazamientos sucesivos. Esta vez no hay aplazamiento, porque no hay cita. Hay la posibilidad de, esta semana... pero no hay cita fijada. Ya no me hago ilusiones de ningún tipo, al respecto. Pero sigo teniendo claro que, aunque no volviera a verle... en mucho tiempo..., le voy a querer igual. Aunque también tenga claro que no necesita para nada que yo le quiera. Igual sí soy egoista, ahora que caigo. Al menos en eso.
Postpongo las limpiezas varias, por falta de ganas y exceso de cansancio y falta de tiempo y exceso de cosas que limpiar. Y tengo que ir buscando un emplazamiento alternativo para el blog, casi sin falta.
Buscar. Buscar trabajo, aunque ahora mismo lo tengo; buscar otro sitio donde instarlar mi diario personal cibernético, aunque hasta el momento este emplazamiento no ha desaparecido del todo. Buscar el modo de no necesitar algunas cosas, de no desear inevitablemente lo que no puedo tener. Buscar. Igual, empezar a buscarme a mí misma, otra vez. Porque en algún sitio debo andar, digo yo.
Esta noche volveré a intentar dormir hasta bien entrada la mañana. Ya que no puedo hacer otra cosa en la cama, al menos dormiré. E igual los dioses se compadecen de mí, y, en compensación a la semanita horribilis, me permiten soñar... con esas cosas que sólo tengo en sueños y en el recuerdo de las yemas de los dedos y la piel de los labios.



