Inútiles cicatrices.
Qué ganas de que termine de una vez este mes de julio. Qué ganas. Aunque sólo se a para cambiar de página en el calendario: ya sé que cambiar de mes no va a servir de gran cosa. Que los daños producidos por este aciago mesecito van a quedarse ahí, que estarán en agosto. Que, posiblemente, permanezcan para siempre. Cicatrices. Más cicatrices de las que el sol hace picar.
Hace dos semanas planifiqué hacer limpieza. En mi vida. Luego, por circunstancias y falta de tiempo y alguna de esas llamadas que me hacen abrir la puerta de los espejismos... lo dejé estar. Supongo que también me faltó valor. Pero ya eso da igual: hasta la falta de valor ya me da igual. He empezado a hacer limpieza. Hay cosas irrecuperables... y yo he decidido que alguna más lo sea. Borrar. Y que no quede constancia alguna.
No voy a escribir lo que de veras me apetecería esta noche. Estoy cansada. Y no es, sólo, por el haberme levantado antes, por haber tenido una ridícula y absurda entrevista de trabajo en una punta de Madrid, para luego hacer tiempo hasta tener que ir a la otra punta a encerrarme siete horas a fingir que trabajo. Es por todo eso y es por el calor, y... Y qué más da. Estoy cansada. Y no sólo es cansancio físico: ése termina curándose. Mi cansancio necesitaría de muchas cosas para desaparecer. Y sé que no será así, porque algunas cosas tendrían que haber pasado hace semanas... y lo que no pasa en su momento ya no tiene modo de recuperarse.
Hace... más ó menos un año, escribí esto:
21 Julio 2010
Inútiles planes para olvidar.
Y, al final, es absurdo intentar resistir. Resistirse. Y lo sabemos.
Pensar cambiar de barrio, de ciudad, de país. Cambiar la ruta diaria a recorrer para no encontrarse con él, sabiendo que en el fondo buscaremos excusas para equivocarnos y regresar al camino donde igual lo veamos. Cambiar de aspecto para no ser reconocidos, ó para sorprender y gustar... aunque esto no vayamos a admitirlo jamás. Decidir no coger el teléfono. No llamar. No enviarle mensajes, tampoco en fechas señaladas. Cambiar de amigos, si estos son comunes, ó si estos van a insistir cada día en querer saber qué pasó. Cambiar de rutinas, inventarse otras.
Huir. Huir de una misma.
Decidir no volver a nombrarle. Intentar no pensar en él. Olvidar dónde están sus fotos, jurar que en breve las destruiremos, borraremos los archivos digitales. No dejar un sólo rastro al que poder volver para intentar consolarse de su ausencia. Decidir que si alguien nos pregunta por él fingiremos unos segundos no saber bien por quién nos están preguntando. Devolver las miradas a otros que nos miren, buscando quizá olvidar sus ojos. Proponerse nuevos proyectos. Proponerse no intentar averiguar cuales son los suyos.
Fabricarse una vida lejos de él. Ajena a él. Fabricarse la vida que nunca tendremos a su lado, la que no va a querer nunca tener con una.
Borrarle de las cuentas de correo, de los lugares comunes. Querer también olvidar su teléfono, su dirección de email. Su fecha de nacimiento. El recuerdo de su voz. Borrarle, porque no podremos tenerle.
Es absurdo. Es un esfuerzo absurdo, y lo sabemos. Pero seguimos intentándolo.
Admitir que hemos perdido la partida, porque la jugábamos solas. Cerrar comentarios. Admitir el fracaso, el nuevo y en el fondo esperable fracaso. Querer, sin embargo, imaginar que igual..., pero no: no podrá ser. Admitir que nunca fue un sentimiento mutuo, recíproco. Que, igual, no ha pasado de ser un espejismo.Que llegamos a creer que sí... pero en el fondo sabíamos que no. Y que por eso, se nos pasará. Se nos pasará en su ausencia. Se nos pasará, porque hemos podido vivir una vida sin conocerlo, y no pasó nada.
Y no pasó nada. Y ya no pasará nada.
Pero es absurdo querer resistirse. Hacerse la dura. Hacer planes para olvidar.
Es absurdo y es inútil. Porque sabemos que, en realidad, lo único que deseamos, lo único... no es olvidar, como repetimos y nos repetimos. No es no volver a verle. No es que nos olvide. Lo único que queremos, por lo que seríamos capaces de cualquier cosa, es que nos abrace.
Que simplemente con eso, con algo tan simple, ya no quedaría resistencia alguna para derribar.
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A decir verdad, no sé bien en qué ó quién estaría pensando (bueno, lo intuyo... fechas y momentos y lugares..., lo puedo intuir), pero leído hoy me suena tan a premonitorio...! Es como si me hubiese adelantado un año. Un año a este mes absurdo que está a punto de terminarse, pero que sé que no podré eliminar de mi personal calendario vital.
Más cicatrices. Ya ni siquiera son heridas, de ésas que dan lástima, de ésas de las que puede quedar la satisfacción de ver cómo, con cuidados, van curando. No. Ya son, directamente, cicatrices.
Y ya, sinceramente, es que me da exactamente igual.
Tengo que hacer limpieza. Aunque sepa que en el fondo no hay modo de limpiarlo todo. Pero también sé que el arrancar la página 'JULIO 2011' del calendario no va a borrar los estragos de este mes, y, no por eso, dejo de desear que llegue la noche del domingo para poder hacerlo.





bird dijo
Pues mira, hoy es uno de esos días en los que maldigo leerme en tus palabras. Y como puedes suponer no es culpa tuya ;) Seremos tan imbéciles? Serán ellos igual de imbéciles? Pero me temo que la solución está en el día, no en la noche. Si lográramos vivir el día y no sólo sobrevivirlo, no le harían falta a esta mesa libros de segunda mano para asentarla. Digo.
29 Julio 2011 | 10:37 PM